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Emilio Campmany

La alternativa casi imposible

No tendría nada de escandaloso que antes de septiembre fuera investido otro socialista capaz de cerrar los pactos que Sánchez no sabe o no puede alcanzar.

Emilio Campmany
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Emilio Campmany - La alternativa casi imposible
EFE

El fracaso de la investidura de Sánchez no cierra ningún escenario. Todo sigue siendo posible. Hay dos meses para hacer lo que no se ha querido hacer en tres. Puede haber Gobierno de coalición o de cooperación del PSOE con Podemos si uno de los dos cede al chantaje del otro. Puede también haber Gobierno monocolor con la colaboración de Ciudadanos, del PP o de los dos. Son resultados que, de producirse, se darán cuando Iglesias y Rivera estén al borde del abismo de unas nuevas elecciones que podrían perder, no antes.

De modo que, efectivamente, la votación de este jueves no cierra ningún escenario, pero abre otro. Que haya caducado la propuesta de candidato que el rey hizo al Congreso obliga al monarca a iniciar una nueva ronda de consultas y decidir si hace un segundo intento. Se da por hecho que una nueva propuesta no puede consistir más que en darle otra oportunidad al fracasado Sánchez. Y no es así. El rey puede proponer a cualquier español mayor de edad que crea que tiene respaldos suficientes para ser investido. No hay exigencia legal de que haya sido candidato en las elecciones del 28 de abril, mucho menos que haya sido cabeza de lista de ningún partido. La única condición, que por otra parte Sánchez ha demostrado no cumplir, es la de tener más o menos apalabrados los votos necesarios para ser elegido.

Dada la fuerza del Grupo Socialista, es impensable que un candidato que no sea del PSOE pueda ser investido. Pero eso no significa que tenga que ser Sánchez. Es más, tiene cierta lógica que, tras su fracaso, quien lo intente sea otro. Cuando en 1996 pareció que Aznar no sería capaz de reunir los votos suficientes para ser investido, un editorial de El País, sin esperar a que Aznar fracasara, adelantó el nombre de Alberto Ruiz Gallardón como el de un candidato que sí concitaba los respaldos necesarios. Y nadie consideró que fuera inmoral. Es cierto que nuestro sistema ha adquirido una pátina presidencialista que hace que los electores creamos que elegimos al presidente del Gobierno. Pero no es así. Precisamente porque no es así pudo Pedro Sánchez ser presidente del Gobierno por medio de una moción de censura sin tener que ganar unas elecciones. Así que no tendría nada de escandaloso que antes de septiembre fuera investido otro socialista capaz de cerrar los pactos que Sánchez no sabe o no puede alcanzar.

Es evidente que esta solución es muy improbable. Pero no es imposible, y tiene la ventaja de que liberaría al PSOE de la tutela del PSC y ayudaría a poner el cordón sanitario a quienes de verdad lo merecen, los independentistas vascos y catalanes. No es casualidad que quienes se llevaron el disgusto más gordo por no salir, por ahora, el Gobierno de coalición de comunistas y socialistas fueran Rufián y Aitor Esteban. Esta solución alternativa a Sánchez quizá no llegue ni a estar sobre la mesa, pero no será por falta de atractivos.

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