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Las sicilianas maneras de la Generalidad

Quién sabe si en Sicilia son como son por haber sido gobernados durante tanto tiempo por catalanes de la misma ralea de los que hoy gobiernan Cataluña.

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Elsa Artadi y Quim Torra | EFE

Durante un maravilloso viaje por Sicilia, hice con mi mujer una excursión a Palermo en un coche de alquiler. Buscando aparcamiento por el centro, descubrimos un sitio libre en una plaza. Bajado del coche, me di cuenta de que había una señal de prohibido aparcar. La cuestión es que estaba haciendo lo que otros muchos. De hecho, no había un sitio libre en todo el lugar, a pesar de la prohibición. Dudé. Vi a un carabinero y le pregunté. Me respondió: "No le aconsejo que aparque aquí. Podrían multarle. Es mejor que deje el coche en esa calle, donde está igualmente prohibido aparcar, pero allí mis compañeros no le multarán". Le di las gracias al agente y seguí su sabio consejo, ya que era obvio que la probabilidad de ser multado dependía exclusivamente de él.

En ese mismo estilo siciliano, nos informa Pablo Planas, se comporta la Generalidad de Cataluña cuando desaconseja al Gobierno celebrar el Consejo de Ministros en la Casa Lonja de Mar. Allí, al parecer, la Policía autonómica tendría graves dificultades para proteger a los ministros de las iras de la turba nacionalista y es mejor que se reúnan en otro sitio donde puedan protegerles mejor. Eso es lo que ha dicho Elsa Artadi, como si ella y su jefe, Quim Torra, no tuvieran nada que ver con el asunto. La verdad es que es precisamente la Generalidad la que, con el propósito de reventar la reunión del Gobierno de España en Barcelona, enviará hasta donde finalmente éste se reúna a los energúmenos que, financiados con nuestro dinero, la propia Generalidad alecciona, dirige y organiza. De ella provienen las órdenes de acosar al Gobierno y tratar de impedir su reunión. Es difícil de creer que la señora Aratadi quiera de verdad proteger a los ministros del acoso de quienes están a sus órdenes. Más bien cabe sospechar que pretende concentrarlos en un lugar donde sus matones puedan más fácilmente hostigarlos.

Es también costumbre muy siciliana extorsionar a comerciantes y tenderos a cambio de una protección que en principio no precisan. A quienes se niegan a pagar, se les demuestra lo mucho que necesitan el auxilio que se les ofrece destrozando su local. Para que la cosa queda clara, los que revienten la tienda tienen que ser los mismos que ofrecen sus servicios de seguridad. La mucha protección que la Generalidad ofrece al Gobierno no sería necesaria si no fuera por las agresiones que ella misma se propone perpetrar contra él por medio de los detestables Comités en Defensa de la República, que no son otra cosa que uno de sus brazos armados, como todo el mundo sabe.

Los modos sicilianos de los separatistas catalanes no son ninguna novedad. Es probable que sean la herencia recibida tras los muchos años que gobernaron la isla. O quién sabe si en Sicilia son como son por haber sido gobernados durante tanto tiempo por catalanes de la misma ralea de los que hoy gobiernan Cataluña.

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