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El PP no es el movimiento nacional ¿O sí?

Lo que el aparato Sorayiano pretende perpetuar es un modelo que está no sólo agotado, sino que ya no se lo creen ni los propios militantes.

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Desde que los Reyes Católicos fundaron la derecha española, dos han sido las constantes que se han venido manteniendo; en primer lugar todos los sucesores han sido designados, así fue mientras que los reyes detentaron el poder político, y desde la Restauración, pasando por el franquismo a la transición y desde Fraga hasta Rajoy. Sin duda esta circunstancia ha influido de manera esencial en la desafección de los cientos de miles de militantes en estas "primerias" , así como en el pago de cuotas para un partido que nunca debiera tener problemas financieros.

La segunda constante es que bajo este paraguas ideológico hemos asistido a una amplia panoplia de políticas. El franquismo fue capaz de implantar un amplio catálogo paternalista e intervencionista bajo un modelo profundamente conservador; el partido popular ha sido capaz de pactar gobiernos con nacionalistas, y de negarlos; de bajar los impuestos y de subirlos; de ser proa en derechos sociales e individuales y otras veces popa. En definitiva, bajo esta denominación tan denostada de centro derecha, se han practicado todo tipo de políticas sociales, económicas y de estado.

Los que pretenden perpetuar el modelo diseñado por Isabel y Fernando, dicen que debatir debilita –pues a Pedro Sánchez no le ha ido tan mal–, que en el PP no hay debate de ideas, especialmente porque éstas no son importantes. Es decir el Rajoyismo en estado puro, al estilo marxista del simpático Groucho: "Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros".

Lo que el aparato Sorayiano pretende perpetuar es un modelo que está no sólo agotado, sino que ya no se lo creen ni los propios militantes; una derecha moderna que pueda defender políticas liberal conservadoras necesita liberarse del sambenito del movimiento nacional, y con ellos de los complejos que han atenazado al partido popular cuando ha debido tomar decisiones trascendentales. Necesita entrar en el siglo XXI que es un mundo que nada tiene que ver con lo que pretenden perpetuar los altos funcionarios del partido.

Pero no es un fenómeno aislado, los partidos políticos cada vez se parecen más a los clubs de fútbol; pueden cambiar de estilo de juego, de jugadores y de estrellas sin por ello perder la esencia del club. En definitiva, un grupo de personas con ideologías bien diferenciadas que encuentran en el movimiento político un cauce adecuado a cualquier tipo de iniciativa. Lo mismo ocurre en el PSOE capaz de moverse entre los extremos con absoluta normalidad.

Pero una derecha moderna en un partido renovado requiere aislarse de este fenómeno grupal de colocación para invertir en el desarrollo de políticas consistentes con una ideología muy definida en la historia política, la liberal conservadora.

En el enfrentamiento entre Pablo Casado y Soraya hay mucho más en juego que el acceso a la presidencia; lo que se va a dirimir es si el partido popular da un salto a la modernidad o se perpetúa el modelo de tanto monta monta tanto Rajoy como Soraya.

Es muy posible que la sociedad española no esté preparada para un modelo de partido que se aleje de componendas para alcanzar acuerdos que tanto gustan, aunque no conduzcan a ningún lado, como el recién iniciado diálogo entre Torrá y Sánchez, pero, sin duda, sin ideología la democracia tiende a fenecer en un autoritarismo o populismo democrático o en el modelo socialfotogénico.

Y de ahí que lo que pase en el Congreso del Partido Popular va a trascender las fronteras de la propia formación para marcar un camino de cambio en la vida democrática española.

Pablo Casado tiene claros los principios y sus consecuencias y su elección como presidente supondrá una transformación sin precedentes, con apenas un puñado de principios fundamentales e inquebrantables.

La defensa de la igualdad de todos los españoles con independencia de donde vivan, su condición personal o sus aspiraciones. La defensa de la nación española y de sus ciudadanos con unas fuerzas armadas y de seguridad a la altura de las necesidades de nuestra defensa; el acceso de todos los ciudadanos a los servicios básicos en igualdad de condiciones en todo el territorio: sanidad, educación, dependencia, protección de la infancia y de la tercera edad; Una política fiscal que prime el ahorro y que no sea confiscatoria y defienda la familia y el crecimiento demográfico y un adelgazamiento del sector público, particularmente el empresarial.

Si el Partido Popular da con paso firme estos pasos, sin duda su crecimiento va a ser inmediato a costa de Ciudadanos que no consigue levantar cabeza desde la moción de censura en la búsqueda de una identidad que supere la cuestión catalana y la corrupción de los populares que ya se da por amortizada políticamente.

Así que claro que hay que debatir, democracia es precisamente eso; pretender arrogarse una sucesión para que nada cambie seguramente es la peor solución para el PP, y los compromisarios lo saben.

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