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La Operación Soraya "mollar chafá"

Tan requetemal se fue Rajoy y tan requetebién llegó Casado que nos parece que lleva ocho años al frente del partido que fundó Aznar en 1990.

Sáenz de Santamaría, Báñez y Casado, en el Congreso. | EFE

En sólo ocho días, la política nacional ha dado tal vuelta de campana que hemos llegado al concepto clave del periodismo futbolero: el giro de 360º. El domingo pasado, aún no nos habíamos repuesto del alegrón del sábado, que ungió a Pablo Casado como sucesor y verdugo al frente del PP de Mariano Rajoy, al que el viernes había dedicado cataratas de almíbar. En ellas resbaló su ya de por sí resbalosa condición, hasta cuajar la faena más indigna que cabe recordar de cualquier torero caído del cartel. Nadie le empujó, pero fueron tantos los palmoteos sobre su giba algo nivosa que, al dejarse llevar por su íntimo resentimiento, ni supo agradecer ni devolver un gesto de afecto. Era difícil salir mal de tan rendido agasajo. Rajoy lo logró.

Ocho días y ocho retos por delante

Tan requetemal se fue Rajoy y tan requetebién llegó Casado que nos parece que lleva ocho años al frente del partido que fundó Aznar en 1990 -gran gesto el suyo, recibirlo en la Moncloa, y luego Hernández Mancha, levantando acta solemne de toda la mezquindad anterior- pero lo cierto es que Casado sólo lleva ocho días, si contamos el de hoy, matutinamente aún intonso y vesperalmente inédito, en la Presidencia del partido, que no es, ni muchísimo menos, el Poder. La Presidencia es sólo el primer peldaño para alcanzarlo.

El segundo es eliminar a la que hasta ahora ha mandado en lugar de Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, Baby Macbeth o Bolita de Azufre. El tercero, metabolizar poco a poco a los sorayos cuya traición debe ahora aceptar. El cuarto, sobrevivir sin desdoro a las elecciones andaluzas, a las arenas movedizas del Satán de Olvera y a la celeste aparición de Nuestra Señora de Arrimadas al pastorcillo Marín. El quinto, conseguir recuperar algo del terreno perdido en Cataluña a través de Alejandro Fernández. El sexto, ganarle a Rivera la primogenitura del centroderecha. El séptimo y penúltimo, ganar las elecciones. Y el octavo y último, llegar a la Moncloa.

Cada uno de estos ocho retos tiene una característica diabólica: es necesario superarlo, pero no suficiente, porque después habrá que afrontar el otro. Y el otro. Y el otro. Y así, todos, más los que vayan saliendo sobre la marcha o para impedirla si la cosa va bien, y no serán pocos ni fáciles. Lo peor, la arena en el engranaje, el azúcar en el radiador del Joven Arenas, prototipo del agradaor de frente y puñal de espaldas, democristiano en el peor sentido del término, toraco que con los años y regordío de garbanzos, no ha perdido fuerza para coser a cornadas al diestro más precavido. No es que Arenas sea malo, no, es que se quedó con el monopolio de la maldad el séptimo día, cuando Jehová creyó su obra terminada y se puso a descansar. Pero algunas de sus criaturas, como explica Adam Smith, aprovecharon la divina siesta para repartirse el mercado y jugar con ventaja sobre las demás.

Los misiles de Teodoro García

La primera tarea es expulsar a Bolita de Azufre lo más lejos posible, y ahí es donde tiene un papel fundamental Teodoro García, el Número Dos del casadismo, campeón del mundo en lanzamiento de huesos de aceituna, en la modalidad "mollar chafá", que es la propia de Cieza: ¡19 metros! Si Teodoro, o sea, Casado, logra lanzar a la bolita sulfúrica a una distancia política semejante, el futuro será venturoso. Si no consigue mantenerla lejos, la tendrá siempre encima, como esos mansos pegajosos cuyo mayor peligro es que no hay forma de darles distancia y torearlos como es debido.

El untuoso ungüento sorayesco es de la marca "Integración". ¿Y qué significa? Pues amenazar con boicotear la próxima campaña electoral, que es ni más ni menos que la de Andalucía. De ahí el gesto, feísimo de cara a la galería, de "integrar" en la nueva dirección con carguillos menudos a la más requintada escoria del PP, guardia pretoriana del derrotado sorayismo. Ver, aunque sea en un rincón, al joven Arenas, Montoro y Fernández Díaz en el Presidium del PP de Casado produce náuseas. Es un emético ético. Pero todas esas mofetas del marianismo abandonan a Soraya, la dejan sola, como un hueso de aceituna "mollar chafá", esputado a diecinueve metros.

La pésima imagen de la "integración"

El gran problema para Casado es que, teniendo que hacer lo que está haciendo para poder ir a las elecciones sin el peligro cierto de salir muerto, verlo presidir el partido de Arenas, Montoro y Fernández Díaz es letal para la imagen de renovación que sin duda representa, pero que, además, debe trasmitir. La supervivencia técnica al frente del PP se convierte así en un problema político de primera magnitud para su liderazgo, que hará feliz a dos partidos que andaban muy perdidos: Ciudadanos y Vox. Al menos, por una temporada. Esta es la paradoja de la "integración": que "desintegra" la imagen de Casado. Sin ella, es imposible funcionar. Con ella, dificilísimo.

Hay, sin embargo, una gran diferencia entre lo que digan los rivales -porque Ciudadanos y Vox, ojo a Vox, no son enemigos, solamente rivales- y lo que piensen los votantes aún presentes, ya pasados y ahora dudosos del PP. En las primeras encuestas va a quedar claro el suelo electoral del PP, que aprovecha Casado, y la frontera infranqueable entre la Izquierda del PSOE y Podemos -con Sánchez gana el primero pero defendiendo el programa del segundo- y la Derecha del PP y Ciudadanos, donde Rivera pierde la cabeza con respecto a Casado porque el PSOE se ha reforzado en la Moncloa, pero sigue fuerte mientras se define el nuevo PP. Yo creo que si había siete millones, o al menos seis, esperando que el PP diera señales de vida, pueden seguir esperando un poco más. Lo malo para Casado es que las encuestas no esperan, y en ellas el lastre de la integración se notará negativamente. Veremos si los resultados andaluces, que pueden ser catalanes e incluso generales cuando le apetezca al Führer Cocomocho, compensan en unos meses el impulso fatalmente perdido en unas semanas.

Pero se trata de un impulso de imagen, hacia fuera. Hacia dentro, es decir, hacia el electorado natural del PP, el impulso de Casado está siendo tan previsible como eficaz. Ha puesto el acento en lo fundamental, que es la cuestión nacional, y hoy se planta en la frontera, para apoyar a la Guardia Civil, adorada en la Derecha, y también para defendernos de los ilegales, entre los que destacan el Gobierno del Aquarius, las ONG cercanas a las mafias y la sanidad gratis para simpapeles de Montón, que tras hundir la Sanidad valenciana está dispuesta a hundir nuestras fronteras. Ese efecto llamada es devastador. Y su crítica favorecerá al PP, a pesar del lamentable Bonilla.

Vida, Familia, Religión y Libertad

El verano es un tiempo adecuado para repasar las bases ideológicas del nuevo PP, en el que uno de los puntos de fricción, que puede ser de debilidad o de fortaleza, es el de la vida, o sea, el aborto y la eutanasia. Ayer publicó Cayetana Álvarez de Toledo un artículo original e inteligente para abordar el carácter necesariamente personal sobre la valoración moral de los dos modelos legales de aborto -el de supuestos de González y el de plazos de ZP- y en el que proponía algo que hasta ahora no se ha planteado la Derecha: conceder libertad de voto al diputado en asuntos de conciencia.

La táctica de UCD y de los catorce años del PP de Aznar, que han llevado a la caricatura los catorce siguientes de Rajoy, ha sido siempre la de poner peros a los proyectos de la izquierda y luego no tocarlos al llegar al Poder. Nunca el maricomplejinismo se ha visto tan claro. Lo que nunca ha hecho la Derecha es lo único que puede hacer si busca un ámbito de unión entre liberales, conservadores e izquierda nacional, a la que espantará cualquier ribete que suene a confesional. Hace años publiqué en LD varios artículos en los que planteaba desde otro punto de vista algo parecido a lo que plantea Cayetana: no puede haber acuerdo de principio sobre el aborto; pero tampoco puede hacerse política exclusivamente sobre algo que divide a la opinión pública por creencias, generaciones y sensibilidades. Lo que se ha visto es que la derecha sociológica no se moviliza sobre los asuntos de conciencia como lo hace, por ejemplo, contra el Impuesto de Sucesiones, uno de los caballos de batalla de Casado, que siendo un problema de raíz moral permite una materialización política al margen de ideas y religión.

Pastores que avergüenzan a sus ovejas

Un problema añadido para los católicos españoles, que puede ser una bendición para los políticos católicos, es la cobarde y miserable postura de la Conferencia Episcopal, que ha reeditado su traición a las víctimas de la ETA respaldando el separatismo racista catalán y la exhumación de Franco. Si la defensa genérica de la vida y la familia va acompañada de un sofión al obisperío catanazi, resultará claro que una cosa es el alma y otra el almario, y que la conciencia individual y la obediencia a la jerarquía católica se han vuelto desde hace tiempo, intransitables para los católicos que defienden la libertad, la de conciencia que atropella la Izquierda y la de fidelidad a una historia que desprecia la Iglesia de Francisco y los obispos Osoro y Omella.

En fin, quede esto como nota al vuelo de lo mucho que debe valorar y repensar el nuevo PP. Pero conste que a muchos de los que defendemos la familia y la vida, aunque no en términos idénticos a los creyentes -que tampoco tienen un único criterio- nos gusta oírselo decir a Casado. Y por una razón esencial: lo que la Izquierda pone en peligro es nuestra libertad, que empieza por la de conciencia. Ese es el ámbito natural de encuentro de diversas sensibilidades que pueden y deben encontrarse explícita y no sólo implícitamente, como hasta ahora, en el centroderecha que sueña Casado.

Mientras tanto, adelante con el Proyecto Soraya "mollar chafá". Diecinueve metros parecen pocos, pero no están nada mal para empezar

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