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Fin de semana

CÓMO ESTÁ EL PATIO

Quememos Wall Street en honor de Maitreya

Pablo Molina
Las dificultades financieras transitorias, esa pequeña desaceleración que no iba a repercutir en España o, como dicen últimamente los antipatriotas, con Solbes el Traidor a la cabeza, la peor crisis económica de las últimas décadas, está sirviendo a la pintoresca fauna de la New Age para confirmar su tesis de que el mundo se va a acabar en el solsticio de invierno de 2012, como predijeron los mayas, que de flujos financieros e hipotecas subprime sabían un huevo.
MORFINA ROJA

A propósito de Montes

Cristina Losada
La seguridad con que actuaba Montes tenía su razón de ser. Se sentía protegido por un entorno favorable cuya génesis se remonta a la fundación del centro. Y es que el Severo Ochoa, pese a su aspecto convencional, no ha sido un hospital más. Ha sido "más que un hospital".
CHUECADILLY CIRCUS

Soy un pelele

Luis Margol
Hernán Migoya.
¿Se imaginan que Almodóvar o Amenábar, nuestros cineastas más célebres, sufrieran un repentino ataque de amnesia? ¿Qué sería de los argumentos de sus próximas películas? ¿Perdería el manchego el mal humor que le caracteriza? ¿Superaría Amenábar su timidez? ¿Seguirían siendo gays o se apuntarían al heterosexismo? En Soy un pelele, el polifacético Hernán Migoya se adentra en éstos y otros asuntos de forma ácida e irreverente. El resultado podría ser mejor, pero no más divertido.
COMER BIEN

Croquetas para una crisis

Caius Apicius
Puede que sea una casualidad, aunque cuando andan ministerios de por medio nunca se sabe, pero no deja de ser curioso que cuando todo el mundo anda preocupado por la crisis, incluso sin saber muy bien de qué va, salgan a escena las croquetas.
CRÓNICA NEGRA

Comerse a la pareja después de amar

Francisco Pérez Abellán
Todos los países guardan el misterio del canibalismo como si fuera uno de esos trapos sucios de la mala conciencia. La hipocresía sobre el amante caníbal era general hasta que los directores de la excavación de Atapuerca revelaron que el Homo antecessor se comía a sus congéneres en una ceremonia ritual. Es decir, no a causa del hambre, sino en un acto de fe compartida.