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ÁFRICA

Los fosfatos del Sáhara Occidental

Acaba de fallecer el geólogo Manuel Alía Madina, catedrático jubilado de la Facultad de Geología de la Complutense. Él fue el descubridor de los yacimientos de fosfatos de Bu Craá en el Sáhara Occidental, que fue uno de los motivos por los que Hassán II quería anexionarse el territorio –y Estados Unidos le apoyó–.

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Cuando los españoles se establecieron en la costa africana, frente a las Canarias, y consiguieron que en la Conferencia de Berlín las demás potencias europeas reconocieran su presencia y soberanía, el inmenso territorio no ofrecía más riqueza que la pesca; además estaba, claro, el valor geopolítico derivado de ser el único ocupante. En las décadas siguientes casi nada hicieron los Gobiernos españoles, cuya política exterior estaba presidida por la derrota ante Estados Unidos, la reconstrucción de la Armada y el control del protectorado marroquí.

El capitán Francisco Bens se estableció en Villa Cisneros en 1904 y ocupó Tarfaya en 1916; en 1934, bajo el Gobierno de centro-derecha de la II República, el Ejército empezó a establecerse en Ifni, cedida por el Tratado de Wad-Ras en 1860, y a penetrar en el Sáhara. En 1938 los oficiales Antonio de Oro Pulido y Galo Bullón fundaron, a unos 30 kilómetros de distancia de la costa, El Aaiún, que en 1940 fue declarada capital del Sáhara Español.

Alía Medina

La ocupación del desolado territorio implicó su cartografiado y la excavación de su subsuelo. En 1942 ya hubo una expedición, en la que participó Manuel Alía Medina, de 25 años de edad y catedrático de instituto de Ciencias Naturales. Alía Medina regresó varias veces al Sáhara por cuenta del Gobierno español (el Instituto Nacional de Industria –INI–) para detectar yacimientos de hierro y de fosfatos. Desde 1942 a 1960 realizó dieciséis expediciones científicas al Sáhara Español y una a la Guinea Continental Española. En el Congreso Geológico Internacional celebrado en 1952 en Argel, todavía ciudad francesa, presentó el primer mapa geológico del Sáhara.

Alía Medina descubrió en 1947 los inmensos yacimientos de fosfatos en Bu Craá, unos 100 kilómetros al sureste de El Aaiún. Los fosfatos son sales del ácido fosfórico y se usan en la elaboración de abonos minerales que aumentan el tamaño de las plantas. Desde su introducción en la agricultura, la producción de ésta se ha multiplicado, con lo que satisface mejor las necesidades alimenticias de la humanidad. Los fosfatos se encuentran repartidos por la Tierra de manera más irregular que el petróleo. En los años 60, el principal importador de fosfatos era Estados Unidos y el mayor exportador, Marruecos. Con la irrupción de los fosfatos hispano-saharauis, el equilibrio se alteró.

En 1962 se realizó el primer inventario del yacimiento de Bu Craá y se reveló su importancia en cantidad y en calidad. El INI, organismo del Gobierno que agrupaba a las empresas públicas, constituyó otra para explotar los fosfatos: Empresa Nacional Minera del Sáhara, que en 1968 se transformó en Fosfatos de Bucraa, S. A., llamada Fos Bucraa.

Los españoles construyeron una cinta transportadora de los fosfatos desde la mina a la costa que, debido a su extensión, unos cien kilómetros, es la más grande del mundo. Esta cinta se convirtió enseguida en objetivo para los polisarios. Al menos tres veces se interrumpió su funcionamiento debido a sabotajes y ataques: en octubre de 1974, durante la colonia; entre 1979 y 1986, con el territorio ya sometido a ocupación por Marruecos, y de nuevo en 2002.

La zona empezó a llamar la atención, debido al desplazamiento de tropas españolas para proteger la mina a cielo abierto de Bu Craá y, además, a que desde 1962, con la independencia de Argelia, era el único territorio del norte de África sin descolonizar.

En la década de los 60 la empresa española Cepsa, especializada en la explotación, el refino y la distribución de hidrocarburos, realizó prospecciones en busca de petróleo. Si había en los desiertos de Libia y Argelia, ¿por qué no podía haber en el Sáhara atlántico? Sin embargo, no se encontró nada... o eso parece. Aunque sin petróleo el territorio ya era suficientemente rico para justificar una invasión.

Sea como fuere, las explotaciones mineras hacían crecer la población de El Aaiún, con funcionarios, militares, técnicos y nativos que se asentaban en la ciudad.

El cofre del sultán

Como es sabido, Marruecos y sus aliados en la ONU impidieron que España procediese a organizar el referéndum de autodeterminación para los saharauis, y a continuación el rey Hassán II movilizó la Marcha Verde y arrancó del Gobierno español la entrega del Sáhara.

Los Acuerdos de Madrid (cuya validez no reconoce la ONU, que sigue considerando a España la potencia administradora del Sáhara) incluían la cesión de Fos Bucraa a la empresa pública marroquí Office Chérifien de Phosphates (OCP), que es el mayor exportador de fosfatos del mundo: en 2010 el valor de sus exportaciones superó los 4.500 millones de dólares. De esta manera, España desaparecía como exportador y el fosfato se convertía en un monopolio marroquí, con lo que el sultán podía fijar los precios.

Según la revista Forbes, el control sobre la OCP explica la inmensa fortuna del rey Mohamed VI. Y un sexto de esos fosfatos proviene del Sáhara, explotados tan ilegalmente como la pesca del banco canario-sahariano.

Pero los fosfatos no sólo producen dinero, sino respaldo diplomático. Entre los documentos de la Administración de Estados Unidos filtrados por Wikileaks había varios en los que la embajada de ese país en Rabat constataba que los acuerdos de compra de fosfatos por la empresa nuclear Areva implicaban un acercamiento de Nicolás Sarkozy a las tesis marroquíes a favor de la anexión del Sáhara.

¿Petróleo en Canarias?

Las investigaciones geológicas españolas descubrieron fosfatos en el Sáhara, pero ¿encontraron petróleo en su territorio? ¿O está el petróleo en el fondo del Atlántico, cerca de las costas canarias?

El Gobierno de José María Aznar concedió a Repsol permiso para realizar prospecciones petrolíferas cerca de las costas de Lanzarote y Fuerteventura, hecho que fue recibido con protestas por parte de Rabat. En febrero de 2004 el Tribunal Supremo anuló el decreto porque no fijaba medidas ambientales. En sus casi ocho años de Gobierno, Rodríguez Zapatero no hizo nada para renovar las concesiones; el socialista se amparó en la falta de consenso social, debido a la oposición de los nacionalistas y los ecologistas locales, pero también a la presión marroquí. Por lo que hace a Mariano Rajoy y a su ministro de Industria, José Manuel Soria, son partidarios de autorizar las prospecciones.

El riesgo se encuentra, como con los fosfatos, en las imposiciones marroquíes. Marruecos se ha negado a delimitar las aguas jurisdiccionales con España. ¿Por qué? Para poder reclamar los yacimientos de petróleo que se encuentren en el Atlántico.

¿Se repetirá la historia?

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