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MANIFESTACIÓN

Defender la razón al aire libre

Eso de rasgarse las vestiduras tiene siempre algo de teatral, dicho sea sin connotación negativa. Lo malo es que el teatro no tenga la función de comunicar de forma eficaz una historia verdadera, sino que sea pura escenificación de una falacia. Esta semana nos han servido una ración abundante de esto último. Los medios del grupo PRISA se han lanzado a un ataque masivo contra la manifestación del 18J, y uno de los ejes de su campaña consiste en denunciar los peligros de un retorno de la Iglesia a la arena política.

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La última nota del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal, que considera justa la cusa de dicha manifestación y reconoce que participar en ella es un modo legítimo de servir al bien común, les sirve como coartada para advertir que la Iglesia abandona el recato de la época taranconiana, pretende ocupar la calle y forzar una “legislación católica”, sin reconocer el carácter laico del Estado y la pluralidad de su base social. Pero a pesar de que la biblia del progresismo (léase El País) titulara que “la Conferencia Episcopal convoca a la manifestación contra los matrimonios gays”, lo cierto es que aquí quien convoca únicamente es el Foro Español de la Familia, una organización civil que defiende precisamente el valor civil del matrimonio. La CEE, coherente con su doctrina y con la gravedad del desafío que supone esta legislación única en la historia de la humanidad, ha reconocido que la manifestación está cargada de razones y que es una de las posibles y necesarias respuestas que los católicos están llamados a desarrollar.                 
 
El nerviosismo de algunos terminales mediáticos del mundo gubernamental es evidente, porque empiezan a ver que una parte de la sociedad no acepta sin más el trágala de Zapatero. Están tan acostumbrados a silenciar y borrar las voces y las figuras que no encajan en su dibujo de la realidad, que la aparición de una plataforma social que agrupa a miles de personas, que tiene capacidad de organizarse y de comunicar sus razones, les ha producido una irritación indescriptible. Conviene repetir que esta movilización es fruto de la responsabilidad de un grupo de asociaciones que componen una plataforma cívica denominada Foro Español de la Familia, que a pesar de su evidente representatividad social y de la mesura y ponderación de sus razones, no ha logrado alcanzar el rango de interlocutor válido para el Presidente del Gobierno. Y eso a pesar de que el 18J viene precedido por la recogida (estricta y minuciosamente controlada) de más de medio millón de firmas, que forzarán el debate en el Congreso de una Iniciativa Legislativa Popular para blindar la definición de matrimonio como unión entre hombre y mujer. La aritmética parlamentaria podrá impedir que prospere, pero será contra el clamor de una franja muy importante de la sociedad.
 
La reacción de algunos medios se explica como defensa de su agenda de revolución cultural, pero el progresismo parece especialmente soliviantado por el hecho de que el factor católico tenga de nuevo relevancia histórica. Lo que se niega es la posibilidad misma de que los católicos en cuanto tales, como ciudadanos con una identidad ético-cultural precisa, se hagan presentes en el espacio público con la pretensión de tener una palabra de validez general, capaz de entrar en ofrecerse a todos y de discutir con todos. En torno al evento del 18J no existe aire alguno de “confesionalismo” y menos aún de cruzada: en todo caso, un asunto ligado a la cuestión central de la manifestación (la defensa del matrimonio y de la familia) es el hecho de que los católicos españoles no renunciamos a vivir a plena luz del día, al aire libre. Ya predecía el cardenal John Henry Newman, que en los tiempos de crisis que se avecinaban (siempre fue agudo este inglés) la Iglesia se constituiría en un baluarte de la razón: estamos asistiendo precisamente a eso.
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