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Javier Somalo

Mamá, quiero ser golpista

Lo insoportable es que a un delincuente condenado le pueda sacar de prisión la misma institución de la que emanó el delito, la Generalidad.

Javier Somalo
Lo insoportable es que a un delincuente condenado le pueda sacar de prisión la misma institución de la que emanó el delito, la Generalidad.
Quim Torra saluda a Carmen Calvo en Moncloa ante sonriente mirada de Pedro Sánchez | EFE

No siempre es cierto que una imagen valga más que mil palabras. En ocasiones, un mero saludo puede parecer más cariñoso o próximo de lo que es por un simple engaño de las dos dimensiones. Lo saben bien los famosos y los periodistas que se dedican a la prensa del corazón. Pero una de las instantáneas de la Mesa (antiparlamentaria) de partidos montada entre el Gobierno de la nación y los golpistas sí hace honor al refrán y refleja algo sin matices: satisfacción.

Miradas de emoción, de admiración. Alegría apenas contenida y solemne respeto como el del esguince cervical de Iván Redondo. Carmen Calvo y Quim Torra, asidos de los hombros –es verdad que con algo de efecto cobra en la vicepresidenta–, representan la reconciliación de los españoles con el delito. Pedro Sánchez contempla complaciente la escena, sin atisbo de su característica tensión mandibular, con mirada relajada, imaginando que su trono podría estar a salvo.

Mucho mejor que con Pablo Casado o con Albert Rivera, cuando estaba. No digamos ya con Santiago Abascal. Porque el PP es corrupto –gracias a esa idea se hizo Sánchez con el Falcon–, porque Ciudadanos es desleal y porque Vox es una auténtica amenaza para la democracia, que según ya esbozó la propia Carmen Calvo, bien podría entrar en un tipo de ilegalización aunque, de momento, tiene el mismo derecho a vivir que Bildu, la marca de ETA. Pero Torra… Torra es el futuro. El suyo y el del presidente menos votado de la historia. El golpe de Estado de la Generalidad es hoy la única vía de Sánchez para seguir en el poder.

La pregunta es: ¿estaríamos en esta situación si Sánchez hubiera alcanzado una mayoría suficiente como para gobernar sin los golpistas? Si la respuesta es afirmativa, sería porque Sánchez es un convencido separatista que llevó en su programa una nueva estructura para España. Si, por el contrario, la respuesta es negativa, que no habríamos llegado hasta aquí de haber tenido Sánchez mayoría suficiente para gobernar, entonces es todavía más grave. Porque significaría que el presidente del Gobierno es un oportunista peligroso, que se alía con la delincuencia para permanecer en el poder sin que siquiera sus votantes le hayan dado su confianza para ello.

Pues este es el caso en el que estamos. Pedro Sánchez podría estar gobernando sin necesidad de delincuentes de uno y otro lado. Es cierto que la oposición no estuvo hábil ni rápida pero la oferta contra el insomnio terminó encima de la mesa y Sánchez escogió las sombras en virtud de algún cálculo que le auguraba el control de la izquierda y, por tanto, mayores posibilidades de gobierno ante un centro derecha destartalado.

El caso es que hoy dar un golpe de Estado en España no tiene (malas) consecuencias. De hecho, promociona bastante. A juzgar por los hechos, el golpismo dota de una especie de halo como ese que colocan a los científicos que necesitan traducción simultánea. Si salen por la tele, no falta quien tiende a creerles aunque no les entienda. Es golpista, escuchémosle.

De seguir así las cosas, en breve abriremos un quinto turno para "profesionales de reconocido golpismo" entre el cuerpo de funcionarios, no sólo judiciales. Será un grado, como la experiencia, como ya lo es hablar catalán para ser neurocirujano en Baleares o pertenecer a la cloaca para ser Fiscal General. Por grotesco que parezca es trágicamente cierto.

Oriol Mandela sale a dar clases a la universidad. Y luego, como gran despedida semanal para sus alumnos, vuelve a prisión, por llamarlo de alguna manera. Y así se forja la leyenda de un catalán libre como el viento. En la Universidad de Vic, claro… la ciudad donde los catalanes saltan a la vista por su "aspecto" y los no catalanes también, como los maquetos de Sabino Arana.

La Junta de Tratamiento de la cárcel-despacho de Lledoners dice así del preso Junqueras:

A lo largo de las próximas semanas, desarrollará un encargo académico vinculado a la formación continua de corta duración.

Pues eso, "un encargo". Lo insoportable es que a un delincuente condenado le pueda sacar de prisión la misma institución de la que emanó el delito, la Generalidad. Por ahí anda la igualdad de todos los españoles ante la Ley. Y allí estará el profesor Junqueras, de reconocido golpismo, ilustrando con su bagaje la "formación continua de corta duración". Es para cabrearse de verdad.

Otro de los miembros de la Mesa Antiparlamentaria, Josep María Jové, acaba de ser procesado por los delitos de desobediencia, prevaricación, malversación y revelación de secretos por su participación en la organización del referéndum ilegal del 1-O. Como medidas cautelares le han retirado el pasaporte, no puede salir de España –Cataluña está dentro– y deberá afrontar una fianza por responsabilidad civil de 2,8 millones de euros. Todavía habrá quien diga que todo esto es exagerado porque no hay riesgo de fuga.

En otra foto del Álbum del Diálogo, Jové aparece paseando de espaldas al sol de La Moncloa acompañado por José Luis Ábalos, ya acostumbrado a su papel de guiar a los desperados. Debería estar harto pero, por lo visto, ha hecho su elección. Y le supongo enterado de la inmediata reacción de la Abogacía del Estado, que ha fulminado a Carmen Tejera, la abogada que documentó la malversación del golpe en un juicio que jamás debió celebrarse hasta que no se hubiera detenido el golpe mismo a través de un 155 completo, con suspensión de autonomía.

La Mesa Antiparlamentaria –no están ni el segundo ni el tercer partido en escaños– no tiene taquígrafos pero sí mucha luz, luz de plató televisivo como se aprecia en la foto de la España reconciliada con el delito. El distendido ambiente ni siquiera requirió la presencia de un catador de agua. Hay confianza. El motivo de la reunión es evidente: si me ayudas a seguir en el Gobierno me olvido de un golpe de Estado y luego ya veremos.

Pacta sunt servanda, lo pactado obligará a todos los españoles salvo que alguien se atreva a demostrar la ilegalidad misma del pacto que convierte, sí, a este Gobierno en ilegal por sus actos. Lo contrario transformará el delito en ejemplo a seguir.

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