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José García Domínguez

El camarada Ribó, el beato Tarrés y Francisco Franco

Pere Tarrés, un beato catalán fallecido en 1950, acaso represente la figura religiosa más venerada hoy por los nacionalistas de todo pelaje.

Pere Tarrés, un beato catalán fallecido en 1950, acaso represente la figura religiosa más venerada hoy por los nacionalistas de todo pelaje.
Rafael Ribó junto a Laura Borrás. | EFE

Tras ocupar durante solo diecisiete años seguidos el empleo equivalente al del defensor del pueblo en Cataluña, una lucrativa bicoca remunerada con un sueldo base, dietas al margen, de 124.000 euros, ocupación que le ha permitido viajar a prácticamente todos los países del mundo con cargo al presupuesto de esa institución, largas estancias fuera de nuestras fronteras en las que el síndic de greuges, un caballero más que otoñal de 76 años, solía combatir la amenaza de la soledad en compañía de su joven amiga y colaboradora, la señora Judit Macaya, Rafael Ribó acaba de ceder su puesto a regañadientes (se ha negado a felicitar siquiera a su sucesora) a la persona pactada entre los separatistas el Gobierno de la Generalitat y el PSC.

Poseedora de un currículum profesional mucho más solvente y serio que el del camarada Ribó, la profesora de Derecho Penal Esther Giménez- Salinas, la nueva síndica, ha desarrollado su labor docente en el entorno de la Fundación Pere Tarrés. Pere Tarrés, un beato catalán ya en las puertas de la santidad y fallecido en 1950, acaso represente la figura religiosa más venerada hoy por los nacionalistas de todo pelaje. Una devoción, la que rinde el separatismo en bloque a su obra y memoria, que tiene mucho que ver con la extraña censura que Pujol, cuando sus tiempos de Ubú todopoderoso en el País Petit, impuso sobre su libro de memorias, que nunca más ha sido reeditado. Un pequeño volumen del que me permito hoy reproducir los párrafos finales:

26 de enero de 1939
A las cinco de la tarde, en medio de una emoción indescriptible, Radio Asociación de Cataluña ha señalado la entrada del Ejército Nacional libertador de España en las Ramblas. Ha sido grandioso. A los gritos de ‘Arriba España’ y ‘Viva Franco’, con la voz fatigada, casi sin aliento, han anunciado a los cuatro vientos la conquista de Barcelona. Las lágrimas casi han asomado a los ojos. La emoción y el entusiasmo populares que se han lanzado a las calles es formidable. Nos abrazamos en plena calle. La gente te paraba en medio de felicitaciones y gritos de alegría. Abrazos, besos, lágrimas. ¡Dios mío, ha sufrido tanto Cataluña! ¡Ha llegado la hora de su liberación!¡Viva la Virgen de Montserrat! ¡Viva la Purísima e Inmaculada Concepción, patrona de España! Me he sentido profundamente español y nunca como hoy me sale del corazón un grito bien alto de ¡Viva España!¡Viva Cataluña española! Dios mío, ilumina a Franco y los otros dirigentes. Los desgraciados de la CNT están resistiendo todavía. Es cosa de pocas horas. Que Dios se apiade de ellos.

Huelga decir que el texto lo he traducido del catalán en que fue íntegramente escrito.

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