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José García Domínguez

En Cataluña no existe la inmersión

La mal llamada 'inmersión lingüística' que impera en Cataluña estulta ser una aberración pedagógica que no existe en ningún otro sitio.

La mal llamada 'inmersión lingüística' que impera en Cataluña estulta ser una aberración pedagógica que no existe en ningún otro sitio.
La ministra Alegría, con cara de circunstancias. | EFE/ Juan Carlos Hidalgo

La primera víctima de la guerra cultural que llevamos desarrollando en Cataluña desde hace ya más de cuarenta años fue la verdad más obvia. Y esa verdad, la evidente, es que en Cataluña no existe hoy ni ha existido nunca algo a lo que en rigor se pudiera denominar inmersión lingüística. Y no existió ni existe tal cosa por la muy clamorosa certeza de que única y exclusivamente la mitad de los niños catalanes se ven forzados a la escolarización en una lengua distinta de la suya materna, ya que la otra mitad no sufre ni ha sufrido jamás inmersión alguna. De ahí lo muy improcedente de seguir hablando de inmersión para referirse a la efectiva prohibición del idioma castellano dentro del sistema escolar catalán.

La primera de nuestras derrotas, pues, tuvo que ver con el divorcio efectivo entre las palabras y su verdadero significado, el que se custodia en los diccionarios. Y la segunda de ellas igual nos remite a otro divorcio también largamente silenciado, el que se produjo en su día, allá a principios de la década de los ochenta, entre el muy particular método pedagógico instaurado por las autoridades catalanistas de la Generalitat y la práctica lingüística imperante en todos los demás lugares del mundo donde existen dos idiomas oficiales. Porque la mal llamada inmersión lingüística que impera en Cataluña estulta ser una aberración pedagógica que no existe en ningún otro sitio. Sí, eso que con tanto y tan patético ardor defiende ahora la ministra de Educación del Reino de España, la inmersión a la catalana, resulta que no existe en ningún otro país del mundo, en ninguno.

Pues es sencillamente falso, pero falso de toda falsedad, que violación tan palmaria de los derechos de los escolares se produzca igualmente en la provincia canadiense de Quebec. Ese bulo es una pura y simple mentira. En Quebec, por el contrario, los hijos de los ciudadanos canadienses angloparlantes se educan íntegramente en inglés dentro escuelas públicas anglófonas. Huelga decir que esos padres anglófonos disponen de plena libertad para, si así fuera su deseo, matricular a su prole en colegios francófonos. Pero lo deciden ellos, no el Pere Aragonès de turno. Lo de Quebec, querida ministra, es también una burda trola. Un engañabobos, excelencia.

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