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José García Domínguez

Manchar las manos del Rey

Todo esto puede acabar en una encerrona al Rey. Porque los indultos, no se olvide, los concede el Rey.

José García Domínguez
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Todo esto puede acabar en una encerrona al Rey. Porque los indultos, no se olvide, los concede el Rey.
Pedro Sánchez saluda al rey en la Zarzuela, en junio de 2019. | EFE

En política, como en la vida, hay que procurar no perder de vista nunca lo obvio. Y lo obvio es que el Gobierno puede intentar hacer cualquier cosa con el prófugo Carles Puigdemont, cualquier cosa salvo indultarlo. Porque si algo resulta metafísicamente imposible para el Consejo de Ministros del Reino de España es precisamente eso, tratar de indultar a Puigdemont. Y ello por la muy clamorosa obviedad de que la ley hoy vigente establece de forma expresa la prohibición absoluta –sí, absoluta– del indulto en los supuestos de reos que no hubiesen estado a disposición del tribunal en el momento procesal oportuno. Pues ocurre que en el ordenamiento jurídico español no hay perdón posible para los prófugos. Casos, como es sabido, del Emèrit, el hijo menos despierto y algo cabra loca del difunto Alfonso Carlos Comín y la sobrina también un punto atolondrada de Raimon Obiols, los dos consejeros que igual se dieron a la fuga tras la asonada del 1 de Octubre. Pero, siendo ese el escollo mayor que se interpone entre la voluntad política de la Moncloa y una eventual amnistía encubierta para los cabecillas institucionales de la penúltima insurrección catalanista, no es, sin embargo, el único.

Y es que, entre otros incordios nada baladíes desde el punto de vista político y simbólico ( lo simbólico y gestual, algo tan trascendente siempre para los nacionalistas), la norma legal en vigor que regula esa figura de gracia establece, y también de modo insoslayable, la exigencia de que los reos llamados a beneficiarse de ella, o sea Fray Junqueras y compañía, expresen de forma pública su personal y sincero arrepentimiento. Sí, sí, de forma pública. ¿Alguien imagina a Fray Junqueras pidiéndonos humilde perdón al compungido modo por haber violado las leyes del Estado español opresor cuando el día de autos? Antes veremos vacas volando en el programa de Iker Jiménez y señora. Junqueras, nadie lo dude, se dejaría cortar un brazo antes de pasar por esa humillación que acabaría en el acto con su carrera política. Jamás lo hará. Y los otros, huelga decirlo, tampoco. Así las cosas, todo eso puede acabar en una encerrona al Rey. Porque los indultos, no se olvide, los concede el Rey. El Rey y solo el Rey. ¿O de lo que se trata es de manchar sus manos?

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