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José García Domínguez

No habrá tercer tripartito

ERC y el grupo de Puigdemont, los dos encarnizados aspirantes que se disputan la hegemonía en el espacio electoral independentista, no puedan romper su alianza.

José García Domínguez
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Pese a la muy patológica afición de los españoles, y sobre todo de los españoles profesionales, al autodesprecio, España, además de ser un lugar magnífico, es un país normal en el que pasan cosas normales porque, en general, la gente se comporta de modo muy normal. Y en los países normales, verbigracia el nuestro, la política tiende a reproducir la confrontación civilizada entre los partidos llamados de izquierda con los que se dicen de derechas. Es lo que ocurre, decía, aquí, en España. Bueno, en casi toda España salvo en ese pequeño y ruidoso rincón asilvestrado del Mediterráneo que responde por Cataluña. En la España normal sucede que los grupos de izquierdas, pese a las rencillas o incluso el desprecio mutuo que se profesen, acaban entendiéndose y gobernando juntos cuando la ocasión lo propicia. De idéntico modo, las derechas, por mucho que Casado aspire a destruir los partidos de Abascal y Arrimadas, que es lo que a los otros dos también les gustaría hacer con el PP si pudiesen, igual acaba pactando todo lo que haga falta con ellos siempre que los números salgan.

Por su parte, Cataluña también había sido un lugar normal hasta el año 12, esto es, hasta el inicio oficial del procés. En aquel pasado catalán no tan remoto, la derecha pactaba con la derecha. Así, tanto la UCD de Suárez como el PP de Aznar se esforzaron por ayudar a Jordi Pujol en todo lo que fuere menester. A su vez, la izquierda se entendía con la izquierda. Así los dos tripartitos de anodina memoria. Pero eso, la normalidad europea y occidental, hoy se antoja ya imposible en Cataluña. Razón por la que no habrá un tercer tripartito tras las elecciones de febrero. Vox, PP y Ciudadanos están obligados a entenderse, les guste o no, porque compiten por el mismo espacio político los tres. E igual les ocurre a Podemos y PSOE. He ahí la causa última de que, por mucho que se odien entre ellos, ERC y el grupo de Puigdemont, los dos encarnizados aspirantes que se disputan la hegemonía en el espacio electoral independentista, no puedan romper su alianza, so pena de que quien dé el primer paso se vea abandonado por sus bases.

No, pase lo que pase en las urnas, no habrá tercer tripartito. Ni falta que hace.

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