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¿Quién vota a VOX?

El electorado de VOX no se corresponde en absoluto con el de Le Pen. VOX es una escisión por la derecha del PP.

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Santiago Abascal y Javier Ortega Smith | EFE

La irrupción como elefante en cacharrería de VOX en la Cámara andaluza, súbita novedad que acaba de convertir en papel mojado todos los diseños tácticos del resto de los partidos cara al carrusel de citas electorales previstas para la primavera, ha provocado también un reguero de analogías fáciles en los medios de comunicación entre ese nuevo partido de la derecha en España y las siglas más o menos próximas a sus postulados doctrinales que, de un tiempo a esta parte, igualmente proliferan en el resto de Europa. Analogías demasiado apresuradas que el estudio de los datos empíricos hasta ahora disponibles sobre el segmento del electorado ya afín al partido de Abascal no termina de hacer ni convincente ni evidente. Y es que la premisa, tan extendida entre los comentaristas, de que la incorporación de VOX al arco de los partidos con representación parlamentaria estaría llamada a provocar una suerte de efecto virtuoso a resultas del cual se rompería el eje tradicional izquierda-derecha, hipótesis que conlleva el corolario de que la llegada de VOX tendría como efecto un incremento del número de votos del bloque de la derecha en su conjunto, no se compadece con los datos reales.

No se trata de que tal cosa no pueda ocurrir en el futuro. Quizá suceda algún día, nadie lo descarte. Pero lo cierto es que aún no ha ocurrido. Tras esa hipótesis tan optimista, la de la suma virtuosa emanada de una aparente resta, yace la traslación automática al ámbito hispano del muy heterogéneo caldo de cultivo sociológico que tiene como referencia en las urnas al Frente Nacional en Francia. Pero, al menos hasta la fecha, el electorado de VOX no se corresponde en absoluto con el de Le Pen. Y ello porque esa conjetura voluntarista, la de que la cuestión migratoria habría provocado –al igual que viene sucediendo desde hace lustros en Francia– un desplazamiento estadísticamente significativo de antiguos votantes de la izquierda hacia VOX, simplemente no se ha confirmado en la práctica. Así, según el exhaustivo desguace de las secciones censales que acaba de realizar Héctor Meleiro, un politólogo de la Complutense, no resulta factible sostener, tal como indicaría la intuición mediática afrancesada, que el partido de Abascal obtuvo sus mejores resultados en los lugares de Andalucía donde hay un mayor número de inmigrantes extracomunitarios, amén de estar poblados por autóctonos con niveles de renta bajos o muy bajos. Eso es lo que prevé el modelo Le Pen. Pero justo eso es lo que no ha pasado.

De hecho, lo que revela el análisis detallado de las secciones censales, unidades territoriales que agrupan a un máximo de 2.000 electores, es que VOX, que obtuvo buenos resultados donde hay inmigrantes, los obtuvo mucho mejores, sin embargo, allí donde no los hay. Algo especialmente visible en Sevilla ciudad, pero que también se constata en las mesas electorales de los barrios no habitados por población extranjera de poblaciones como El Ejido o Algeciras. Los datos numéricos de las secciones censales, huelga decirlo, resultan mucho más fiables que esas encuestas postelectorales basadas en el recuerdo del voto, la única base de la teoría francesa. Todavía no sabemos lo que será VOX en el futuro. Pero ya conocemos con un grado muy razonable de certeza lo que es en el presente. Es una escisión por la derecha del PP que recoge sus votos, y de forma abrumadora, de la derecha del PP. Todo lo demás es literatura. Al menos, de momento.

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