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Todo es mentira, Alfredo

Todo ha sido una 'iocandi gratia', una coña marinera sin efecto vinculante alguno para el candidato que en su día surja de las primarias.

José García Domínguez
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Tal como sentenció en su día José Luis el Rojo, bajar los impuestos es de izquierdas. Aunque, desde este fin de semana, parece que subirlos también es de izquierdas. Queda claro, pues, que cualquier cosa que haga el PSOE es de izquierdas; y su contraria, también. Se ve que a nuestros pobres socialistas les ocurre como a San Agustín de Hipona, quien, en un rapto de esquizofrenia clínica, dejó escrito para la posteridad aquello tan bonito: "Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos por completo". No solo UPyD, que ni se quiere de derechas ni de izquierdas sino todo lo contrario, también el PSOE recuerda cada día más a la Falange. De hecho, las conclusiones de eso que han dado en llamar Conferencia Política van camino de convertirse el los nuevos 27 puntos de FE y de las JONS, el programa de aquella célebre revolución pendiente que el Caudillo –con buen criterio– se encargaría de aplazar sine die.

Resulta que Rubalcaba se nos ha disfrazado de Capitán Trueno para la ocasión. Así, el mismo vicepresidente del Gobierno de España que cambió la Carta Magna únicamente para dar prioridad a los inversores en deuda sobre los pensionistas y los parados,promete ahora que va a castigar a los ricos, a "los poderosos", que clamaría Beatriz Talegón. Una diglosia, ésa que sufren los socialistas cuando no están en el poder, muy útil a efectos de cuadrar el círculo de sus propias contradicciones. Por un lado, apelando a la demagogia más o menos garbancera y el talegonismo tributario para tratar de poner un torniquete a la sangría de votos por el flanco zurdo de su base sociológica; esos excluidos del Estado del Malestar que ahora huyen hacia la paleoizquierda jurásica del camarada Centella y la desafección antisistema. Por el otro, manteniendo sus compromisos nacionales e internacionales en tanto que partido del establishment.

Estridente retórica izquierdista para la calle, susurros de prudente complacencia para los mercados. No vaya a ocurrir que los ricos de verdad olviden que fue el PSOE del Capitán Rubalcaba y Crispín Zapatero quien les regaló las sicav, esas deliciosas casitas de muñecas fiscales que tan felices les hacen. De ahí, sin duda, la gran broma final. Porque lo acordado en el cónclave resulta que constituye una mera "orientación". ¡Una orientación! Todo ha sido una iocandi gratia, una coña marinera sin efecto vinculante alguno para el candidato que en su día surja de las primarias. Lo dicho, San Agustín en estado puro.

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