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Sostenella y no enmendalla

Los que nos gobiernan piensan que la igualdad de lo desigual la pueden imponer por ley, y sancionar a los que la discutan.

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¿Pertenece a la tradicional hidalguía del español o, simplemente, al español? Para mí, lo segundo. Con independencia de que en la literatura aparezca ligado a la condición de hidalgo, la realidad del siglo XXI muestra que pertenece a la simple condición de ser español.

Frente al principio, ejemplo de humildad, de que corregir es de sabios, en nuestra España abunda más el que aparece como título de estas líneas; expresado más popularmente por "el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra".

Se trata de perseverar en el error, intentando que la sensación de verdad transmitida pueda derrocar a la propia verdad mediante grandes muestras de convicción. Tenemos que reconocer que la mentira, aun en sede judicial, y no digamos nada de en sede parlamentaria, es, para algunos, una especie de jaculatoria.

Las razones para tales comportamientos son varias. Históricamente, pudo ser la idea de que rectificar no era propio de nobles e hidalgos; éstos nunca se equivocaban. Hoy, ha crecido el grupo de los que no rectifican: los intelectualmente más débiles.

Lo malo en nuestro caso es el radicalismo en el sostenimiento del error. ¿Quién se atreve hoy a pregonar que los seres humanos somos todos diferentes de todos? La lluvia de críticas y amenazas estará garantizada.

Se puede comprobar, simplemente, mirando a nuestro entorno, que los hombres somos todos iguales en dignidad por el hecho de ser personas, y que, por ello, debemos de ser también iguales ante la ley.

A partir de ahí, en todo lo demás, somos todos diferentes: los hay altos y bajos, blancos y de color, atléticos y sedentarios, listos y tontos, hábiles y torpes, trabajadores y holgazanes… Esas desigualdades no afectan, ni pueden afectar, a la dignidad como seres humanos.

Tener un falso concepto de la igualdad puede sumir a una nación en una crisis social, y también económica, de la que nunca se recupere. Ese falso concepto de la igualdad es lo que hace que la señora ministra de Educación considere iguales a los bachilleres de buen expediente y a los que tienen asignaturas pendientes; ambos obtendrán el título. Lo importante es conseguirlo sin esfuerzo, no vaya a ser que…

Ese falso concepto de igualdad hace también que la ministra de Trabajo y el propio Gobierno prefieran el convenio colectivo al de empresa; supongo que bajo la presunción de que, si todos somos iguales, las empresas también lo serán. ¿Que aumentará el paro? ¡Qué más da! Los sindicatos contentos, es lo que importa. Llegará el momento que los sindicatos –los de la negociación colectiva– mutarán en ministerios –sindicalismo vertical–; en los presupuestos ya lo son.

Es tan falso el concepto de igualdad que los que nos gobiernan piensan que la igualdad de lo desigual la pueden imponer por ley, y sancionar a los que la discutan. La bola del engaño se perpetuará, agrandándose. Esperan que el tamaño convierta en verdadero lo falso. Es cuestión de acostumbrarse.

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