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América se bate en retirada

Obama es el anti Bush, sostiene Berman. Pero por razones bien distintas a las que suelen esgrimirse.

Mario Noya
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Barack Obama está socavando la posición de EEUU en el mundo, geoestratégicamente sustentada en la promoción y la protección de la democracia liberal, y haciendo el juego a formidables potencias liberticidas como la Rusia de Putin y la jomeinista República Islámica de Irán: he aquí la fundamentada denuncia del profesor de la Universidad de Stanford Russell Berman, que de hecho en las páginas finales de este panfleto llama a religar su país con "los pueblos que luchan por la libertad" y al restablecimiento del liderazgo norteamericano en la arena internacional en beneficio de "los ideales democráticos". Este panfleto –en el buen y beligerante sentido de la palabra– se titula In Retreat: America's Withdrawal from the Middle East, "En retirada: el abandono norteamericano del Medio Oriente", y forma parte de la colección The Great Unraveling, que ya la semana pasada califiqué de extraordinaria.

Obama es el anti Bush, sostiene Berman. Pero por razones bien distintas a las que suelen esgrimirse. El por tantos abominado tejano de Connecticut no trepidaba a la hora de expresar –y materializar– su "apoyo a los movimientos e instituciones democráticos en cualquier cultura o nación, con el fin último de acabar con la tiranía en el mundo", mientras que el ídolo de los idealistas de mucho progreso y de los gerifaltes de la Fundación Nobel ni sabe ni quiere saber de los que literalmente se juegan la vida en el Gran Oriente Medio por denunciar los crímenes y desmanes de quienes los sojuzgan. Que se lo digan a los iraníes del Movimiento Verde o a los sirios que se alzaron contra Asad en la primera hora. "Los llamamientos a la democracia, unleitmotiv de la política norteamericana desde Woodrow Wilson hasta George W. Bush, han sido silenciados por la Administración Obama", concluye y acusa el profesor Berman.

"Dejénme ser claro: ningún sistema de gobierno puede o debe ser impuesto a una nación por otra", afirmó en su día Obama; aquel día, le escrutó Berman, "no podía haber sido más explícito: ningún dictador debe nunca volver a temer" que Estados Unidos vaya a moverle la silla. Asad tomaría buena nota.

Cabría decir que esa frase tan bonita de Obama no hay por dónde cogerla, tanto desde el ser como desde el deber ser. Curiosa y afortunadamente, no se le ocurrió decir nada parecido el pasado día 6, durante su discurso conmemorativo del 70 aniversario del Desembarco de Normandía. Tampoco parece guiar sus relaciones con el Irán que controla Siria y el Líbano y anda tratando de hacer lo mismo con Irak.

Irak, el Líbano, Siria. Es decir, Irán. Irán es la clave de toda la política mesoriental de Obama. Teherán es la potencia emergente, piafante, en la zona. Obama lo sabe. A Obama da la sensación de no importarle. De hecho, cualquiera diría que lo ve con buenos ojos, en vista de su acción/inacción en crisis como la siria. En Siria, por cierto, la democratización jamás ha sido el objetivo del presidente demócrata, afirma Berman. De hecho, abunda, la democratización sería un escollo para lo que verdaderamente le importa: acercarse a Teherán, negociar con Teherán, dejar incluso que Teherán llene el vacío que está dejando Washington en la región. La idea ahí consistiría en generar un equilibrio entre suníes y chiíes que acabara por estabilizar el Oriente Medio postamericano.

En este punto, el imprescindible Lee Smith tiene algo muy importante que decir –aquí y en otro libro de esta serie tan recomendable–:

En varias entrevistas el presidente ha descrito un nuevo marco regional, un nuevo equilibrio geopolítico, con Irán contrabalanceando a los Estados suníes en el Golfo Pérsico. (…) El problema es que no hay manera de balancear eso: Arabia Saudí es incapaz de proyectar poder sin el respaldo norteamericano. Así, Riad no tiene el equivalente de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria iraní, (…) que se hace cargo de la implicación de Irán en la guerra siria, así como de llevar a cabo acciones terroristas [en el extranjero]. Por eso, cuando la Casa Blanca dice que trata de balancear, lo que los aliados de EEUU entienden es que EEUU, como hicieron los británicos hace medio siglo, está abandonando la región, y dejándola en manos de Irán.

Del Irán jomeinista que somete el Líbano vía Hezbolá y avasalla Siria con su esbirro Asad y pretende fagocitar a su vecino Irak. Que clama por la aniquilación de Israel –a cuyos enemigos (Hamás, Yihad Islámica) arma– y tiene por gran objetivo dotarse de armamento nuclear. Se entiende bien entonces que los socios regionales de Estados Unidos anden entre estupefactos, temerosos e indignados. Berman brama: Washington no sólo está traicionando a sus aliados, sino incurriendo en ominosa dejación de sus responsabilidades como hegemón. Y advierte de un futuro previsible no signado por el equilibrio de poderes Sunna-Shia que anhela Obama sino por un reguero de Estados fallidos (o canallas) desde Argelia hasta Afganistán. De lo malo, lo peor, por ponerlo todo en tétrico.

***

América se bate en retirada. La bate Obama. ¿Verdaderamente Obama es un traidor? Gravísima acusación. Que muy probablemente sólo pueda sostenerse si sus detractores –al menos los que piensan como Berman– incurren en un paradójico ejercicio de wishful thinking y le atribuyen ideas y lealtades para ellos muy queridas pero que él jamás habría sostenido. El excepcionalismo americano y su promoción y protección de la democracia liberal, sin ir más lejos. Quizá la realidad sea otra. Quizá, en fin, sea mucho más certero concluir que Obama es un auténtico hijo de su padre.

Russell Berman, In Retreat: America's Withdrawal from the Middle East, Hoover Institution, 2014.

© elmed.io

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