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La proporcionalidad

La única decisión conforme al nivel de amenaza que representan las fuerzas separatistas es su ilegalización.

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Rufián, en el Parlamento.

El Partido Popular y el PSOE han pactado dar una respuesta "proporcional" al desafío que supone la elección de un racista irrestricto al frente de la Generalidad. A tenor del programa de gobierno esbozado en el discurso de investidura por el eufónico presidente Torra, la respuesta proporcional sería suspender la autonomía con carácter indefinido. Es la única contrapartida posible ante la amenaza de vulnerar el estatuto de autonomía y destruir el marco constitucional formulada por el presidente autonómico de Cataluña, si se quiere observar cierta reciprocidad.

Pero no parece que ese sea el concepto de proporcionalidad política de Sánchez y Rajoy. En su jerga electoralista, e influidos por las devastadoras encuestas para sus respectivos partidos, ambos dirigentes entienden ese concepto como la necesidad de hacer algo que cubra el expediente frente a sus electores de fuera de Cataluña (para los que les quedan dentro del Principado no vale la pena el esfuerzo), pero sin forzar la situación hasta extremos en los que sea imprescindible dar un golpe de autoridad. Total, una cosa razonable, que diría Rajoy, cuya capacidad para la equidistancia, la principal virtud política del dirigente democrático, es ciertamente inigualable.

Sin embargo, la verdadera proporcionalidad no admite grados. Algo es proporcional o no lo es, según responda adecuadamente o no a una condición previa. En su virtud, un Estado democrático no puede tolerar en su seno la existencia legal de partidos que buscan su destrucción. Por eso, la única decisión conforme al nivel de amenaza que representan las fuerzas separatistas es su ilegalización, que es precisamente lo que sucede en los países desarrollados y con democracias avanzadas, como una cuestión elemental de profilaxis política.

Ningún partido con representación parlamentaria se atreve a plantear una cuestión tan sencilla por el terremoto político que se desataría. Ahora bien, tienen la opción de consultar a los españoles, como pide Podemos para todas sus chorradas, a ver qué opinamos sobre el hecho de que los partidos separatistas vivan de nuestros impuestos y nos amenacen a diario con destruir el país. En otras palabras, un referéndum legal, el único proceso democrático cuyo resultado es innegablemente proporcional.

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