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Pablo Molina

Las Montero y las Pastor

La elección de Ana Pastor para representar al Partido Popular fue una idea magnífica que sin duda agradeció el resto de partidos

Pablo Molina
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Tenemos una humorista de ministra de Hacienda, pero ella no lo sabe. María Jesús Montero estuvo anoche dando lo mejor de sí misma para que los votantes socialistas tengan una idea cabal de a quién están entregando la caja del Estado. Por su parte Irene Montero, su futura socia de Gobierno si Iglesias no lo impide en otro de sus arrebatos, celebró la caída del Muro de Berlín recuperando las recetas más polvorientas del recetario marxista. Ambas proporcionaron el toque de exotismo ideológico y de humor disparatado que la izquierda imprime siempre a los debates, cuando explica cómo nos va a arruinar y a acabar con nuestra libertad a mayor gloria de la democracia y la Constitución.

En representación del PP estuvo Ana Pastor, tratando de espantar los pocos votantes liberales que le quedan a su partido. La otra Ana Pastor, la moderadora omnisciente capaz de interrumpir a cinco invitados a la vez (no te digo que lo superes; iguálamelo), hizo también lo suyo para dar su toque de gracia a un debate que resultó más aburrido que el de los candidatos masculinos, aunque a alguien le cueste creerlo.

El panel de discusión lo completaron Inés Arrimadas, a la que nadie explicó que su partido había votado esa misma tarde junto con el PP y VOX a favor de ilegalizar a los partidos separatistas, y Rocío Monasterio que, como el lunes hiciera su jefe de filas, defendió sin ningún complejo sus propuestas, con la ventaja de que muchas de las medidas que proponen no necesitan complicadas explicaciones porque surgen del más elemental sentido común.

La elección de Ana Pastor para representar al Partido Popular fue una idea magnífica que sin duda agradeció el resto de partidos por el permanente tono de institutriz rebotada y la sonrisa de circunstancias con que se pasó medio debate, tratando de que su homónima le concediera más minutos que a las demás. Ajena al rechazo instintivo que provoca semejante puesta en escena, su gran aportación fue esta frase, que debería figurar tallada en mármol en las arquivoltas de entrada de la sede del PP: "El Estado de las Autonomías es lo mejor que nos ha pasado a los españoles". Ele, nada que añadir. Bueno, sí. Pastor y el Partido Popular también creen que existe una brecha salarial machista y que hay que luchar contra la terrible amenaza del calentamiento global. Si con este cañón Bertha Casado no sale presidente el domingo, no lo será ya jamás.

Las debatientes demostraron que son capaces de aburrir incluso más que los varones que lideran sus respectivas candidaturas. A dos días de las elecciones es seguro que no habrán influido mucho en el voto, pero los efectos del debatín es posible que se noten en las cifras de abstención. El año próximo debería presentarlo Ana Blanco, la del telediario de TVE-1, a ver si se le pasa el fervorín feminstoide y pone también su grano de arena para que el tostonazo deje definitivamente en mantillas a los machirulos que impiden a las mujeres de sus partidos destacar.

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