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Engordando a los 'traperos'

Para el separatismo, los Mossos son el embrión del Ejército catalán. Al parecer hay interés en que los 'traperos', así se les llama ahora, opongan más resistencia la próxima vez.

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Mossos d'Esquadra, custodiando el Parlamento regional de Cataluña | EFE

El Gobierno ha llegado a un primer acuerdo económico con la Generalidad, por el que el Estado pagará a los representantes de los partidos golpistas en el Ejecutivo catalán 1.450 millones de euros en los próximos cuatro años si se aprueban los Presupuestos. De entrada, el Ministerio de Hacienda de María Jesús Montero se compromete a incluir 300 millones en el próximo Presupuesto, la mitad para financiar la recluta de más Mossos y su rearme. Sin noticias, entre tanto, de la equiparación salarial, para que los guardias civiles y los policías nacionales cobren lo mismo que los policías regionales de Cataluña y el País Vasco.

El anterior Gobierno catalán se quedó con las ganas de adquirir armamento pesado –con su munición correspondiente– semanas antes del golpe de Estado. En aquellos momentos, el que era jefe de los Mossos, Josep Lluís Trapero, al frente de una tropa armada de 17.000 efectivos, se mostraba reacio, como mínimo, a cumplir las órdenes judiciales relativas a prestar auxilio a la Guardia Civil o impedir el referéndum ilegal del 1-O. Venía de protagonizar una impresionante campaña de marketing sobre el emergente Estado catalán por su respuesta a los atentados islamistas del 17 de agosto en Barcelona y Cambrils.

Por entonces, los Mossos practicaban seguimientos a políticos y particulares "unionistas", según su jerga. Existía y existe una activa sección de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) llamada Mossos per la República y cuyo jefe, Albert Donaire, se dedica a propagar vídeos en YouTube en los que dice que los españoles son una excrecencia. El agente es seguidor de las teorías racistas de Torra. También existe una asociación secreta de Mossos nacida contra el 155, el grupo Guilleries, que distribuye panfletos entre los agentes. Un mosso de la científica es columnista habitual de la prensa separatista, donde escribe cosas como esta: "Encara vibra la meva ànima als crits dels centenars de milers de vinguts d’arreu dels Països Catalans que, passades les 17.14 hores, tombaven amb la seva força els murs de l’Estat". Hay esteladas en las comisarías y hasta carteles que piden la libertad del exconsejero Forn y gloria para Trapero.

Además, las imágenes de los Mossos durante el referéndum ilegal, sus enfrentamientos con guardias civiles y policías nacionales, las comunicaciones internas en las que reportaban la situación de las furgonetas de la Guardia Civil y la Policía Nacional muestran a las claras que no obedecían precisamente a los jueces.

Lo único que ha cambiado en los Mossos desde el 1-O son los jefes. El exconsejero espera el juicio en la cárcel y Trapero está en libertad condicional, apartado del cargo pero con nómina y despacho de florero. Se le mantiene el grado de major, el máximo y el único que hay en el cuerpo. En cumplimiento estricto de las órdenes, los Mossos vuelven a estar al servicio del golpe. Amenazan e identifican a los que retiran propaganda separatista y velan para que los matones de los Comités de Defensa de la República (CDR) impidan cualquier manifestación de signo contrario en las calles.

Para el separatismo, los Mossos son el embrión del Ejército catalán, el cuerpo que debería haber tomado el control del territorio una vez proclamada la república. Fracasaron estrepitosamente. Lo único que pudieron hacer fue evadir a Puigdemont y prestarle máxima cobertura a pesar de su condición de prófugo de la Justicia española. Es obvio que no todos los Mossos son separatistas, como también resulta evidente que si no actuaron tras la proclamación de la república fue porque Puigdemont echó a correr y sus jefes se entregaron a la Justicia. Que iban de farol para provocar una negociación, según dicen. En esas circunstancias, los mossos que estaban dispuestos a defender la república se fueron a sus casas para no poner en riesgo la nómina.

El separatismo no retrocede. Está recuperando el aliento y "ensanchando la base". Necesita más dinero para comprar más voluntades y el Gobierno de Sánchez está dispuesto a aflojar la pasta. Que bajo subterfugios y mandangas sobre disposiciones adicionales estatutarias se vayan a distraer 150 millones para los Mossos d'Esquadra debería disparar todas las alarmas; pero, como escribe Ignacio Vidal-Folch, "el Estado español dedica ingentes recursos financieros a combatirse a sí mismo". Al parecer hay interés en que los traperos, así se les llama ahora, opongan más resistencia la próxima vez.

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