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Pablo Planas

Ese pedazo de Joan Tardà

Tardà, Rufián y Homs son los políticos menos presentables del proceso y a la vez unos muy cualificados representantes del nivel medio-alto del catalanismo

Pablo Planas
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Tardà, Rufián y Homs son los políticos menos presentables del proceso y a la vez unos muy cualificados representantes del nivel medio-alto del catalanismo
Tardà y Rufián | Europa Press

Los diputados Joan Tardà, Gabriel Rufián y Quico Homs son probablemente los políticos menos presentables del proceso y a la vez unos muy cualificados representantes del nivel medio-alto del catalanismo. Quien creyera que hay un punto de exageración en las noticias del Principado no tiene más que ver la intervención de Tardà de este miércoles en el Congreso de los Diputados para advertir que el pollo sin cabeza, la cabra con cuatro cuernos y la carpa Juanita (que bebe en porrón y come con cuchara en el Museo de Curiosidades Marineras de Villanueva y la Geltrú) no son leyendas de la caverna mediática sino especímenes tan excepcionales allende el Ebro como reales, abundantes e inevitables en el oasis bananero catalán.

Tardà pasa por ser un tipo abierto, simpático y letrado en Cataluña, un hombre directo, claro y desprejuiciado, al gusto de la nueva política, que como su homónima cocina es un plato enorme con tres guisantes y un chorretón de vinagre balsámico. Sus soflamas son de órdago a la grande y en el timbre abrupto de su voz se atisba la amenaza. "Somos cívicos, pacíficos y democráticos", brama Tardà igual que el matachín que reclama, por las buenas, el impuesto mafioso en el badulaque de la esquina. Y que coloquen una estelada en el rótulo normalizado del comercio.

La degradación del nacionalismo catalán no sólo estriba en la generalizada práctica del saqueo, sino en un relato que a pesar de no aguantarse ni con pinzas cala en una extensa porción de la opinión pública catalana, abducida por las inenarrables teorías de un mítico Estado catalán preexistente tan sólo en la fértil y calenturienta imaginación de sus promotores y anterior incluso a los siete reinos de Juego de Tronos. Pura ficción convertida en dogma de fe después de cuarenta años de pujolismo en vena, inmersión lingüística y formación del espíritu cebolludo en guarderías, escuelas, centros de día, medios públicos, subvencionados, supermercados y ateneos municipales.

Vocea el ínclito Tardà: "Si nos meten en la cárcel, los catalanes nos liberarán". ¿Pero quién ha hablado de cárcel? Si algo distingue el llamado proceso es la pura impunidad, el coste cero de los insultos, proclamas y arengas contra los españoles, el ninguneo de los disidentes, el doble rasero y el manifiesto consentimiento de la ilegalidad supina. ¿Prisión para Mas o Forcadell? ¿Pero qué huevadas dice, señor Tardà? No lo flipe. Volarán os porcos antes de que se haga justicia, y una mera inhabilitación sería suficiente.

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