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Pablo Planas

La Barceloneta: nos mean y dicen "It's raining!"

Cómo será la cosa que los barceloneses de orden que van quedando confían en que Ada Colau pueda evitar que Trias repita o que gane el candidato de ERC.

Pablo Planas
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Cómo será la cosa que los barceloneses de orden que van quedando confían en que Ada Colau pueda evitar que Trias repita o que gane el candidato de ERC.

Como el alcalde Xavier Trias es una nulidad política, el hecho de que no esté en Barcelona en plena crisis de la Barceloneta podría facilitar el buen desenlace de la revuelta vecinal, pero ocurre que quienes se han quedado al cargo son menos aptos aún que él para la gestión de la ciudad. En el popular barrio marítimo de la capital de Cataluña topan el modelo turístico de CiU para Barcelona (que consiste en convertirla en un hotel cutre pero con todo incluido) con lo más granado de los reformatorios de media Europa y parte de los Estados Unidos.

Tal confluencia provoca, como mínimo, dos efectos muy visibles: el retorno de la especulación inmobiliaria y el regreso del turista naturista, que viene con lo puesto, o sea, con nada. La Barceloneta, el antiguo barrio de pescadores, es una zona humilde que ha visto multiplicado por cien el valor de sus inmuebles mientras los precios de las viviendas se desmoronaban a su alrededor. Y no es que los pisos de la Barceloneta tengan vistas espectaculares, grandes comodidades y amplios espacios. No, para nada y todo lo contrario. Los pisos son tan pequeños que en catalán se llaman quarts de casa, lo que quiere decir que muchos de ellos tienen menos de treinta metros cuadrados y dan a patios lúgubres y angostos.

Corre la leyenda de que Paris Hilton es propietaria de uno de estos quarts de casa, que utiliza como caseta de playa porque le gusta el ambiente bizarro de la playa. Lo que no es leyenda es que tales apartamentos se cotizan por encima del cuarto de millón de euros y hay inversores chinos y rusos interesados en comprar inmuebles enteros. El negocio no está en la reventa sino en la utilización intensiva de las liliputienses habitaciones como apartamentos turísticos de alquiler, por días o semanas.

La combinación de mozalbetes en porretas y jóvenes semidesnudas en avanzado estado de intoxicación etílica (y se supone que psicotrópica también) con los vecinos del barrio (que aún quedan, sobre todo en régimen de alquiler) ha causado una insólita rebelión del paisanaje local, que está hasta las narices de que les meen, literalmente, encima y les digan "It's raining!". No es que la Barceloneta sea un barrio distinguido por su moralidad, urbanidad y buenas costumbres. En eso está a la altura de cualquier otro barrio en una ciudad en la que los okupas de Can Vies mandan más que los concejales de CiU. Por eso, que los vecinos se hayan lanzado a la calle en contra de esa clase de turismo y de la vista gorda de Trias con los apartamentos, casi todos ilegales, significa que la degradación ha llegado a extremos inimaginables en una ciudad por lo demás tolerante, acostumbrada al sexo callejero, a las juergas non stop, a los ciclistas gamberros, a las manifestaciones independentistas, a las cacas de perro y a las que no son de perro.

Cómo será la cosa que los barceloneses de orden que van quedando confían en que Ada Colau pueda evitar que Trias repita como alcalde o que gane el candidato de ERC, que es el Alfred Bosch al que Jesús Posadas le presentó un libro. Trias, que no ha dimitido pero es como si tal, se encuentra pasando unos días en Fornells, Menorca, cerca de las residencias de Mas y Millet. ¿Millet? Sí, el mismo del que dijo Trias que "sólo" coincidían en cenas durante las vacaciones, el del Palau. Está quedando Trias como los italianos que se paseaban desnudos por la Barceloneta, en pelota picada.

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