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Pablo Planas

La NASA catalana

Puigdemont, Torra y Rufián ya se lo imaginan: cohetes catalanes surcando el espacio, a la búsqueda de vida extraterrestre y nuevas repúblicas.

Pablo Planas
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Puigdemont, Torra y Rufián ya se lo imaginan: cohetes catalanes surcando el espacio, a la búsqueda de vida extraterrestre y nuevas repúblicas.
Libertad Digital

Los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) refieren que en Cataluña ya hay más de medio millón de desempleados. Cientos de miles de personas se enfrentan a situaciones de pobreza extrema. Cada vez son más largas las colas a las puertas de las organizaciones que reparten alimentos. En el plano sanitario, los hospitales están al borde del colapso. No hay médicos ni enfermeras suficientes para afrontar con unas mínimas garantías la segunda oleada del coronavirus. Hay enfermos con otras patologías que no pueden ser debidamente atendidos. Las residencias de ancianos vuelven a arrojar datos alarmantes sobre la incidencia del coronavirus y siguen sin contar no ya con enfermeras sino con un personal formado y especializado.

La Generalidad da palos de ciego frente a la epidemia. El último, el cierre de bares y restaurantes. Las pérdidas son colosales. El sector calcula que unos veinte mil establecimientos, el 40%, no sobrevivirán al cerrojazo administrativo. El impacto sobre el paro será mayor aún que el relacionado con la catástrofe turística. Miles de pequeños empresarios y aún más trabajadores se han quedado de un día para otro sin ingresos. Y en medio de todo este panorama desolador no es que los altos cargos y consejeros de la Generalidad sigan manteniendo sus magníficos sueldos (el vicepresidente Aragonès dispone de cuatro jefes de prensa –no uno, ni dos, ni tres– que cobran un total de quinientos mil euros anuales), sino que además han tenido los huevazos de presentar la NASA catalana, lo último en separatismo, que deja en la pura obsolescencia todo el tema de las embajadetas.

Ahí es nada, una agencia espacial regional, Catalonia New Space, the last parida de Puigdemont y sus cuates. El autor principal del disparate es Jordi Puigneró, separatista sin tacha, ferviente defensor de la teoría de que Cataluña descubrió América y firme aspirante a ser el próximo presidente autonómico. La idea es lanzar varios nanosatélites al espacio para observar la Tierra. El coste, una nadería, dieciocho millones de euros que se detraen de la enseñanza, el transporte público o, mejor aún, de la sanidad pública y que se mueran los viejos.

Puigdemont, Torra y Rufián ya se lo imaginan. Cohetes catalanes surcando el espacio, alucinando y alunizando a la búsqueda de vida extraterrestre y nuevas repúblicas. Marte al alcance de la mano, la bandera estelada en los anillos de Saturno. Puigneró lo flipa, habla de "la nueva economía del espacio" y se regodea en los servicios digitales que podrán proporcionar los nanosatélites catalanes, desde el seguimiento de las borrascas al control de los rebaños de la cabra autóctona catalana, más la mejora de la conectividad entre Barcelona y Waterloo.

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