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Los ofendiditos de Cataluña

El tridente de la Generalidad de Cataluña, Quim Torra, Elsa Artadi y Pere Aragonès, está que se sube por las paredes.

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Elsa Artadi, Pere Aragonès y Quim Torra | EFE

El tridente de la Generalidad de Cataluña, Quim Torra, Elsa Artadi y Pere Aragonès, está que se sube por las paredes. Artadi mismo, expresión cumbre del chic barcelonés, se ha disfrazado de la CUP y ha lucido este miércoles una camiseta reivindicativa de la dieta de los golpistas presos. Y menuda soflama se ha largado a cuenta del incremento de gasto en Defensa impulsado por el Gabinete del doctor Sánchez. Tremenda pacifista por contraste con el balcánico Torra.

A pocas horas de la cumbre entre el Gobierno y el Govern, hasta Pere Aragonès, vicario de Junqueras y vicepresidente de Cataluña a la tierna edad de 35 años, ha elevado el tono en el Parlamento regional en un intento de desmentir que las tropas de asalto del separatismo sean violentas. Menudas voces que ha pegado. Para dárselas del pincho, el hijo y nieto de altos cargos del franquismo ha tildado a la monarquía parlamentaria de "chiringuitazo", precisamente él, ese muchachito de familia bien, ahora con el acento al revés, de la estirpe de los que ganaron la guerra y siguen triunfando con la revancha. Igual que los Llach y los Puigdemont de Verges y Amer, provincia de Gerona. El último Aragonès tuvo una decidida participación en el golpe de Estado, pero por alguna razón insondable no está imputado en el 1-O como su jefe directo, Junqueras, y sus inmediatos subordinados cuando el golpe, Lluís Salvadó y Josep Maria Jové, el de la agenda.

Muy soliviantado se ha mostrado también Torra en la cámara autonómica. Henchido de ardor guerrero, ha arremetido contra el nuevo jefe del PP, Alejandro Fernández, y contra la líder en Cataluña de Ciudadanos, Inés Arrimadas. Torra, que va de pacifista hasta cuando mienta la vía eslovena, ha elevado la voz y apretado los puños para replicar a la oposición, preocupada por lo que pueda pasar mañana viernes en Barcelona, a tenor de las protestas convocadas.

A la mayoría de los habitantes de Cataluña ya les ha llegado al móvil el aviso de que los CDR piensan reventar el "país" cortando las carreteras, los puertos y el aeropuerto. Todo el mundo está avisado. Barcelona será una ratonera con la colaboración especial de la Generalidad, cuyo presidente se niega a reprobar a sus muchachos de los Comités de Defensa de la República (CDR), los matones de las juventudes de la CUP y los meritorios de Junts per Puigdemont y ERC. Para Torra y sus polloperas, el derecho a quemar neumáticos está por encima del derecho a llegar al trabajo o a recibir asistencia médica.

Son los ofendiditos de Cataluña, los que se hartan de canelones al mediodía y se van a la cama sin cenar en solidaridad con los golpistas presos en huelga detox, los que asisten a todas las cenas y misas amarillas de guardar, los que mandan hasta con el 155 (¿o es que Aragonès y Artadi dejaron de mangonear y cobrar durante la aplicación del artículo?), los que se pasan la vida dando lecciones de moralidad llamando "feixistes" a los demás y los que además se niegan a pedir a sus idiotas por la república que dejen vivir a la gente en paz.

Claro es que a los citados Artadi y Aragonès y al presidente Chistorra ya les va bien que se líe parda mañana. Lo peor que les puede pasar con Sánchez es que se reaplique un 155 de chichinabo que les exonere de sus promesas republicanas y les permita estirar la goma. La única medida concreta del Gobierno Torra a la espera de la república ha sido la de subirse el sueldo un diez por ciento.

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