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Rajoy en Mogadiscio

Es probable que, para Rajoy, Cataluña sea el menor de sus problemas.

Pablo Planas
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Los empresarios catalanes de Fonteta, el tercio de la sociedad civil, reclaman en bloque la publicación de las balanzas fiscales. Es un clam. Cuatro días después del desembarco del PP en Cataluña, Fomento del Trabajo, el Círculo de Economía, el Círculo Ecuestre y la Generalidad, todos a una, braman por la desclasificación de las cuentas del Estado en la seguridad de que el formato de los cálculos confirma la propaganda nacionalista sobre el expolio fiscal.

Los efectos del discurso de Montoro en Cataluña (tras una misión exploratoria de Margallo, todo hay que decirlo) se han traducido en una movilización del sector negocios, el pijocatalanismo, que urge al Gobierno a poner precio a España para dar satisfacción al clan Pujol. Que el encargo de Montoro fuera desmontar el "España nos roba" del separatismo no cuadra con el hecho de que él mismo y sus ayudantes se hayan dedicado con denuedo a extender por ahí la idea de que las balanzas fiscales confirman la propaganda nacionalista del "España nos roba". Es aquello del tiro en el pie, lo de Rajoy en Barcelona. Ahora mismo, hasta el que organizó el sarao del Ampurdán pide balanzas fiscales y bisbes catalans. Podría pensarse que el plan de Rajoy y el desembarco del PP en Cataluña han sido como la campaña de Napoleón en Rusia. Mariano en Mogadiscio, Black Hawk derribado, misión abortada, mayday y los empresarios que tirotean a Mas, pero enarbolan las pancartas del bueno de Junqueras, salvo en lo de montar una huelga general.

Los nacionalistas dicen de corrido que sus mejores publicistas son los dirigentes del PP, a los que consideran auténticos graneros de votos para el independentismo. Son tan modestos, los nacionalistas, que no valoran los efectos de más de tres décadas de adoctrinamiento en escuelas, parroquias y medios de comunicación. De todas maneras, no hace falta recurrir a los servicios de los historiadores del España contra Cataluña para flipar en colores con lo de Montoro en Cataluña, que es como eso de encargar el asunto catalán al ministro de Exteriores, para que le eche un ojo entre lo de Gibraltar y Panamá.

Es probable que, para Rajoy, Cataluña sea el menor de sus problemas. Al portazo de Vidal-Quadras y al plante de Mayor Oreja se suma el desplante de Aznar. La foto de Mondragón, el cónclave del PP en el País Vasco, el caso Bárcenas, la reforma de la ley del aborto, el bofetón sanitario en Madrid, las encuestas en esa comunidad, el candidato (o candidata) para las europeas y el vacío de liderazgo en Andalucía son puntos del orden del día que anteceden a las espesuras catalanas. De hecho, la interpretación de lo ocurrido en los últimos días en Cataluña ha debido de satisfacer hondamente a Rajoy. El balance es fantástico y lo de los balanzas, pistonudo. Todo encaja. El presidente del Gobierno mantiene el fla (Fondo de Liquidez Autonómica), el ministro de Hacienda marranea con la fiscalidad y la "sociedad civil", los de los círculos, remata con las balanzas. No hace falta saber las reglas del mus para concluir que esto se va a dirimir a pares y juego, en la bilateral Estado-Generalitat, el concierto vasco a la catalana. Match ball para la patronal, la de Mas. El siguiente paso es sentarse a negociar el rescate. Les ha salido redondo. Niquelao. A los de CiU, claro.

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