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Pablo Planas

Sánchez y el problema de España

Sánchez es rehén de su palabra, está atrapado en el "no" y nada ni nadie, ni el Ibex ni Felipe, van a apartar al secretario general del rumbo de colisión.

Pablo Planas
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Sánchez es rehén de su palabra, está atrapado en el "no" y nada ni nadie, ni el Ibex ni Felipe, van a apartar al secretario general del rumbo de colisión.
Pedro Sánchez | EFE

En la personalidad política de Pedro Sánchez concurren los principios de la física atómica y las leyes de Murphy, lo que aboca inexorablemente a una catástrofe sideral o terceras elecciones. Sánchez no tiene ni pies ni cabeza, sólo un "no" que es más berrinche que discurso. Encarna a su vez la máxima de que todo es susceptible de empeorar, lo que tras la devastación zapateril de España y el PSOE parecía imposible. Pues no.

Sánchez es rehén de su palabra, está atrapado en el "no" y nada ni nadie, ni el Ibex ni Felipe, van a apartar al secretario general del rumbo de colisión. A sus efectos, votar en contra del acuerdo de investidura entre populares y ciudadanos es un ejemplo de coherencia en vez de un rejonazo de muerte en todo lo alto de la credibilidad democrática de su partido y de la gobernabilidad del país.

Da igual que en el mayúsculo despropósito de precipitar unas nuevas generales el PSOE pueda batir sus nefastos registros con el guapo de candidato, que los barones le susurren que es mejor ser jefe de la oposición que carnaza para las tintoreras, que los electores, los suyos y los demás le atribuyan en exclusiva la culpa de unas urnas con turrón del duro, mortadela de aceitunas y sidra achampañada.

Sánchez es Alfredo Evangelista ante Mohamed Alí, el más humilde Alcoyano frente al Madrid galáctico, la selección de baloncesto de Tonga contra el Dream Team, sólo que sin el encaje del boxeador hispano-uruguayo, la resiliencia de los alcoyanos y la dignidad de los togoleses. Hablamos del tipo del gimnasio que posturea con las pesas y se mira en el espejo, del adonis de playa que juega a pala jorobando la matraca, del Inhumano al que le duele la cara, de una parodia arrabalera del pijoaparte entre castizo, chulapo y desorientado, muy desorientado.

El problema de Sánchez es que no ha entendido nada. El problema de España (entre otros) es que Sánchez está al frente del PSOE y nadie en ese partido, ni siquiera la aleonada Susana Díaz, parece tener lo poco que hay que tener para enviar al nota de vacaciones a Siberia o Formentera.

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