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Andalucía

Pedro de Tena

"Estoy hasta los cojones de todos nosotros" sonó en el Parlamento andaluz

El diputado de Cs Fran Carrillo dijo la famosa frase de Estanislao Figueras a cuenta del terremoto político de esta semana.

Pedro de Tena
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El diputado de Cs Fran Carrillo dijo la famosa frase de Estanislao Figueras a cuenta del terremoto político de esta semana.
El diputado de Cs, Fran Carrillo, durante su intervención en el Parlamento de Andalucía. | Europa Press

Eso fue lo que dijo el diputado andaluz de Ciudadanos, Fran Carrillo, en su intervención parlamentaria en el pleno de ayer en el que, como es natural, el murmullo estaba herido por la puñalada de Murcia, por la reacción de Madrid, por la villanía de Castilla y León y por las sospechas andaluzas.

Pero, claro, ¿quiénes eran nosotros? ¿Los que traicionan o los traicionados? A ver, ¿quiénes diseñaron la felonía murciana? ¿Todos? No, hombre, no, a menos que se refiriera a todos los Ciudadanos de su partido.   

Eso sí, tuvo su punto culto y erudito porque cuando la presidenta de la Cámara, Marta Bosquet, de Ciudadanos Almería, le exigió “decoro parlamentario”, Carrillo le respondió que esa misma expresión fue pronunciada por Estanislao Figueras, primer presidente de la I República en junio de 1873 ante la incapacidad de acuerdo de aquella casta corralera y republicana y poco antes de dar una espantá política legendaria.

Don Benito Pérez Galdós, en su Episodio Nacional correspondiente, no se hizo eco de tal frase que, según la tradición fue en realidad la siguiente: “«Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!». Al menos así la cita el historiador Fernando García de Cortázar en su libro Los perdedores en la historia de España como lo han hecho otros divulgadores. 

Galdós sí se refirió a la fuga de Figueras que se fue a Francia sin dimitir siquiera tras haberse desahogado. Fue el día de su muerte política. Pero lo que dijo lo glosaron muchos como don Emilio Castelar que, tras la galopada del general Pavía, dijo: “Aquí en España todo el mundo prefiere su secta a su Patria, todo el mundo... De ahí una guerra que yo he calificado muchas veces de animal, guerra que se declaran aquí unos partidos a otros, intolerantes todos, intransigentes todos".  Ni una coma hay que quitar. Lástima que Luis Carandell lo considerara una mera anécdota parlamentaria y no una esencia política nacional.

Tras el plagio del dicho, y a pesar de su contundencia, no crean que la cosa fue a mejor, sino que fue como siempre. Otra famosa expresión andaluza expone: "¿Lo hacemos  bien o como siempre?". Pues como siempre, porque a estas alturas ya nadie puede fiarse de nadie tras la desolación moral de Inés Arrimadas.

Eso sí, aunque nadie conoce a nadie, todos insistieron en que el oasis andaluz no sufrirá los dolores de la alevosía ni del empujón mezquino ni de la desestabilización. Hasta Susana Díaz aseguró que nada tenía que ver con secretas mociones de censura ni operaciones oscuras  a pesar de haberse encontrado furtivamente con la enemiga de Juan Marín en Ciudadanos, Rocío Ruiz. Qué foto. 

Mientras Juan Marín y Juan Manuel Moreno se besaban una y otra vez prometiéndose amor eterno y Vox bajaba el tono de su petición de elecciones anticipadas para evitar murcianadas, quedaba más que claro que Susana Díaz de tanto mirar para atrás hacia sus días de gloria se ha quedado convertida en una estatua de sal, aunque de poca sal, la verdad.

No puede hacer nada, al menos por ahora, lo que la conduce directamente al patíbulo de unas elecciones primarias donde será ejecutada por Pedro Sánchez casi con toda seguridad. Su clavo ardiendo, como apuntamos ayer, podría haber sido una moción de censura triunfante que la resucitara como presidenta de la Junta y evitara su extinción política. 

El problema es que está maniatada por su pasado, por su presente y por su sinfuturo. ¿Quién de Ciudadanos se atreverá a poner mano en candela por la representante en la tierra de María Santísima de la tela de araña socialista? Nadie, salvo los desesperados, cuyo número va a ir aumentando poco a poco conforme vayan disminuyendo los escaños y los puestos en el imaginario electoral.  Pero eso tarda y necesitaría el consenso de un Pedro Sánchez que la ve muy bien de ídolo salificado.

Sólo puede hacer oposición pero tampoco le sale. Ayer mismo, otro revés, y de los gordos. Tras una batalla para hacer que el consejero mayor de la Cámara de Cuentas, el socialista Antonio López, se perpetuara en su cargo contra toda lógica jurídica, el Parlamento andaluz dio a conocer el informe de su Letrado Mayor en el que dice que su mandato expiró en febrero y que está taponando la elección de un nuevo presidente. Eso es exactamente lo que han sostenido PP, Ciudadanos y Vox con lo que la derrota política es abrumadora y propicia que el cambio en la entidad controladora de las cuentas andaluzas dé paso a un funcionamiento institucional y no partidista de la Cámara de Cuentas. Ya se verá.

Eso sí, a Susana Díaz le queda  la letanía de la “ultraderecha”, cantinela-treno que volvió a sacar ayer exhibiendo la estrategia nacional de su partido desde el minuto uno: Vox es ultraderecha, aunque no robe ni mate ni grite ni ponga en tela de juicio la democracia ni la Constitución. Podemos y los separatistas, algunos con pólvora y sangre aún en las manos, son palomas de la paz aunque roben, hayan matado, peguen, asalten  y quieran cargarse la nación,  la democracia y la Constitución. Con esos sí se puede pactar, pero con Vox cinta aislante no sanitaria. Y muchos se tragan este sapo cínico y banal. 

Muy mal lo tienen que hacer el PP, Ciudadanos y Vox -con o sin elecciones anticipadas-, para que la esfinge trianera atrapada por la gravedad de casi 40 años de un régimen socialista excluyente e incapaz de reducir la divergencia andaluza respecto a las medias nacionales y europeas de bienestar y libertad, pueda hacerles siquiera un rasguño. Otra cosa será lo que haga su sucesora, que ya María Jesús Montero no niega que todo podría ser si así lo decide Pedro Sánchez.

Si son incapaces - todos o algunos de los del gobierno del "cambio" -, y Andalucía es ocupada de nuevo por el régimen, degenerado sin duda alguna en socialcomunismo, estaremos en condiciones de decir con todo derecho, e incluso deber, esta vez nosotros y en voz alta: “Estamos hasta los cojones de todos vosotros”. 

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