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Susana, la cazadora de moscas

La maquinaria de poder puesta en marcha tras el congreso de Suresnes ha decidido que Susana Díaz sea la encargada de la compleja operación 'Gatoparda'.

Pedro de Tena
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Pio Baroja, vaya por delante, avanzó lo de Susana y los cazadores de moscas. Aunque la de su relato, rubia, cultivada, de apellido Roberts, no tiene nada que ver con la nuestra, Díaz, castañona, nuevo pasmo de Triana por lo pasmá que ha estado hasta hoy tras casi tres años de rumiadura, hay alguna coincidencia en lo de la caza de las moscas. Había, escribió el vasco, hasta una sociedad secreta de cazadores de moscas, bichos considerados peligrosos para la especie humana. Pero se refería a los dípteros de Machado. Yo quiero referirme a la cazadora de moscas, la sucesora del Felipe González de 1982, a la que el apoyo de casi todos los que son relevantes en la historia reciente del PSOE han convertido en matamoscas despiadada.

Naturalmente, Pedro Sánchez es un moscón, no sólo por su hablar zumbante de "no es no" y siguientes noes, que diría Gracián, sino por su envergadura. López, el helador de Portugalete, parece más que nada una mosquita muerta posada sobre el mantel socialista por si el moscón necesita remate. Pero lo que consta en su mandato no expreso es que debe matar políticamente y sin miramiento al mosconeo insolente y amenazador del moscardón cojonero de Vallecas, Pablo Iglesias.

A estas alturas, no sé si alguien duda de que el PSOE de toda la vida, la maquinaria de poder puesta en marcha tras el congreso de Suresnes ha decidido que Susana Díaz sea la encargada de la compleja operación Gatoparda que pretende que el patriotismo de partido siga siendo superior al patriotismo nacional y democrático. Se trata de revivir del coma a un socialismo sin reflexión crítica sobre el pasado, especialmente el republicano; sin asunción sincera de una socialdemocracia donde la democracia sea respetada y respetable y sin una idea medianamente clara de lo que proponer a España y a los españoles, salvo más memoria histórica sectaria y más ordeno y mando sobre ellos, a ser posible, con mayoría absoluta de nuevo. De la honradez personal y política ni se habla. Esto es, se trata de revivir el franquestein cadavérico del socialismo a la andaluza (hasta Guerra la apoya), al que ha picoteado sin misericordia y con provecho el moscardón de Podemos.

Para ello cuenta con el eficacísimo matamoscas con el que la han obsequiado los poderes fácticos fácilmente reconocibles, desde los banqueros a grandes empresarios, Ibex 35 o no, la Iglesia, la monarquía (hasta la alauita), el propio PP, buena parte del cuerpo sindical y muchos medios de comunicación.

Diríamos que hay un apabullante consenso sobre que es preferible que gane la trianera a que gane terreno el gallinero totalitario del populismo de izquierdas. La pena es que la matamoscas del Sur no aporta ninguna esperanza de reforma. Su experiencia, que es la experiencia del PSOE andaluz, es el tejido de una tela de araña para dominar la democracia española desde dentro, al estilo priísta. No sabe, ni probablemente quiere, hacer otra cosa, aunque Europa arda por dentro y la democracia y la racionalidad estén en ruinas.

No tengo duda alguna de que moscas va a matar, moscones, mosquitas muertas y moscardones incluidos. Vamos, que va a haber una matanza sin cuartel. Pero para nosotros, los millones de ciudadanos aburridos de esta seudocracia y los demócratas de corazón que aún quedan, todo seguirá igual, sin esperanza alguna de regeneración. En todo caso, sentimos temor a una degeneración, y hemos de reconocer que un vuelo sin medida del moscardón vallecano sería peor. O sea, para echarse a llorar y no parar.

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