El huracán Gallardón es más devastador que el sumidero de nubes que se ve por el Meteosat girando sobre la península de Yucatán. No hay más que echar una ojeada a los confidenciales del día, para apreciar sus estragos. Todo artesano chafardero que se precie cuenta algo que le han contado sobre las intrigas del alcalde de Madrid.
El Confidencial lo ubica el pasado sábado en un fino restaurante de Ibiza, en compañía de Isidoro Álvarez, Alfonso Cortina, Fernando Fernández Tapias y Carlos Goyanes. Todos estos hombretones estaban acompañados de sus esposas.
Esta versión tiene dos cabezas, sin solución de continuidad entre ambas. Es lo que pasa con los rumores, que puedes contar una cosa y la de más allá sin necesidad de que ambas resulten coherentes.
La primera toma de lo publicado por el confi de Jesús Cacho viene a señalar que a Alberto Ruiz-Gallardón poco menos que lo han empujado al ruedo de la postulación. Él no quería, pero le imploraron ese sacrificio en aras de la salvación del PP y de España.
La toma segunda, sin salir del mismo artículo, apunta que es Gallardón el que se ha puesto nervioso por un rumor publicado recientemente en la misma web y que describía movimientos de tropas en el interior del PP para aupar a Rodrigo Rato a la candidatura a la Presidencia del Gobierno.
El alcalde habría decidido insistir en lo suyo, urgido por las maniobras de Rato, una simpática historia de verano ya desmentida por Génova con fastidio de papamoscas.
Gallardón aparte, el rumor más extendido en la Red sigue siendo Fidel Castro.
Paz Digital y bloggers como José García Palacios se hacen eco de un silencio fúnebre en la Isla-Cárcel.
La televisión de la dictadura emite documentales biográficos del tirano y llena los espacios entre programas con canciones melancólicas. Ningún medio se atreve a publicarlo, a la espera de una confirmación del régimen, pero en las Redacciones de los medios de comunicación mexicanos se da por hecho que Castro ha muerto.
Dios lo quiera.