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Las intenciones de Sebastián

Sebastián, director de la Oficina Económica de la Presidencia del Gobierno, fue despedido de la dirección del Servicio de Estudios del BBVA por disponer de los treinta analistas de esta división para mayor gloria personal

El presidente del BBVA, Francisco González, al parecer se toma con tranquilidad las arremetidas contra él del Gobierno. Nos lo explica El Confidencial Digital. Dice este confidencial que “Francisco González identifica a tres instigadores de este intento de golpe de mano –Miguel Sebastián, Pepiño Blanco y Carlos Solchaga- pero considera que la operación ni es factible, ni recomendable”. Recuerdan desde ECD que Sebastián, director de la Oficina Económica de la Presidencia del Gobierno, “fue despedido de la dirección del Servicio de Estudios de esta entidad por disponer, según denuncian desde el entorno de FG, de los treinta analistas de esta división para mayor gloria personal”. A tenor de la información, Sebastián sería el primer interesado en la salida de don Francisco González en lo que desde aquí se podría denominar operación Rencor o la venganza de don Sebas.
 
Toque de retreta. A tenor de todas las informaciones que se vienen publicando, ya sabemos que el carácter de la ministra de Vivienda no es, por decirlo de alguna manera, muy fino. La señora Trujillo está teniendo algunos problemas y no debe estar muy contenta. El caso es, que según El Semanal Digital, “dos de los guardaespaldas de la ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo, han logrado dejar el servicio de protección a la política extremeña alegando estrés". Tiene que ser un trago trabajar para doña Antoñita la Fantástica –por lo de 180.000 soluciones habitacionales, entiéndase– o, al menos, eso deduce de esta información.
 
Dice la Garganta Profunda de ESD que “Trujillo no ha podido ocultar los modos ariscos que la acompañaban bajo la protección del presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, algo que no le traerá, precisamente, las mejores vibraciones en una futura trayectoria profesional, sea cual sea”. Si hacemos caso de los rumores, Trujillo pasará las Navidades –figuradamente– en su tierra. Vamos que no come el turrón en el cargo, como los entrenadores. Esperemos a ver. Entretanto, aquél que fuera su presidente no se pasó este martes por un restaurante de Las Hurdes que frecuenta y se fue al plató de Las Cerezas a dejar a Carod Rovira como un orador de primera, y que Pérez Carod Rovira quede como buen orador es tener mérito. Todo esto entre las ganas de protagonismo de Julia Otero. Claro que a 20 millones por programa, cualquiera, no? Entretanto, en la comunidad de Ibarra siguen con la campaña del paleto.
 
Cambio de tercio. ¡Que no hombre que no!. Que seguimos con lo mismo, sólo que versión Moratinos. Versa el e-mail del director de El Semanal Digital sobre la aparición del ministro de Exteriores en el programa “59 segundos” de RTVE –donde dijo que Aznar había apoyado el golpe contra Chávez–. Explica Antonio Beaumont un hecho que no debe pasar desapercibido. Las formas y maneras de un ministro que era diplomático y quizás se le olvidó en sus años de paso por La Mukata de Arafat. Pero veamos como lo narra. Dice el e-mail: “Vi, primero, cómo el ministro utilizó en sus intervenciones un soniquete más propio de mitin electoral de político, además no ducho en esos menesteres, que de programa de televisión, encima pública...Percibí después a un hombre irascible, orgulloso sin necesidad, que proyectaba una imagen completamente alejada del prototipo que se tiene de un diplomático de carrera”. Algo así como un iluminado que se cree sus propias mentiras mientras habla mirando al techo. Un tipo de cuidado.
 
Pues ese comportamiento mitad asceta benedictino, mitad Cruella De Ville, lo mantiene en entrevistas privadas con influyentes personas que han pasado por su despacho, entre ellos algún que otro norteamericano. Se explican ahora por qué, al margen de sus declaraciones, el único interlocutor válido ya, a esta fecha, en este Gobierno, de cara al Exterior, sea Pedro Solbes. Y el porqué del hartazgo e hipotético abandono antes del final de la etapa de éste último. En fin, la muerte de Arafat, con quien debía compartir buenas sobremesas, ha debido de hacer mella en Moratinos. Para finalizar la descripción del programa dice ESD: “A esas alturas de la madrugada, he de reconocerlo, mis dudas ya no eran si estaba ante un ministro con imagen de borrachín de barra, sino si en verdad veía a un ministro bebido en un programa de TVE”.

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