
El episodio de calor adelantado que atraviesa buena parte de España ha llevado a los expertos en nutrición a insistir en la importancia de adaptar la alimentación para evitar problemas digestivos y la deshidratación. Con temperaturas que rozan o superan los 35 grados en varias comunidades, las comidas copiosas y las bebidas excesivamente frías pueden convertirse en un problema añadido para el organismo.
Los nutricionistas y organismos sanitarios recomiendan priorizar alimentos frescos, ligeros y ricos en agua, como frutas, verduras y ensaladas, frente a fritos, embutidos o platos con un elevado contenido en grasas saturadas. Según distintos especialistas, el cuerpo necesita menos esfuerzo digestivo durante los dês de calor extremo y responde mejor a preparaciones sencillas y poco pesadas.
Frutas y verduras para combatir el calor
Pepino, tomate, sandía, melón o calabacín figuran entre los productos más recomendados por su elevado contenido en agua y minerales. La American Heart Association recuerda que parte de la hidratación diaria también procede de los alimentos y no únicamente del agua que se bebe.
Los expertos aconsejan, además, recurrir a técnicas de cocina suaves, como el vapor, el horno o la plancha, y evitar comidas muy calientes o excesivamente condimentadas durante las horas centrales del día. También recomiendan repartir la ingesta en pequeñas comidas para facilitar la digestión y evitar la sensación de pesadez.
Otro de los errores habituales en verano es abusar de las bebidas muy frías. Aunque producen una sensación inmediata de alivio, pueden provocar un contraste térmico brusco en el organismo y generar molestias digestivas. Los especialistas recomiendan optar por agua fresca, pero no helada, y mantener una hidratación constante incluso sin sensación de sed.
Alcohol y refrescos, enemigos de la hidratación
Las bebidas alcohólicas y los refrescos azucarados tampoco ayudan a soportar mejor las altas temperaturas. Diversos estudios y organismos médicos alertan de que favorecen la pérdida de líquidos y pueden aumentar el riesgo de deshidratación, especialmente durante olas de calor prolongadas.
Además de la alimentación, los médicos insisten en evitar la exposición solar en las horas de mayor intensidad, usar ropa ligera y prestar especial atención a los mayores, los niños y las personas con patologías crónicas, los colectivos más vulnerables ante el calor extremo.

