
La madrugada del pasado jueves, un devastador incendio arrasó el bar Le Constellation, en la estación de esquí de Crans-Montana, Suiza, dejando 40 muertos y más de 115 heridos, muchos de ellos en estado crítico.
Los primeros testimonios señalan que el fuego pudo iniciarse por bengalas o velas dentro de botellas de champán, que habrían prendido el techo de madera del local. Según el diario El Mundo: algunos testigos describen que un camarero llevaba en brazos a una camarera que sostenía una botella encendida. Por ahora, la fiscalía del cantón de Valais mantiene abierta la investigación y aún no hay responsables confirmados.
Según Álvaro Gimeno, bombero en el Ayuntamiento de Zaragoza, este tipo de incendios pueden derivar en un flashover, un fenómeno que convierte un fuego pequeño en una tragedia repentina. Explica que se trata de una combustión súbita de todos los materiales combustibles de un recinto cerrado.
Qué es un flashover y cómo se produce
"Cuando no hay ventilación, que es lo habitual en estos sitios, se acumula el calor en las partes superiores. Al crearse tanta temperatura, los gases combustibles que no se ven alcanzan entre 550 y 750 °C y todos los materiales del recinto entran en ignición de forma súbita", señala Gimeno. Además, explica que por eso se llama flashover, "porque se provoca como un flash de una cámara".
Gimeno explica que esta rapidez dificulta enormemente la evacuación. Señala que un flashover es tan repentino que casi nadie tiene tiempo de reaccionar: "Es algo repentino y no te da tiempo a huir del sitio porque tú no te lo esperas", dice. Explica que alguien que está lejos del foco del incendio puede intentar salir, mientras que otra persona en la entrada ni siquiera se da cuenta de lo que está ocurriendo.
El flashover también genera otros fenómenos como el rollover, o lenguas de fuego en el techo, que elevan aún más la temperatura del recinto y aumentan el riesgo para las personas atrapadas.
Una evacuación imposible y los factores de riesgo
El bar estaba abarrotado de jóvenes, muchos de 15 a 20 años, y contaba con una sola puerta de salida. La densidad de personas, el humo y la propagación súbita del fuego convirtieron la evacuación en algo prácticamente imposible.
Álvaro Gimeno señala la importancia de los sistemas automáticos de extinción: "Sobre todo con un buen sistema de incendios, un sistema automático de extinción, que es lo que apaga el incendio al instante, como un sprinkler en el techo. Aquí por normativa todos los nuevos locales lo tienen que tener".
Gimeno advierte que el pánico, los tropiezos y la falta de información sobre la propagación del fuego hacen que estos incidentes se conviertan en auténticas "ratoneras" humanas. Explica que la gente suele entrar en pánico y que se producen tropiezos, y añade que llega un momento en que el local se transforma en un espacio del que es casi imposible salir. "Es lo que ha pasado en Suiza. No les ha dado tiempo a salir ", subraya.
El bombero aragonés explica que la gravedad de las quemaduras depende de la extensión, la edad y la zona del cuerpo afectada: "Hay gente que ha podido sufrir quemaduras de tercer grado, el 80 % del cuerpo y ha salido adelante. Pero hay gente que tiene quemaduras de segundo grado, el 50 % del cuerpo y no sale adelante. También si afecta a los órganos es más complicado." El humo y el monóxido de carbono son también causas principales de mortalidad en incendios súbitos.
La prevención y lecciones para el futuro
El profesional subraya que el material pirotécnico debería estar siempre prohibido en interiores, y que los locales deben cumplir estrictamente con la normativa: "Lo que no puede ser es que en las discotecas haya este tipo de material pirotécnico como son las bengalas. No pasa nada hasta que pasa. Todo el material de diseño de interiores no tiene que ser inflamable. Por normativa, no te permite meter materiales inflamables dentro de un recinto cerrado. Y menos en un restaurante o discoteca con mucha gente."
Álvaro Gimeno recuerda que este tipo de incidentes no son únicos. Señala que en Madrid también se registró un incendio en un restaurante, cuando una llama alcanzó el techo y se propagó rápidamente por materiales inflamables. Aunque hubo víctimas, las consecuencias no fueron tan graves como en Suiza, pero sirve como advertencia sobre los riesgos de los espacios cerrados con materiales combustibles.
El incendio de Crans-Montana evidencia la necesidad de revisiones más estrictas, control de aforo y sistemas automáticos de extinción para prevenir tragedias similares. Como concluye Gimeno: "Tienen que suceder, por desgracia, ese tipo de accidentes con fallecidos para que se trabaje en los cambios de normativas".


