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¿Qué esperamos de Rubalcaba?

Si de aquí a las elecciones logra el Gobierno rebajar en torno a los ochocientos mil el número de parados, P. Rubalcaba y Prisa lo venderán como su gran programa, incluso podrían llegar a decir que hay un millón y medio menos de parados.

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¿Qué podemos esperar de P. Rubalcaba? Lo peor; por eso, no acabo de entender la reacción de la oposición del PP pidiéndole coherencia. O es martillo de los banqueros o es amigo de los banqueros, pero no puede jugar a las dos cosas a la vez sin caer en gravísima falta a los electores, al sistema político y a la inteligencia. Así, más o menos, se ha expresado González Pons, vicesecretario de Comunicación del PP, contra Rubalcaba. Se equivoca el representante del PP al decir que no puede; debería de haber dicho que no debe, pero poder claro que puede. Es más, en mi opinión, será lo único que haga: decir una cosa y la contraria. La racionalidad, la moralidad, en fin, la coherencia entre lo que se dice y se hace es algo que no tiene que ver con P. Rubalcaba.

Saltarse permanentemente cualquier noción plausible de verdad es el programa de Rubalcaba. Todo se sacrificará para "persuadir", léase engañar, a sus votantes de que "al cielo sólo se va por la izquierda". P. Rubalcaba no ha contestado ni contestará a sus adversarios, sencillamente porque desprecia cualquier debate político basado en la coherencia lógica. De hecho, este político es el prototipo de socialista que se levanta desayunándose un sapo y se acuesta cenando una rata. No le importa otra cosa que no sea el mantenimiento y conquista del poder a cualquier precio. Es el Fouché, sí, del PSOE, o sea, el político-basura de nuestro tiempo que cambiará de tradición, bando o línea política permanentemente y, por supuesto, utilizará todos los resortes y alcantarillas del Estado para seguir en el poder. No hay escrúpulo alguno en este personaje.

No será, pues, esa contradicción sobre los banqueros la primera ni la última de P. Rubalcaba. Toda la larga precampaña electoral será así un continúo despropósito a la inteligencia democrática. La acusación permanente del adversario, o peor, atribuir todas las maldades propias a la acción de la oposición, será la base del programa de P. Rubalcaba. Naturalmente, el candidato socialista jamás contestará a sus adversarios situándose en el mismo plano, sencillamente, porque desprecia cualquier debate político basado en la coherencia lógica. Por otro lado, y este es el gran problema, no creo que Alfredo P. Rubalcaba, conociendo su trayectoria, pudiera jugar otra baza electoral que no sea la demagógica, es decir, comparar lo incomparable y, sobre todo, romper permanentemente cualquier lógica medianamente sensata a la hora de encarar los problemas políticos clave de España.

Y, sin embargo, P. Rubalcaba mostrará una "lógica" aplastante con respecto al desempleo. Su cinismo no tendrá límite: conseguirá vender, especialmente si las elecciones generales se distancia de la fecha del 22-M pasado, que el desempleo está bajando considerablemente de los cinco millones de parados gracias a las medidas tomadas por los socialistas. Si de aquí a las elecciones logra el Gobierno rebajar en torno a los ochocientos mil el número de parados, P. Rubalcaba y Prisa lo venderán como su gran programa, incluso podrían llegar a decir, faltando a la verdad, que hay un millón y medio menos de parados. Al tanto.

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