
La tranquilidad habitual de la localidad de Agaete, situada en el noroeste de la isla de Gran Canaria, se ha visto interrumpida levemente este lunes. Un seísmo de magnitud 2,3 ha sido sentido por parte de la población, aunque, afortunadamente, las autoridades han confirmado que no se ha registrado ningún tipo de daño material ni personal. Según los datos oficiales proporcionados por el Instituto Geográfico Nacional (IGN), el movimiento de tierra se produjo exactamente a las 18:59 hora canaria.
Uno de los datos más relevantes de este evento es que el foco del temblor se ha situado a apenas tres kilómetros de profundidad. Esta escasa distancia respecto a la superficie explica por qué, a pesar de su baja magnitud, el temblor ha podido ser percibido con cierta claridad por los vecinos de este municipio grancanario, generando expectación pero en ningún caso situaciones de pánico.
Este suceso no es un fenómeno aislado, sino que se enmarca dentro de una pequeña serie sísmica de baja intensidad que los especialistas llevan monitorizando desde el pasado 3 de septiembre. La actividad anómala en esta zona dio comienzo a las 12:06 horas de aquel jueves y se ha mantenido latente durante las jornadas posteriores, si bien con eventos de una entidad notablemente inferior a la de esta tarde.
Hasta la mañana de este lunes, el sistema automático de detección del Instituto Geográfico Nacional había logrado identificar un total de 36 temblores en la zona, de los cuales los técnicos han podido localizar con precisión una docena. Antes de este evento, el de mayor magnitud de este enjambre se había producido el mismo día 3 a las 14:11 horas. En aquella ocasión, el epicentro se ubicó al noreste de Agaete, con una magnitud de 2,1 mbLg y a una profundidad aproximada de seis kilómetros, siendo sentido de forma muy débil.
Los expertos insisten en que la aparición de estos episodios entra dentro de la normalidad geológica del archipiélago. A lo largo del último año, los instrumentos de medición han localizado 119 terremotos en el entorno de este municipio. Una buena parte de dicha actividad se concentró durante los meses de octubre y noviembre, un periodo en el que también se registraron varios temblores que los ciudadanos llegaron a percibir, destacando uno de magnitud 2,9 mbLg que alcanzó una intensidad máxima de III-IV en la escala macrosísmica europea.
Por tanto, la situación actual se vigila con la atención habitual pero sin motivos para la alarma. Las infraestructuras insulares están plenamente preparadas para soportar este tipo de sismicidad de baja energía, que resulta inherente a la dinámica natural de un territorio de indudable origen volcánico.
