Después de meses de un goteo de informaciones escandalosas sobre su relación privada con Jefrey Epstein y el escándalo Marius Borg, la princesa Mette-Marit intentó sincerarse ante las cámaras, pero sin mucho éxito.
Vestida de negro, con el príncipe Haakon sentado al lado y tras 8 semanas de silencio, Mette Marit se presentó como una víctima que no se responsabiliza de nada, afirmando que se sintió engañada y manipulada. No habló de su hijo y cuando no le interesó, cortó por lo sano sin querer contestar.
Las expectativas eran muy altas porque la gente pensaba que, por fin, se aclararían las cosas y llegarían las respuestas, pero no fue así. La entrevista se centró en cómo ella misma entiende lo sucedido y que no recuerda lo más relevante: qué buscó en Google, qué encontró o qué fue lo que activó las alarmas. Lo más lejos que llegó fue a decir que se sentía "avergonzada" después de conocer las perversiones demostradas por Epstein.
Fue una entrevista donde hubo más preguntas que respuestas y lo que se quedó sin responder fue casi más que lo que aclaró. Y ahí está el quid de la cuestión: lo más llamativo no es lo que dijo Mette-Marit, sino lo que no dijo, y en lo que mintió.
No aclaró lo que pasó en Palm Beach ni quiso dar más detalles de lo sucedido. Tampoco por qué mintió cuando antes de que salieran los emails a la luz dijo que no había mantenido casi contacto con Epstein o por qué continuó el contacto con el pedófilo cuando vio que lo que había en Google no era bueno. Tampoco contó por qué mintió la Casa Real sobre su ausencia de la reunión con los otros príncipes herederos antes de la proclamación de Guillermo y Máxima de los Países Bajos alegando que estaba enferma, cuando realmente estaba en Nueva York disfrutando de distintos planes con Epstein.
Con esta entrevista, la princesa ha perdido toda la credibilidad y quizás, en vez de llamarla Mette-Marit deberíamos llamarla "Miente-Marit".
Una hora después de la entrevista se hizo una encuesta urgente en la que el 41% por ciento tiene menos confianza en Mette-Marit que demuestra que la entrevista no ha generado confianza en la población sino todo lo contrario. Por su parte, la prensa noruega considera que la monarquía sigue teniendo "un problema grave", que la "entrevista no sirvió de nada" que las explicaciones de la princesa "fueron insuficientes" incluso la califican de "fiasco".
Mientras, Haakon intenta proyectar una imagen de normalidad, pero la percepción es de una "familia rota" mientras siguen juntos pese a todo y pese a todos.
Al día siguiente de la entrevista, unas imágenes de Mette Marit paseando con su marido, por los alrededores del palacio desataron las alarmas en Noruega, ya que se ve a la princesa con unas gafas nasales conectadas a una bombona de oxígeno que transportaba su marido.
Un paseo en el que iban acompañados de una terapeuta de parejas, y que ha hecho crecer los rumores de que puedan estar pasando una crisis en su relación. La otra, la antigua nanny de Haakon, una segunda madre para él. Unas imágenes publicadas justo al día siguiente de una entrevista que no convenció. ¿Pretendía dar pena, blanquear su imagen, buscar la empatía o realmente está peor de salud? ¿O fue para que la gente se dé cuenta de que en breve se someterá a un trasplante y así desaparecerá de la vida pública hasta que todo se calme, y quizás se olvide? ¿La presión por el tema Epstein y lo de Marius ha pasado factura a la estabilidad emocional de la pareja?
Dos días después del paseo con respirador, Mette-Marit apareció de forma inesperada en la bienvenida a Felipe y Matilde de Bélgica con motivo de su visita de Estado. Su asistencia no estaba agendada y su presencia llamó la atención. Lo curioso es que, a pesar de ser fotografiada, Mette-Marit desapareció por completo de las imágenes difundidas por la Casa Real en sus canales y redes sociales.
Mette-Marit eligió un broche de diamantes y oro blanco que perteneció a la princesa Ragnhild, hermana mayor del rey Harald. Se trata de la misma mujer que en un documental de 2004, expresó con contundencia una frase para la posteridad: "Espero morir antes del día en que la princesa heredera Mette-Marit se convierta en reina de Noruega. De verdad espero que eso no ocurra". La elección de este broche, ¿fue una cuestión estética o una declaración de intenciones?
Por la noche tuvo lugar una cena de gala a la que asistió Haakon en solitario y donde el Harald comenzó su discurso de bienvenida a los reyes de los belgas diciendo: "Sé que nuestra querida princesa heredera hubiera querido estar esta noche con nosotros. Desafortunadamente no puede asistir por sus problemas de salud".
Aun así, las grandes protagonistas fueron la reina Sonja y la reina Matilde con el despliegue de tiaras: la reina Sonia con la de perlas y diamantes de la reina Maud, y la reina Matilde con la tiara de diamantes de las Nueve Provincias.

