
Existe un rincón en la provincia de Guadalajara donde el tiempo parece haberse detenido en una de esas épocas gloriosas de la historia de España, pero donde el pulso de la vida (rural) late con más fuerza que nunca. Se trata de Sigüenza, un destino que se erige como el corazón de una propuesta de viaje que desafía el concepto de la "España vaciada". A través de un recorrido que combina la huella imborrable de la historia, la majestuosidad de la naturaleza y una gastronomía de vanguardia, esta zona demuestra que lo rural es, ante todo, un refugio de cultura y vitalidad.
Antes de adentrarse en los muros medievales de la ciudad, el viaje comienza en los alrededores, concretamente en la localidad de Pelegrina. Este pequeño núcleo es la puerta de entrada a uno de los paisajes más cinematográficos de España: el Barranco del Río Dulce. Es aquí donde se encuentra el Mirador Félix Rodríguez de la Fuente, un punto emblemático desde el cual el famoso naturalista grabó muchas de las imágenes más icónicas de su serie documental El hombre y la tierra. Un retorno a la nostalgia del pasado televisivo que marcó a toda una generación y que no puede quedar en el olvido.
Contemplar el barranco desde este mirador no es solo un ejercicio de observación paisajística, sino un homenaje a la divulgación ambiental. Los visitantes pueden disfrutar de paseos guiados por la naturaleza que culminan en recepciones con bebidas en pleno campo, permitiendo una conexión íntima con el entorno que tanto defendió el naturalista. Es un paraje ideal para los aficionados al senderismo y la observación de aves, quienes encuentran en estas formaciones rocosas un ecosistema vibrante y lleno de vida.
Sigüenza: un viaje a la Edad Media en el siglo XXI
Al llegar a Sigüenza, el viajero se encuentra con una de las joyas medievales más importantes de Castilla-La Mancha. Caminar por sus calles es realizar un viaje directo al pasado, donde cada sillar narra una crónica de reyes, obispos y caballeros.
La Catedral y el Misterio del Doncel
El epicentro monumental es, sin duda, la Catedral de Santa María. Este edificio, que amalgama un origen románico con detalles góticos, presenta una fachada imponente que guarda en su interior tesoros incalculables. Entre ellos destaca la capilla que alberga el famoso sepulcro del Doncel, una obra maestra de la escultura funeraria cuya belleza se considera una visita obligada para cualquier curioso viajero que se adentre en esta maravillosa aunque fría catedral.
Sin embargo, la catedral también es un testigo silencioso de las heridas de la historia reciente. Fue uno de los edificios más dañados durante la Guerra Civil española; una de sus torres sufrió bombardeos y, todavía hoy, es posible observar los agujeros dejados por los disparos en sus muros y sobre todo en una de sus torres, que fue parcialmente destruida, recordatorios de un pasado convulso que la ciudad ha sabido integrar en su identidad.
El Castillo y la Plaza Mayor. El castillo, que domina la ciudad desde las alturas, funciona actualmente como Parador de Turismo, aunque se encuentra en periodo de reforma para seguir ofreciendo su hospitalidad histórica. La Plaza Mayor es considerada una de las plazas porticadas más bonitas de España. Fue mandada construir a finales del siglo XV por el Cardenal Mendoza, quien decidió abrir un espacio diáfano frente a la catedral para albergar el mercado. Hoy en día está llena de vida y de terrazas de sus numerosos bares y restaurantes.
El paladar, otro punto fuerte de esta tierra
La gastronomía en Sigüenza es un pilar fundamental de la experiencia. Al mediodía, el barrio medieval invita a detenerse en sus bares típicos para degustar los sabores más auténticos de la zona.
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Los clásicos: La mesa castellana se sirve con asados de cordero o cabrito, migas, sopa castellana y torreznos.
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La caza: No faltan los productos de temporada como las perdices escabechadas o la liebre estofada.
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El Imprescindible: Si hay algo que no se puede olvidar pedir es el perdigacho, el pincho más típico de la localidad. Consiste en una tostada con tomate, alioli (o ambos) coronada por una anchoa, ideal para acompañar con un buen vino de la región.
Molino de Alcuneza: 30 Años de excelencia y gastronomía
A pocos kilómetros de la ciudad se encuentra el Hotel Molino de Alcuneza, un establecimiento que este año celebra su 30 aniversario. Lo que comenzó como la rehabilitación de un molino harinero del siglo XV por parte de los padres de Blanca y Samuel Moreno, se ha transformado hoy en un referente de la hostelería internacional gracias al empeño y el trabajo incansable de la familia al completo.
Los hermanos Moreno se formaron durante años para tomar las riendas del proyecto y llevarlo un paso más allá. Blanca asumió la dirección del hotel, mientras que Samuel se puso al frente de la cocina. Hoy, el molino es un establecimiento de destino que reúne 17 habitaciones, un restaurante gastronómico, spa y jardines.
Actualmente, el hotel forma parte del exclusivo sello Relais & Châteaux, una colección que reúne 580 hoteles y restaurantes únicos en todo el mundo, unidos por la pasión por la excelencia y la hospitalidad independiente. Bajo la dirección del chef Samuel Moreno, el establecimiento ha logrado hitos como: una estrella Michelin y una estrella Verde Michelin (por su compromiso con la sostenibilidad), un Sol Repsol y reconocimientos por tener uno de los mejores desayunos de hotel, destacando especialmente su pan y sus croquetas artesanales.
Además, para celebrar estas tres décadas, el hotel ofrece el "Menú Especial 30 Aniversario", un recorrido por la memoria culinaria de la familia reinterpretado con una mirada contemporánea. Además, han diseñado la experiencia "Estrejazz", que permite disfrutar de la observación de estrellas al ritmo de jazz en la Reserva Starlight de los Cielos de Guadalajara, una vivencia que muchos califican como memorable.
Guardianes del Territorio: el compromiso rural
Más allá del lujo y la comodidad, el Molino de Alcuneza lidera la iniciativa "Guardianes del Territorio". Promovida por los hermanos Moreno, esta red busca proteger y poner en valor a los productores locales de la zona. Esta comunidad está formada por: apicultores, harineros, hortelanos, truficultores y otros artesanos locales.
El objetivo es tejer una red de proximidad que defienda el paisaje, la tradición y la riqueza gastronómica del territorio frente al olvido. Es un ejemplo claro de cómo el turismo de calidad puede servir como motor económico y social para mantener viva la cultura rural.
Alrededores del hotel: los imprescindibles
La escapada no termina en Sigüenza. Merece la pena extender la visita a pueblos cercanos que completan la visión histórica de la comarca:
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Palazuelos: Conocido por conservar su recinto amurallado y su castillo en excelente estado.
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Medinaceli: Famoso por su arco romano y un ambiente tranquilo que invita a la reflexión y al descanso.
Sigüenza y su entorno no son solo un destino de fin de semana; son la prueba de que la historia, cuando se cuida y se comparte con pasión, es capaz de regenerar cualquier territorio, convirtiéndolo en un lugar donde el pasado y el futuro se encuentran en cada mesa y en cada camino.


