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Rubén Amón: "La imagen de Morante despidiéndose del toreo en Madrid es un corte de mangas a Sevilla"

El periodista y escritor recibe a LD para hablar de Morante, punto y aparte, un ensayo en el que reflexiona sobre la histórica temporada de Morante.

El periodista y escritor recibe a LD para hablar de Morante, punto y aparte, un ensayo en el que reflexiona sobre la histórica temporada de Morante.
El escritor Rubén Amón, fotografiado en su domicilio. | David Alonso Rincón

Morante de la Puebla ha sido uno de los protagonistas de este 2025 que empieza a agonizar. Su histórica temporada, esta sí, arranca en el infierno de las terapias de electroshock que acaban borrando la memoria, como la tarde en la que cortó dos orejas y un rabo en Sevilla en 2023, y culmina alcanzando la gloria en una jornada para el recuerdo y la historia en la Monumental de Las Ventas. En el ensayo Morante, punto y aparte (Espasa, 2025) su autor, Rubén Amón (Madrid, 1969), disecciona los hitos de la campaña en la que el genio de La Puebla del Río nos ha hecho testigos de su magisterio y de la temporada más apabullante de su trayectoria vital y taurina. Su gesto al desprenderse de la castañeta en el centro del ruedo de la plaza de toros de Madrid tras cortar dos orejas en la inolvidable tarde del 12 de octubre anunciando así su retirada ha dejado huérfano al morantismo y, quizá, a la afición.

En este ensayo de casi 300 páginas Rubén Amón profundiza en la tauromaquia de Morante y su evolución y reflexiona sobre el papel del cigarrero en la revitalización de la tauromaquia y el motivo por el que los jóvenes se están acercando de nuevo a las plazas de toros. Confiesa Amón en Morante, punto y aparte que ha "militado desde siempre en el fervor a Morante" y que le "resultaba casi una necesitad personal y una misión periodística reaccionar a las proezas del maestro y observar hasta dónde alcanzaba su dimensión de mito viviente, incluido el trance de la despedida y el sabor agridulce de la última Puerta Grande". El periodista y escritor recibe a Libertad Digital en su casa, una especie de guarida de Bruce Wayne con detalles castizos como la cabeza de un toro desorejado por Curro Vázquez, un vestido de torear del Curro de Madrid y un burladero de prensa, en una gélida tarde de diciembre cuando el libro, publicado hace poco más de una semana, ya va por su segunda edición. La extensa conversación se desparrama desde los motivos del impactante adiós del genio hasta su capacidad de "pitoniso", por tener prácticamente acabado el ensayo antes del 12 de octubre, pasando por la política o la rivalidad hurtada de Morante con José Tomás, otro mito taurino del siglo XXI. La primera, directa al grano.

Libertad Digital: ¿Volverá a los ruedos Morante o ya está todo dicho?

Rubén Amón: Creo que el argumento que más contraindica su vuelta es la propia naturaleza de la despedida. No creo que se pueda despedir uno mejor con este extremo de riesgo, de pasión, de triunfo, con esa mezcolanza de sentimientos y de sensaciones. Cortar sus primeras dos orejas a un toro en Madrid, arrancarse la castañeta en el centro de Las Ventas y salir a hombros entre esa multitud creo que es un final que ni soñado, ¿no? Y, precisamente, porque me parece que es un final demasiado bello y demasiado extremo, amenazarlo con un regreso, por mucho que yo lo desee y lo deseo como aficionado, creo que no tendría que estar en su horizonte. Otra cosa es hacer una corrida suelta como se habla, como hacía Ordoñez con la goyesca, acontecimientos muy puntuales, pero este Morante de entrega y de casi inmolación no es justo que se lo pidamos. Y yo no sé si él lo necesitará o no, pero la forma de irse creo que es lo que más contraindica que pueda volver.

LD: Todos los morantistas estamos igual, ¿no? Tenemos esos sentimientos encontrados porque no sabemos si va a ser mejor y, la verdad, que se fue de una manera que nos dejó a todos en shock.

RA: Yo me fui de la plaza.

LD: Me quedé sentado en mi abono. Me salió a escribir algo rápido y, luego, caminando por la calle con un grupo de amigos hacia el Wellington iba todo el rato con el móvil rematándolo para publicarlo, totalmente zombi.

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Rubén Amón durante la entrevista | David Alonso Rincón

RA: Para que veas, hay una foto mía que me hicieron por la calle. Yo tuve que... o sea, somos periodistas y cuando las noticias nos habitan la única forma que tienes de gestionar el impacto informativo, y no digamos cuando tienes esa connotación emocional, es escribirlo y el libro es precisamente eso. El libro es una respuesta a una emergencia personal que adopto con la cornada de Pontevedra, cuando el diezmo de sangre ya revela que esta temporada está siendo particularmente peligrosa. Me acuerdo de ese abismo y de la cotidianidad, no sólo con la que Morante estaba toreando, sino la regularidad con que se producían las volteretas y las cogidas hasta que cobra en Pontevedra. Y ahí dices, es que todas las líneas rojas que pueda haber las ha traspasado y Morante este año ha sido la plenitud. No sé qué te habrá sucedido a ti, pero a mí me ha dado miedo. Yo he disfrutado muchísimo con Morante. Este síndrome de Stendhal que nos sacude, pero he pasado más miedo que nunca también. Y por eso ha sido una temporada muy difícil. En Ronda, cuando le dimos este reconocimiento, tuvimos unas palabras y le dije que era un torero insoportable, en el mejor sentido o no, pero… ¿Sabes a lo que me refiero cuando digo que es insoportable? El vacío de después, el extremo al que te lleva y el absurdo de seguir la corrida, ¿no? Yo decía de broma que después de la faena al toro de Garcigrande en la Corrida de la Prensa…

LD: Yo me fui.

RA: Yo me fui también, pero propuse que por megafonía se dijera que queda suspendida la Feria de San Isidro (risas). Ese vacío... ¿No? Que es el que como morantista tú también te planteas. ¿Qué es ahora la vida sin Morante? ¿Que es la temporada sin Morante? O sea, cuando tenemos noción de un torero histórico, y creo que esa noción, menos los más antimorantistas fanáticos, todos la tienen. Claro, el hueco que deja es proporcional a al espacio que ha ocupado. Casi parece el principio de Arquímedes aplicado a la tauromaquia.

LD: Yo he intentado explicarlo de muchas maneras y quizás lo mejor es el vacío de no querer saber nada. Es como lo que pasó con el Guerra, ¿no? Ahora viene la época de los naides. ¿Quiénes son los naides de esta nueva época?

RA: Ya que mencionas al Guerra, más allá de su frase "después de mi naide y después de naide el Fuentes", la de "se acabó el toreo" cuando muere Joselito y envía un telegrama. Pues yo creo que no se acabó. ¿Y sabes por qué? Porque la mejor herencia que nos deja Morante es haber despertado la pasión entre tantos jóvenes a través de un canon enormemente exigente. O sea, Morante no sólo es el primer toreo de arte que manda, es el primero que deja detrás de sí una estela de aficionados cultivados o iniciados en un canon muy exigente, en el cante jondo. Es el primer caso de torero de masas no populista.

LD: Es una tesis que he visto que sostienes en el libro, pero yo creo que ese enganche de la juventud venía un poquito de antes. Eso lo provoca Roca Rey.

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Rubén Amón con un capote de Morante | David Alonso Rincón

RA: Roca Rey, por supuesto, estoy totalmente de acuerdo. Si yo a Roca Rey, de hecho, lo has visto en el libro, yo le concedo muchísima importancia y creo que Roca reúne el arquetipo de héroe perfectamente asumible con los rasgos del lo físico, la juventud, la idea del valor y su aspecto de galanura. Morante es un héroe atípico por la edad, por el aspecto, pero enormemente genuino por la verdad, ¿no? Y yo creo que esa verdad quienes vinieron a los toros por Roca y se han quedado con Morante… A mí me parece que ese viaje es perfectamente posible.

LD Realmente son dos verdades, ¿no? Porque la verdad de Roca es una verdad que te sacude de otra manera. Morante lo hace desde el sentimiento y a lo mejor Roca desde la angustia y del miedo. Morante este año lo ha hecho.

RA: Este año yo he visto a Morante pisar el terreno de José Tomás, el mismo, y torear mejor que sí mismo.

LD: Me dijo el ganadero Álvaro Nuñez lo de José Tomás. Que este año el torero que ha entrado en Morante ha sido José Tomás.

RA: Pero con toda la dimensión estética que nunca tuvo José Tomás. Por eso, ¿cómo vamos a discutir este híbrido indecible? Cómo vamos a decir que no es un torero... a mí me da igual la etiqueta. Yo digo que de acuerdo con el tópico de que los toreros de arte y de valor, que es un cliché difícil de erradicar pero muy fácil de cuestionar, en realidad la irregularidad de los toreros de arte siempre se ha debido a la condición del toro, al tipo de toro que necesita una expresión estética. Pero una vez que Morante empieza a demostrar que le valen todos los toros y se coloca en un terreno donde todos los toros le embisten, adquirimos la idea esa que te decía antes del miedo, ¿no? El verlo en una posición de extremo peligro, de verlo en el abismo. Y de ese abismo viene una creatividad, y de esa creatividad surge y brota una identificación absoluta.

LD: Y del sitio desde el que él viene. De hecho, la historia de esta temporada es clásica. La del héroe que sale del abismo, de un problema mental, de los electroshocks que le hacen perder la memoria, y acaba en el centro del mundo taurino quitándose la coleta, ¿no?

RA: Sí, esa narrativa tan perfecta es la que para mí justifica que no pueda volver. Él es rehén de esa narrativa ya. Es rehén de esa plenitud, ¿no? Y yo creo que no hay manera de mejorarse a sí mismo. Sabemos que Morante es el mejor torero que resiste el vídeo de todos. Las faenas las puedes ver las veces que quieras. Yo no sé cuántas veces he visto la de Salamanca, la de Jerez, la última de Madrid… La última de Madrid verla en vídeo es pavorosa. ¿Pero ese tío donde se está poniendo a torear?

LD: Hay un momento que el toro le pega un derrote y le da directamente en la cadera donde, además tenía el problema de Marbella, por el porrazo ese que se lleva en esa cadera.

RA: En Marbella, un volteretón; venía de Palma, otro volteretón; iba al Puerto otro volteretón y un volteretón en Pontevedra...

LD: Estaba viendo la corrida de Marbella en Canal Sur y, claro, yo tenía entradas para el día siguiente, para El Puerto que, encima, era con Roca Rey. Y digo, no me lo puedo creer. Ya está, parte médico y que venga otro (risas).

RA: Te decía que la temporada arranca con una confesión que echa por tierra un tabú y que, claro, podíamos pensar que provoca un efecto de condescendencia entre los aficionados. Sabemos que no es así. No vemos a Morante desde la conmiseración ni desde la condescendencia, pero entendemos de dónde viene su energía creativa universalmente, ¿vale? O sea, los allegados, los que conocíamos a Morante, sabíamos de sus oscuridades. Yo creo que es muy importante entender eso para comprender el origen, el magma estético del que viene. Porque sin romantizar una enfermedad psiquiátrica, creo que es indisociable de su respuesta creativa, de su exuberancia plástica, de su dimensión estética. Creo que hay una correlación y en el libro, ya sabes, lo trato con mucha profundidad y creo, además, que ese dolor y esa oscuridad que se remedia con una terapia que le borra la memoria… se lo hace a quien más depositario es de la memoria del toreo. O sea, él que nos trae a todos los toreros resumidos y no imitados en sus muñecas, él que es la memoria y que es la vanguardia, resulta que no se acuerda de las faenas.

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Rubén Amón durante la entrevista | David Alonso Rincón

LD: Como dices en el libro es un "tributo" de Morante para seguir adelante.

RA: Fíjate… en el torero que más memoria hace de la tauromaquia, el que se pone la montera de Joselito, que le encaja como la espada Excálibur cuando se la saca de la piedra, es el que, en cambio, no tiene la memoria propia. A mí me parece todo eso digno de un elogio.

LD: Al comienzo del libro dices que Morante al asumir el reto de liderar la tauromaquia "lo hace con la resignación orgullosa de quien sabe que no hay alternativa. Si él no da la cara, ¿quién la da? (…) Porque cargar con la tauromaquia no es una metáfora: es un peso real, una condena y una gloria".

RA: En el momento de hacer comparaciones históricas lo que diferencia a Morante de los rivales en esta jerarquía es que él ha bregado con la peor época. No es lo mismo echarte la tauromaquia a la espalda cuando está en su desarrollo en los felices 20, y hablo de Joselito; o en la posguerra con Manolete o con El Cordobés y el desarrollismo cuando los toros son un fenómeno unánime; que echarte el peso de la tauromaquia cuando más atacada está y conseguir despertar entre los jóvenes como nunca yo he visto. Yo nunca lo he visto y yo vengo de una época donde los toros no están cuestionados. Yo tengo memoria de los 80 y cuando la izquierda estaba totalmente significada con la tauromaquia. Yo nunca he visto esta este aluvión de jóvenes, nunca lo he visto. Luego, liderar una corriente como esta de jóvenes que ven en Morante, muchas cosas, pero sobre todo la verdad, tiene más mérito que ninguna otra época.

LD: En este sentido, dices en el libro que "la juventud no lo sigue por nostalgia, sino por hambre de autenticidad" y que "Morante representa una forma de autenticidad radical". ¿En la época de la IA necesitamos que nos recuerden lo que es real?

RA: Sí, porque creo que estamos rodeados de héroes impostados y cuando aparece un mito viviente, primero lo mínimo que tenemos que hacer es reconocerlo, ¿no? O sea, a eso me refiero con la connotación histórica. La historia se te aparece, identifícala y reconócela. Utilizo el lema de LeBron James, que me encanta, We are all witnesses (somos testigos). Tiene que ser tan auténtico lo que hace y tiene que estar tan claro, por instinto o por misterio; porque, luego racionalizarlo tampoco hace falta. Yo lo hago en el libro porque es un deber de periodista, pero dejo un margen a la libre interpretación y a la intuición y al misterio, porque creo que lo que vivimos es lo que no se puede explicar y las palabras muchas veces casi trivializan lo que vemos. ¿Cómo explicas tú a tus allegados que puede que Morante te ha hecho vivir los mejores momentos de tu vida? (risas).

LD: Es como intentar explicar que un 10 de mayo de 2019 lloraste como una magdalena viendo a Pablo Aguado cortar cuatro orejas en la Maestranza.

RA: Sucedió una cosa el día siguiente, que es una portada de ABC, que me parece la prueba de que Sevilla ha tratado mal a Morante, que decía Sevilla ya tiene torero. A Morante le han opuesto en Sevilla a El Cid, a Manzanares, últimamente a Aguado y cuando no a Talavante. Y por eso es otra razón por la que él no puede volver. O sea, a mí me parece muy pintoresco esto. Tú lo entiendes, un periodista normal no. Que El Juli se despide en la Maestranza y Morante en Madrid (risas). (…) Para mí la imagen de Morante vestido de Antoñete en Las Ventas despidiéndose del toreo en el centro del ruedo de Madrid, creo que es un corte de mangas a Sevilla. Vestido de Antoñete, que ha sido un torero a quien él ha apreciado en esta última época, tomándose otra vez la responsabilidad de gestionar a la sociedad civil y levantar el monumento que Antoñete merece, pero que no estaba en el espectro de los toreros con quien Morante solía identificarse. Morante lo hace porque la plaza no tiene memoria. Y si se le atribuye a él, que es la persona para hacerlo es porque nadie lo ha hecho antes.

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Rubén Amón durante la entrevista | David Alonso Rincón

LD: Nunca se había sido tan consciente de los problemas de salud mental que puede tener un torero, una persona que se "enfrenta a lo irremediable".

RA: Todos sabemos que los toreros son seres anómalos y que la sobreexposición al peligro altera sus capacidades de ser normales, por así decirlo. Todos sabemos que después de vivir esos extremos se convierten en criaturas o en personas totalmente anómalas y totalmente inadaptadas, precisamente, por la constancia y regularidad con la que se enfrentan al miedo, lo sobrepasan y lo desafían. Y porque te habrás preguntado, como me pregunto yo, si nosotros sentimos eso, ¿qué se siente ahí abajo? O sea, si la expresión vicaria es tan elevada, hay una procacidad que a mí me parece digna de eliminarse del repertorio y es el orgasmo. Esta idea de que un orgasmo cualquiera lo alcanza, más o menos. Si vivirlo desde fuera, como experiencia vicaria, te conduce al éxtasis estético, porque es que Morante nos lleva al éxtasis estético, desarrollarlo ahí abajo tiene que conmover tanto que provoca unas energías yo creo que irremediables. Introduce una anomalía, de acuerdo con la cual no conocemos a un torero en sus trece. Pero Morante tiene en sí mismo, y no por la tauromaquia, un diagnóstico disociativo y depresivo muy serio que ha servido para exteriorizar ciertos tabúes que todavía convierten a los toros en un sujeto que la sociedad observa con recelo.

Pero Morante, fíjate, en la categoría del mejor torero que hemos visto o que yo he visto, creo que es más que eso todavía. Creo que es un artista escénico. Creo que es el artista que los artistas quisieran ser porque es el único que se desenvuelve no sólo en lo efímero, que eso ocurre con las artes escénicas, con la danza, con el teatro, con la ópera, sino en el abismo de la muerte. O sea, la coreografía de Eros y Thanatos, desarrollada por Morante, creo que lo convierte en un artista extremo y en un artista de vanguardia. Por eso para mí, cuando la cuestión se deriva a la política, no sólo me molesta la apropiación que hacen la izquierda y la derecha; la apropiación identitaria de la derecha y el desprecio de prejuicios irresponsable de la izquierda, con un ministro patético como Urtasun. Sino que los toros sólo tienen sentido, y Morante lo demuestra, en la transgresión, en la provocación y en la vanguardia. No hay ninguna manifestación cultural contemporánea que resulte provocadora. O sea, la mansedumbre de la izquierda intelectual explica que cuando aparece un fenómeno transgresor de verdad, no confundamos las ideas políticas del intérprete o del torero con el desarrollo artístico que hace, que es que me da igual lo que piense Morante políticamente. Yo digo que su ejercicio estético, plástico y artístico es pura vanguardia. Pura transgresión y pura radicalidad. A mí me parece Morante un torero punk, o sea, me parece un provocador; lo que tiene que ser un artista y ningún artista es. Por eso creo que cuando se hipotizaba con que si le iban a dar el año que viene el Princesa de Asturias, lo necesita más el premio que él. Si queremos legitimar un premio, utilizamos a un artista de verdad. Estaba rodeado de artistas mansos y cómplices.

LD: Una de las tesis que sostienes en el libro es que "Morante ha cruzado la línea, ha obligado a que su nombre aparezca incluso donde estaba prohibido".

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Rubén Amón durante la entrevista | David Alonso Rincón

RA: Hay un ámbito que yo analizo en el libro que a mí me parece decisivo del morantismo y de su proyección, y es el impacto de la comunicación no convencional. Hay indicadores clarísimos de una reanimación de la tauromaquia a partir de Morante, y un ejemplo es el flujo de afición joven, otro es las audiencias de las autonómicas. Está el impacto de la comunicación no convencional ahí en las redes sociales, la repercusión de un muletazo de 6 segundos o de 7. El muletazo de Nazaret es un Gif. Yo he visto cuentas, de las que no formo parte porque no estoy en Instagram, pero el otro día con el hijo de Juan del Val, me enseñaba que hay un vídeo en una cuenta que es la despedida de Morante quitándose la castañeta que han visto 5 millones de personas. En una cuenta pequeña. La forma en que el morantismo se ha viralizado a través de canales no convencionales sobrepasa el recelo de la televisión convencional y de la prensa de izquierdas convencional que ha decidido que los toros no se cuentan. Y da igual porque es que los jóvenes no ven la televisión convencional ni siguen la prensa y, en cambio, se informan y comunican a través de otros circuitos, que es donde Morante circula a una velocidad vertiginosa por la autenticidad.

LD: Hay una cosa que me sorprende en el libro y es que adviertes que la izquierda ha abandonado a la tauromaquia y la derecha se ha aprovechado de alguna manera de esa renuncia. ¿No estarían en distintos niveles? ¿Es peor que haya una corriente prohibicionista que una que, aunque sea de manera interesada, los ampara, protege y difunde?

RA: No, yo creo que mi decepción con la derecha y la ultraderecha está en que no es una causa honesta. Sucede como con la religión. Vox no es un partido cristiano desde el punto de vista de la concepción del cristianismo desde la tolerancia y la noción del otro. O sea, cristianismo y Vox a mí me parece, digo, entendiendo por cristianismo no es la Iglesia oficial, sino la doctrina cristiana de la noción del otro, la noción del prójimo, la noción del inmigrante. Pero en cambio tiene un acervo identitario enorme. Se trata de que yo opongo aquí la Cruz de Borgoña, el crucifijo, yo soy Santiago Matamoros. Y entonces subvertimos el valor de la religión al hecho identitario, y con los toros pasa exactamente igual. Se utilizan como arma arrojadiza, no como convicción. Y por eso me molesta que se interprete que la tauromaquia forma parte de una idiosincrasia no española, sino nacionalista patriotera. Y los toros, afortunadamente, son muy anteriores a la idea de la patria o del Estado y, desde luego, tienen orígenes remotos en el Mediterráneo y después una proyección en América de la que todos somos deudores, porque los toreros que van y vuelven se transforman, Morante incluido. Por cierto, su faena en México, la faena de Manizales, esa relación con El Pana… Yo creo que nos dice mucho de la universalidad de la tauromaquia. Y la prueba está en que Francia se ha convertido en nuestro gran escudo argumental frente a los ataques.

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Rubén Amón durante la entrevista | David Alonso Rincón

Por eso, yo sé que la bandera… A mí no me gustan nada los insultos a Sánchez de la plaza, no me gusta nada el "viva España en la plaza" y eso no me impide identificarme como español ni sentir el gol de Iniesta más que nadie (risas). Pero yo veo una manipulación que no es honesta. Estoy de acuerdo contigo respecto a que es mucho peor atacarla que extradefenderla y que la izquierda tiene una posición inaceptable con su memoria. Creo que a la tauromaquia le hace bien tener a la izquierda en contra. Entre las claves del morantismo y de su significación sociológica y política está la prohibición, está el paternalismo, está el ataque de la izquierda de los toros. Yo digo que Morante está como hecho creativo por encima de todo, pero si empezamos a mirar los matices sociológicos y políticos, el ataque a los toros forma parte de los beneficios que la tauromaquia ha encontrado. Primero porque sitúa a la tauromaquia que en un lugar incómodo, provocador, contracultural, y, después, porque en nombre de este liberticidio se estimula una reacción enorme que luego cristaliza con el grito de "piensa que es Pedro Sánchez" cuando el torero va a entrar a matar.

Voy a poner un ejemplo que me impresionó mucho. Pamplona es una plaza que ha estado siempre politizada muchísimo de una manera. Normalmente con sensibilidad al pensamiento ultra abertzale en la época de ETA y de los años de plomo con posiciones vergonzosas. Pero nunca había tenido una significación política como la de este año con los gritos contra Pedro Sánchez. Y yo discutía con Agustín Díaz Yanes por qué cuando la causa taurina la toma a la izquierda, le concedemos los honores, y eso sucedió con Antoñete y su fértil conquista de los públicos ochenteros; y cuando la significación política viene de la derecha, oponemos todos los recelos. Y yo creo que hay que reconocer que la defensa de una causa política es legítima la haga quien la haga, después entrar a valorar, compartir o no, pero no renegar de ella porque la bandera que la defiende proviene de un bando por uno del otro. Pues yo me alegro de que en los 80 la izquierda fuera taurina y los chavales fueran taurinos y yo me alegro que los chavales que ahora la defienden sientan una identidad conservadora porque lo que ven después es todo menos conservador. Para mí la tauromaquia es el arte extremo y eso no tiene nada de conservador. No hay nada menos conservador que la tauromaquia, nada.

LD: Cambiemos de tercio. Por unos pocos años, o por haber tenido poca visión por parte del sector, nos hemos perdido una rivalidad que ha podido estar entre las mejores de la historia de la tauromaquia: José Tomás y Morante. Esta temporada hubo un intento de enfrentarlo a Roca Rey que por la cornada de Pontevedra no terminó de cuajar.

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Rubén Amón durante la entrevista | David Alonso Rincón

RA: Yo recuerdo sólo un mano a mano, que es el de Huelva. ¿Cuál es tu cartel de la historia? Yo sé que desde los 80 y en adelante, todos ponemos dos toreros: José Tomás y Morante y el tercero es el que varía en función de las sensaciones de cada uno. Para mí es Curro Vázquez, para otros Rafael de Paula, para otros Curro Romero, Antoñete, Paco Ojeda… Pero tenemos esos dos como fijos. Han toreado poquísimo juntos y la tauromaquia no ha tenido la visión de enfrentarlos en el buen sentido de la palabra. También entre ellos se han producido episodios de distanciamiento públicos y creo que lo peor que nos podría ocurrir ahora es que la gestión del negocio taurino, que vive de la penosa endogamia, no sepa interpretar el camino por el que hay que conducir a este público joven. O sea, yo exijo una temporada de rivalidad de Pablo Aguado y Juan Ortega. Pero quiero que empiecen en Sevilla y que toreen veinte tardes juntos. Cuando te digo que Morante ha dejado un hueco, ha dejado un canon. Ha dejado un camino por el que seguir y hay toreros… Otro es Diego Urdiales, lo que pasa es que, claro, no vas a pedir que Urdiales, con más edad del que se ha ido, lleve sobre su peso la responsabilidad. Ortega y Aguado creo que son dos toreros extraordinarios y creo que tienen la responsabilidad de no de emular a Morante, sino de reconducir el flujo del público joven a partir de ese canon de belleza estética.

Lo normal es que cuando un torero llega con la goma de borrar, los partidarios se vayan con él, pero no creo que ocurra con Morante porque Morante ha sembrado el cante jondo. O sea, Morante no es la pirotécnica. Morante es un torero de fidelidades, pero no solo a su personalidad, sino una forma de torear y a una plástica y a una estética. Luego el mundo de los toros está en perfectas condiciones de malgastar esta oportunidad. Pero hay síntomas que en cambio nos indican lo contrario, la elección de Garzón como empresario en Sevilla y cómo torean los jóvenes. Hemos pasado de la época de del banderazo, del tremendismo y del la asfixia al toro a, oye, vamos a torear bien. A mí sí me parece que hay que ser optimistas. El flujo y el canon hay que conducirlo hacia hacia la reanimación de un acontecimiento cuyos obstáculos en realidad son ventajas. El obstáculo político es una ventaja, la globalización es una ventaja, el mundo inodoro, incoloro e insípido es una ventaja, la inteligencia artificial es una ventaja. Todo lo que conspira y que convierte los toros en un escándalo, la noción de la liturgia, la noción del mérito, lo masculino, y lo masculino aquí es el toro, el rito, la muerte… Todo lo que la sociedad teme, en realidad, es la defensa de la tauromaquia. Por eso yo soy muy optimista, pero mucho.

LD: Decías en hace una semana en La Cultureta que cuando pasó lo de Morante tenías el libro ya escrito y sólo tuviste que cambiar algunas cosas. Recuerdo que en los días previos al 12 de octubre cómo había rumores sobre su posible retirada. ¿De dónde salió ese rumor?

RA: El último capítulo del libro, cuyo título ha cambiado, era: ¿Y después de Morante qué? Pero mi perspectiva no es que yo fuera de adivino respecto a lo que iba a suceder el 12 de octubre. Es que la temporada era insostenible. Era imposible aguantar. Y era pura especulación creer que había más vida después del 2025. A mí me parecía imposible, pero no tenía ninguna información. Lo que sucedió era que la editorial y yo convenimos, oye, el 12 de octubre puede pasar algo extraordinario, pero yo no me refería una despedida. Me refería a que le embistiera un toro y corte un rabo. El día de la Beneficencia le cae el toro de Fernando Adrián y Morante corta un rabo.

LD: Y el 12 de octubre le cae el primero… pero bueno, sabemos que esto es así. Sólo le funciona uno y, encima, es medio toro. Entonces, también está la paradoja de que él ha cuajado toros que eran imposibles porque nunca le ha salido el toro boyante.

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Rubén Amón durante la entrevista | David Alonso Rincón

RA: Morante se marcha del toreo sin indultar un toro. Esto me lo dijo Roberto Domínguez con muchísima clarividencia, estando donde él se ha puesto. Dice: "De Morante nunca te acuerdas del toro". Morante anula al toro. Mi capacidad de pitoniso llegaba a escribir un último capítulo pensando en que no puede seguir, pero porque es insostenible. Y claro, la tentación fue cambiar el título, el último capítulo, poner ¿Punto y final? y contar la última tarde, claro. De hecho, el prólogo empieza con la despedida. La gente me decía, te has precipitado con el libro, no va a retirarse. El libro estaba esperando lo que sucediera el 12 de octubre. No necesariamente la retirada.

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