Uno de los aspectos más llamativos de todo el recorrido judicial de la mujer de Pedro Sánchez es que, pese a tener todas las posibilidades del mundo al respecto, su defensa ha sido desde el primer momento más que deficiente.
Es como si hubiesen tratado de quitarle importancia a los muy graves problemas judiciales de Begoña Gómez construyendo una defensa tan pobre que demostrase que no se los tomaban en serio. O como si estuviesen convencidos de que lo que ocurra en los juzgados no importa porque creyesen que la Justicia nunca alcanzará a la esposa de un presidente del Gobierno.
Sea por lo que sea, y ya con Begoña Gómez a las puertas del juicio oral, su defensa se ha despachado este jueves con un nuevo episodio de esa estrategia a mitad de camino entre el espanto jurídico y el esperpento político.
Así, en una pericial –un documento elaborado por un perito– presentada ante el juez se argumenta que la cátedra de Begoña Gómez, que recordemos que se pone en marcha tras una visita del rector de la Complutense a Moncloa, no era una herramienta para el lucro personal o para dar un poco de lustre a su casi inexistente currículum, sino que al contrario, se trataba de una labor "sustancialmente altruista" puesto que, copiamos literalmente: "Su objetivo es aportar a la sociedad la experiencia de personas que ya son profesionales reconocidos en su sector".
A estas alturas ustedes se estarán preguntando en qué sector era reconocida como profesional Begoña Gómez y lo cierto es que sólo hay uno: en el de las mujeres de presidentes. Pero hay más: en el colmo de la arrogancia que caracteriza a la pareja que okupa Moncloa, el escrito compara a la hija de Sabiniano con… ¡Amancio Ortega!
Sí, suena completamente imposible, pero así lo dicen: "No tendría ningún sentido pensar que una cátedra de esta naturaleza como, por ejemplo, la Cátedra Inditex de la Universidad de La Coruña, se ha constituido para favorecer la carrera profesional del presidente de esa sociedad". Es difícil ser más grotesco y, sobre todo, tener una visión más equivocada sobre uno mismo.
Porque Begoña Gómez, que recordemos que se presentaba a sí misma como "conseguidora de fondos" –bego.fundraiser–, no ha aportado a la sociedad más que esa experiencia bastante breve en extraer dinero de las arcas públicas y privadas y, por supuesto, un tiempo tras las bambalinas de los lupanares. Ese era todo su currículo antes de la cátedra, de las relaciones con Barrabés y de las noches locas de San Petersburgo.
Finalmente, cabe consignar una última y divertida contradicción: ya es casualidad que el ejemplo con el que se compara, ridículamente, la mujer de Pedro Sánchez, sea nada más y nada menos que uno de los más grandes empresarios de España, con todo lo que han dicho y han hecho desde el Gobierno que preside su marido en contra de las empresas y de todos los empresarios que, como el gran Amancio Ortega, no le han bailado el agua ni participado en sus oscuras maniobras de poder.
