
Mira que una siempre cree que en política ya lo ha visto todo. Y no, siempre surge algo o alguien que supera todo lo visto y oído anteriormente. En este caso, la cúspide de la estupefacción la he alcanzado al ver y oír a Irene Montero en sede europarlamentaria intentando emular a la gran Marilyn Monroe cuando le cantó "Happy Birthday, Mr. President" a JFK. Sólo que el destinatario de sus ¿trinos? ¿rebuznos? era Donald Trump, al que ella rebautiza como "Mr. Genocide". Y se queda más ancha que larga.
Si quieren, entramos en el fondo de la cuestión de quién perpetra exactamente qué genocidios y dónde, y de qué está pasando y qué va a pasar en Irán. Pero lo que de verdad me pide hoy a mí el cuerpo es centrarme en las formas. En la posición esperpéntica en que Irene Montero ni siquiera sé si es consciente de que se ha puesto a sí misma.
Malo es que te intenten dar lecciones de feminismo mujeres que han llegado a primera línea política por la vía sexoafectiva, vamos a decirlo finamente. Si aplicamos al pie de la letra las feroces teorías irenemonteristas sobre qué es acoso y abuso sexual, no digamos qué es obtener favores sexuales prevaliéndose de una situación de superioridad laboral neta, a lo mejor Pablo Iglesias podría llegar a ser hasta carne de trullo. Aunque ya se sabe con qué desparpajo el Dúo Dinámico de la ultraizquierda despacha sus contradicciones. Cuando se compraron el casoplón de Galapagar, obligaron en la práctica a las bases del partido a avalarles (políticamente) la hipoteca. O esto, o se piraban. Admitimos cero crítica… y de autocrítica ni hablamos. "Yo me meto en la cama con quien quiero", llegaría a decir Irene Montero, cargada de razón. Lástima que todos los demás, para pensar y hacer eso mismo, a veces nos tengamos que esconder de la policía antierótica y fiscalizadora del amor del ministerio de ¿Igualdad?
Volviendo al numerito musical: yo creo que a Irene Montero la ha traicionado el subconsciente. Pensando que se reía de Trump, se ha puesto en ridículo ella misma. Todas las comparaciones son odiosas y con Marilyn más. Pero aquí, además, se pone de manifiesto el contraste entre una mujer a la que enamorarse por encima de sus posibilidades políticas le hundió la vida, y otra a la que en cambio se la solucionó. Y cómo.
No sé yo qué le cantará o habrá cantado Irene Montero a Pablo Iglesias en la intimidad o en las asambleas a la búlgara de Podemos. Pero de verdad me parece asombrosa la falta, no diré ya de recato, sino de la más elemental capacidad de autopercepción de este personal tan extremadamente rojo, morado, etc, que se considera por encima del bien y del mal, de la inteligencia y de la evidencia. Mientras José Luis Rodríguez Zapatero se suicida civil y políticamente para salvarse penalmente, mientras Irene Montero hace ostentación pública de su antisemitismo, proiranismo y feminismo de harén o directamente de todo a cien, ¿en qué están pensando, digo yo, la gente que todavía les cree y les vota? Perdónales Marilyn, a una por no saber lo que canta…y al otro por lo que no se atreve a cantar.
