
Leo en un periódico español –que me abstendré de señalar– que en Colombia acaba de tomar posesión el "gobierno ultra" de Abelardo de la Espriella, confirmándose así el para ellos lastimoso giro de Iberoamérica hacia la derecha. La opinión es libre, o eso dicen. Pero cuando va en letra de molde e impresa, debería recubrirse de una mínima hoja de parra de objetividad. O parecerlo. ¿Entiendo que los autores de esta información consideran que el gobierno de Gustavo Petro era el súmmum de la socialdemocracia moderada y del Estado del bienestar, sin asomo de narcoviolencia, paramilitares enloquecidos, niños guerrilleros, atentados con bomba día sí, día no? Por no hablar del fino detalle de amenazar primero con negarse a aceptar la derrota electoral de su delfín, Iván Cepeda, y, viendo que eso no colaba, anunciar la inmediata constitución de un gabinete alternativo. Vamos, que p'atrás, ni pa' tomar impulso.
Si uno es de izquierdas, se comprende que le chinche que ganen las derechas. Y viceversa. Pero siempre es aconsejable trascender la frustración y sacar algunas conclusiones elementales. Sobre todo cuando ya estamos cerca de que se cumpla el 59 aniversario de la ejecución en Bolivia del Che Guevara, quien predicaba exportar el experimento comunista a todos los puntos del orbe, y resulta que en Iberoamérica cada vez hay más gente que está hasta los mismísimos de vacuas épicas revolucionarias que prometen el cielo en la tierra… pero luego pasa lo que pasa.
¿Se está convirtiendo Iberoamérica en un laboratorio ideológico? En su día, la Guerra Civil española fue considerada exactamente eso: un ensayo general del fatídico choque entre fascismo y comunismo que pocos años después asolaría Europa entera, dejando más de veinte millones de muertos, el Holocausto, las bombas atómicas en Japón… Estremece leer los comentarios hondamente premonitorios de la periodista y escritora Martha Gellhorn, famosa por haber ido a "nuestra" guerra con su entonces amante y futuro esposo, Ernest Hemingway. A él le bastaba con sacar a pasear la testosterona y las ganas de aventura. Ella hilaba algo más fino y no se cansó de advertir de que todas las potencias democráticas que se desentendieran de España, acabarían pagándolo en sus propias carnes nacionales. Con intereses.
Es reconfortante para algunos recordar aquello como el resultado de un levantamiento fascista contra una república ideal. Pero lo cierto es que la República dejó de ser ideal tan pronto comunistas y anarquistas empezaron a comerse su corazón a dentelladas. Como lobos furiosos anteponiendo revoluciones y purgas delirantes a ganar la guerra o defender la legalidad vigente, haciendo saltar por los aires toda esperanza de convivencia pacífica, progreso y moderación. Que le pregunten a Manuel Chaves Nogales. Ya lamento decir que en todas partes donde se ha alzado una derecha funesta, una izquierda no menos funesta se había tomado peligrosísimas libertades primero. Eso vale para Franco igual que para Pinochet.
¿Encarna Abelardo de la Espriella una "derecha funesta"? Está por ver cómo resuelve la difícil papeleta colombiana este "tigre" vestido por diseñadores italianos que hizo fama y fortuna defendiendo como abogado a personajes tan controvertidos como Alex Saab, testaferro que fue de Nicolás Maduro. Conste que De la Espriella ni lo niega, ni se corta. Como no se cortó en su día de decir que no le apetecía lo más mínimo sacrificar su idílica vida de triunfador en casi todo por un país "de desagradecidos y de cafres" (sic) como Colombia.
¿Ha sido lo suyo un cambio de opinión a la Pedro Sánchez, o simplemente la experiencia acumulada, proximidad con los narcos incluida, le ha servido para calibrar mejor ciertas amenazas y no hacerse ilusiones de poder acabar con ellas a ritmo de cumbia? Primeras y tajantes decisiones como meter a una serie de cabecillas de las distintas hampas en cárceles de seguridad, después de tomar posesión no en Bogotá sino en Cali –provocassión, que cantaría nuestro Raphael… – le han dado cierta credibilidad entre los que ya no compran el mantra de que autoproclamarse de izquierda baste para convertir a la chusma en héroes.
Otra decisión inmediata que aquí habrá tenido una recepción más vidriosa: su inmediato reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara. Que no es que el tren del Sáhara no haga rato que ha partido sin nosotros, pero en fin, no deja de ser vinagre en una herida que los sucesos recientes en Ceuta no paran de agrandar. A pesar de los buenos oficios de Felipe VI para representar a España en esta controvertida toma de posesión, la creciente insignificancia española en el nuevo orden mundial es cada vez más deprimente.
Habrá quien se consuele pensando que al otro lado del Atlántico todos se han vuelto pues eso, unos desagradecidos y unos cafres, y encima unos fachas. Qué fácil es decir y pensar eso haciendo abstracción de la dura realidad que millones de colombianos, venezolanos, cubanos, etc, llevan años sufriendo mientras aquí mucho progre de salón se abanica el ombligo, cerrando los ojos a tantísimo sufrimiento, a tantísima inseguridad, a tantísima injusticia. ¿Se acuerdan de cuando nuestra querida Constitución liberal de 1812, la Pepa, hablaba con toda seriedad de "españoles de ambos hemisferios" y animaba a todos ellos a ser "justos y benéficos"? ¿Cómo hemos podido desviarnos tanto del camino desde allí?
