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El viaje de Albares

"Mega influencers ultraconservadores", "internacional reaccionaria", "narrativas ultraconservadoras", "propagadores de odio"... en resumen: que la culpa es de Franco.

A José Manuel Albares se le ha secado la cabeza, cayendo en un largo acceso de locura. Lo único seguro es que, al contrario que nuestro héroe de las letras, no ha sido por leer en exceso este verano. La comparecencia del ministro y botones en la Comisión de Defensa del Congreso ha parecido, por momentos, el balbuceo del borracho de un karaoke cutre cuando agarra el micrófono ante el I Will Always Love You de Whitney Houston, que tampoco solía cantar serena. Si en lugar de su extraña diatriba, hubiera tarareado el rico y alegre Paquito el Chocolatero nos habría resultado más cuerdo y sereno.

"Mega influencers ultraconservadores", "internacional reaccionaria", "narrativas ultraconservadoras", "propagadores de odio", y mucha acusación de "bulos y desinformación". En resumen: que la culpa es de Franco, a quien no ha citado, pero solo porque, en medio de la aridez cerebral que le sobrevino, no le salía el nombre. Imagino que, después de todo, la solución a la crisis migratoria es otra ley de prensa, prohibir las redes sociales no domesticables, y celebrar otro año de exaltación histórica del antifranquismo, que no hay mal que por bien no venga, que al fin están logrando que los jóvenes conozcan mucho más a fondo al ferrolano y a su obra, pero no como ellos querrían.

Yo de mayor quiero ser como este Gobierno: inmaculado. Es muy difícil que consigas la peor gestión del mundo en la pandemia, que logres un apagón masivo en todo el país, que apruebes una ley feminista que excarcela a más de un centenar de agresores sexuales, o que provoques varias avalanchas de inmigrantes ilegales, y que la culpa sea siempre de otro. Hasta cuando roban, la culpa es de la corrupción sistémica en el empresariado español. Me habría venido de perlas esa capacidad de echar balones fuera cada vez que tenía que decirle a don Ramón que, de nuevo, no había hecho los deberes de Matemáticas durante el fin de semana.

Albares, por supuesto, ha hecho lo que le ha pedido Sánchez. Me sigue asombrando la capacidad que tiene el Amado Líder para que sus súbditos se inmolen por unas migajas. Más aún si tenemos en cuenta la facilidad con la que Sánchez deja caer a los suyos cuando la cosa se complica. El hombre que nos advirtió que "no podría dormir tranquilo" con comunistas en el Gobierno, en realidad, no ha dormido intranquilo jamás. De ordinario eso es virtud, pero en su caso es alteración grave de la conciencia, cuando ya has traspasado tantos límites que ni siquiera se te encienden los pilotitos rojos más elementales. También los borrachos duermen de maravilla. La resaca, más tarde, es otra cosa. Y le llegará.

Al Gobierno se le han visto las costuras en la falta de previsión ante la invasión, pero ni siquiera eso resulta creíble, porque esa es precisamente la acusación que más satisface a Sánchez de todas las posibles. Por eso resulta tan interesante lo que cuenta Carlos Cuesta en Libertad Digital, que el CNI tenía pleno conocimiento del traslado de más de 80.000 personas hacia Ceuta por la geolocalización de los móviles. Con seguridad, nuestros espías alertaron al Gobierno de esos movimientos, y la banda de Sánchez, como acostumbra, dejó obrar, o bien porque Marruecos lo sigue teniendo cogido por la antena, o bien porque se siente más cómodo en el caos y en la tragedia –siempre que solo afecte a otros–; tampoco descartemos ambas opciones juntas, que es mi personal apuesta.

En las primeras horas probaron el argumento sentimental de los niños, la reescritura de los hechos minimizando la avalancha, la verborrea institucional para hacernos creer que Interior lo tiene todo controlado y, tras el fracaso, lanzaron a Albares al Congreso a emular a Sánchez tras cinco días de retiro y reflexión: salir como elefante en cacharrería a agitar banderas guerracivilistas, acusar a la derecha de lanzar inmigrantes a Ceuta –eso fue especialmente gracioso- y, por supuesto, un clásico totalitario, culpar a misteriosos agentes internacionales ultraconservadores de conspirar contra el Gobierno de España. El "argumentario" de Sánchez es ya un bostezo infinito.

Como imagino que el argumento del "bulo-bulo" y "ultra-ultra-derecha" es el último del camino por esta vez, y como tengo serias dudas de que sean capaces de ascender un peldaño y culpar al cambio climático de la avalancha migratoria –sujétales el cubata–, tal vez sea hora de que empiecen a hacer su trabajo, si no es molestia, que por pagador de impuestos a veces, a lo loco, se me ocurre sugerir al Gobierno que podría al menos alguna vez hacer su maldito trabajo y defender los intereses y la seguridad de los españoles [inserte aquí su escéptica carcajada].

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