
"Cuba condena el terrorismo y reafirma su cooperación en materia de seguridad y lucha contra el lavado de dinero". Este es el titular con el que el periódico Granma —órgano oficial del Partido Comunista Cubano (PCC)— abre la portada de su edición impresa este lunes 2 de febrero de 2026. Se corresponde con el de la declaración difundida este domingo por el ministerio de Exteriores, que reproduce íntegramente y que recoge su "compromiso de cooperar con los Estados Unidos". Algo absolutamente impensable antes de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.
El texto viene a responder —acusación por acusación— a los argumentos en los que el presidente estadounidense basó su orden ejecutiva para la imposición de sanciones a aquellos países que pudieran suministrar petróleo a Cuba. La estrategia de Trump estaba clara: aprovechar la situación actual de la isla caribeña —que pasa por la peor crisis energética de su historia y se quedó sin su principal proveedor de crudo con la captura del sátrapa venezolano Nicolás Maduro— para forzar una negociación con la dictadura comunista. Y parece que así ha sido.
Aunque la cúpula castrista intenta guardar las formas y no mostrar síntomas de debilidad. Es obvio que se están produciendo movimientos en el seno del régimen. Esta portada de Granma y la declaración de Exteriores en sí, son prueba de ello. Dice en sus páginas que "cualquier interacción pasada que haya involucrado a personas posteriormente designadas como terroristas ocurrió únicamente en contextos humanitarios limitados, vinculados a procesos de paz reconocidos internacionalmente, a solicitud de sus respectivos gobiernos".
El régimen comunista "propone renovar la cooperación técnica con los Estados Unidos en áreas que incluyen la lucha contra el terrorismo, la prevención del lavado de dinero, el combate al narcotráfico, la ciberseguridad, la trata de personas y los delitos financieros". De esta manera, "reafirma su disposición a mantener un diálogo respetuoso y recíproco" y "basado en el derecho internacional".
Un giro de timón que poco tiene que ver con el llamamiento a las armas para defender la patria con su sangre que han estado realizando los líderes de la dictadura en las últimas semanas, ante el temor de que Estados Unidos decidiera intervenir militarmente en Cuba.
No están solos
Por si acaso, en la misma portada se encargan de dejar claro que Cuba —la dictadura— no está sola "ante la nueva arremetida del imperialismo yanqui". Pero las aguas parecen haberse calmado. El mandatario norteamericano ha confirmado este domingo que su administración está manteniendo conversaciones con el régimen.
"Estamos hablando con las más altas esferas", ha asegurado. "Creo que vamos a llegar a un acuerdo", ha llegado a decir con tono conciliador pero firme. "Seremos amables, pero las cosas tienen que cambiar", ha dicho. "El tiempo del comunismo se acabó". Y, poco a poco, el régimen va dando algunos pasitos.
El dictador rebaja el tono
El propio Miguel Díaz-Canel rebajaba el tono del discurso cuando hace un par de días se mostró dispuesto a negociar con Estados Unidos, aunque advirtió que "el diálogo no puede ser bajo presiones" a "un pequeño país que lo que lucha es todos los días contra la adversidad para lograr la prosperidad, la prosperidad que merece por su heroísmo".
Miguel Díaz-Canel dio un giro en su discurso hacia Estados Unidos al declarar que su gobierno está dispuesto a dialogar con la administración de Donald Trump, pero no "bajo presiones". pic.twitter.com/sSaE2J0HJH
— Cubita NOW (@CubitaNow) February 1, 2026
"Tenemos la convicción de que nosotros tenemos que salir de nuestros problemas por nosotros mismos, con nuestro talento y con el coraje", señaló Díaz-Canel. "Defenderemos la patria, la revolución y el socialismo" desde "el patriotismo y antiimperialismo que distingue y une a nuestro pueblo", añadió —eso sí—de forma más sosegada que de costumbre.



