
Tras un año de relativa calma en los precios del aceite de oliva, el oro líquido podría volver a encarecerse en los próximos meses. La combinación de una producción algo menor de lo esperado y el contexto internacional marcado por la guerra de Irán y el bloqueo de Ormuz vuelve a poner este producto básico en el punto de mira.
Según los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la campaña 2025/2026 cerrará con una producción aproximada de 1,29 millones de toneladas, lo que supone un 9% menos que la campaña anterior y un 6% por debajo de lo que se había previsto inicialmente.
Este descenso tiene una explicación clara: el clima. Las lluvias persistentes y los fuertes vientos registrados entre diciembre y febrero en muchas zonas olivareras han provocado retrasos en la recogida de la aceituna y, en algunos casos, daños en el fruto. Todo ello ha terminado afectando directamente a la cantidad final de aceite producido.
Al inicio de la campaña, las previsiones eran más optimistas. Se esperaba alcanzar alrededor de 1,37 millones de toneladas, una cifra similar a la del año anterior. Sin embargo, la evolución de los meses ha obligado a revisar estos datos a la baja.
A pesar de esta menor producción, el ritmo de ventas ha sido bueno durante toda la campaña. Esto significa que las existencias finales podrían ser más bajas de lo habitual, un factor que suele presionar los precios al alza.
Además, el contexto internacional no ayuda. La inestabilidad derivada de la guerra de Irán está encareciendo numerosos productos, especialmente aquellos relacionados con la energía y el transporte. Este efecto en cadena podría terminar afectando también al aceite de oliva, que sufre en gran medida la subida de los costes de producción y distribución.
En este escenario, el aceite de oliva podría sumarse de nuevo a la lista de productos que están subiendo de precio. Aunque todavía es pronto para saber hasta qué punto lo hará, todo apunta a que la tregua vivida en el último año podría estar llegando a su fin.


