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Sánchez dirige la deuda pública a los 1,8 billones de euros

La deuda pública roza los 1,74 billones y crece 140.429 euros por minuto bajo Sánchez, pese a la recaudación récord de 2025.

La deuda pública roza los 1,74 billones y crece 140.429 euros por minuto bajo Sánchez, pese a la recaudación récord de 2025.
Pedro Sánchez | Cordon Press

En abril, se produce una mínima bajada de la deuda pública, pero no porque haya una situación de superávit que lleve a poder amortizar deuda, sino por el decalaje que hay entre las refinanciaciones del Tesoro y la amortización de la deuda que vence, ya que la situación sigue siendo de déficit y, por tanto, la deuda continuará aumentando a lo largo del año en valores absolutos, de manera que la tendencia alcista de la deuda se mantiene.

El aumento de los ingresos derivado de la inflación mitiga el déficit y, con ello, la deuda en valores absolutos, pero, aun así, el déficit sigue teniendo gran potencia porque se gasta casi todo el nuevo ingreso que se genera. Con recaudación en 2025 de récord, el déficit no se reduce lo suficiente, y la reducción que tiene se debe al incremento del PIB nominal derivado de los efectos de la inflación, porque todo ingreso que entra, se gasta.

Es más, el cociente entre la deuda y el PIB sigue todavía, pese a ello, por encima del 100%, de manera que ni la recaudación excepcional consigue rebajar el cociente por debajo de dicho umbral, porque, realmente, se está dedicando dicha recaudación excepcional a incrementar más el gasto.

La deuda sobre el PIB puede rebajarse ficticiamente por efecto estadístico, pero en valores absolutos sigue existiendo, sigue creciendo y sigue acumulándose como una losa para la economía española, tanto por su capacidad para devolverla, como para su capacidad para pagar los intereses por la misma, que drenarán recursos a otros servicios esenciales. Los datos son los siguientes:

  • En abril, por efecto del citado decalaje entre refinanciaciones y amortizaciones, la deuda bajó en 3.621 millones de euros y mantiene, así, su tendencia alcista, como ha hecho Pedro Sánchez durante todo su mandato.
  • Sólo en 2025, la deuda pública se incrementó en 78.108 millones…
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  • …que con el dato de abril se mantiene en esos más de 70.000 millones en los últimos doce meses, de abril de 2025 a abril de 2026.
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  • La deuda supera los 1,7 billones de euros y se dirige hacia los 1,8 billones, y se sitúa en abril en 1,735880 billones de euros de endeudamiento, con casi 580.000 millones de euros de incremento desde que gobierna Sánchez (578.543 millones), según las notas iniciales de deuda de las AAPP emitidas por el Banco de España con carácter mensual.
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  • De esta forma, la deuda sigue incrementándose en alrededor de 200 millones de euros al día (202,22 millones) -casi 1.500 millones a la semana, 6.000 millones al mes, casi 8,5 millones cada hora- desde que gobierna Sánchez.
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  • O dicho de otra manera, Sánchez incrementa la deuda cada minuto en 140.429 euros
  • Es decir, mientras un ciudadano hace una pausa de quince minutos para tomarse un café por la mañana, Sánchez habría incrementado la deuda en más de 2 millones de euros.
  • Y durante una jornada laboral completa, en la que un ciudadano habrá estado trabajando duramente ocho horas, generando actividad económica, empleo y pagando sus impuestos, Sánchez habrá aumentado la deuda en casi 68 millones de euros.
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  • El incremento del endeudamiento puede poner en peligro a la economía española, tanto por su capacidad para financiarla si el BCE deja de comprar deuda, como por la repercusión de sus intereses en el presupuesto, que mermará recursos para servicios esenciales y que, a su vez, incrementará el gasto. Es algo que no se tiene en cuenta, pero que constituye un peligro larvado.
  • Así, sobre la base de unos ingresos coyunturales, se ha ido asumiendo un incremento del gasto anual en el sector público, especialmente en el Gobierno de la nación, que nos lleva a una situación de insostenibilidad: con una recaudación adicional de más de 30.000 millones en 2022, el déficit sólo se redujo 2 décimas sobre el objetivo, que denota el importante incremento del gasto que se está produciendo (tres décimas si empleamos la revisión del PIB, pero no es comparable con la previsión inicial, realizada con un PIB estimado menor, al no haberse revisado entonces). Además, la IGAE detectó un pequeño incremento del déficit posteriormente, que se come una décima. En 2023, el gasto siguió aumentando y si el déficit disminuyó se debió sólo al incremento de ingresos por aumento de la inflación, al igual que en 2022. En 2024, el saldo se redujo también por incremento extraordinario del PIB en su revisión. El Gobierno también fió todo a los ingresos en 2025, ya que el gasto lo disparó de nuevo, como hemos podido ver con el techo de gasto no financiero que previó para 2025 (pese a no presentar, finalmente, PGE), donde cada vez se vuelve más estructural, tal y como ha vuelto a hacer para 2026, donde el techo de gasto no financiero propuesto en la senda de estabilidad dos veces rechazada por el Congreso, es casi 100.000 millones de euros mayor que el que había cuando Sánchez llegó al Gobierno. El cumplimiento del objetivo en 2025 se debe a la recaudación extraordinaria, que ascendió a 325.000 millones de euros, por la no deflactación del IRPF y las subidas de impuestos, que asfixia a ciudadanos y empresas, y por la inflación, que los empobrece,
  • Este endeudamiento se agravará, con mayor crecimiento de gasto, que incrementará el gasto estructural y el déficit estructural, con presiones de gasto adicionales muy importantes como el desequilibrio existente en la Seguridad Social, que con la reforma del Gobierno se desajusta todavía más, al presionar fuertemente al gasto. La reforma propuesta del SFA, además de estar diseñada al dictado de los independentistas catalanes, pretende aumentar el gasto en 21.000 millones de euros sin reducirlos de las partidas de la AGE. Ahora, no se ve, pero el deterioro estructural que provoca este crecimiento insano cortoplacista es muy intenso.
  • Adicionalmente, si, en un futuro, se terminase de aplicar el concierto catalán, la Administración General del Estado puede perder decenas de miles de millones de euros de ingresos, con el agravamiento de dicho déficit, al tiempo que tendría que cubrir los servicios esenciales de las CCAA receptoras de fondos ante la insolidaridad del cupo catalán, tal y como distintos organismos han publicado.
  • De esa manera, el déficit estructural español se sitúa alrededor de cuatro puntos porcentuales sobre el PIB, elemento que señala un grave desequilibrio de la economía española. Déficit estructural que es la gran preocupación de la Comisión Europea.

  • La tendencia, así, sigue siendo alcista –y así seguirá mientras siga habiendo déficit, pues la deuda no es más que el sumatorio de los distintos saldos presupuestarios de cada ejercicio– con la aportación de inestabilidad a la economía que ello supone, como también ha sucedido en 2022, 2023, 2024 y 2025 pese al incremento extraordinario de recaudación motivado por la inflación; inestabilidad acrecentada por el hecho de llevar tres ejercicios sin presupuestos, situando el gran problema en la actualidad, donde la ralentización económica -más allá del impulso artificial del efecto base estadístico- será mayor y los ingresos podrán cubrir todavía peor los gastos. La propia AIReF advirtió el pasado año de la aceleración del gasto y ha pedido que se tomen medidas para corregirlo en alrededor de 5.000 millones de euros. Vuelve a hacerlo este año e incluso Escrivá, desde el Banco de España, advierte sobre el crecimiento de la deuda.
  • La deuda con esos 1,735 billones de euros, supone el 101% del PIB español según el Banco de España, pero sólo por el efecto del incremento extraordinario del PIB en la revisión de 2021 y la estimación de mayor PIB para 2026…
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  • …sin esa revisión, sería del 103,5% del PIB. Es decir, la revisión extraordinaria del PIB rebaja en 2,5 puntos el cociente, pero la deuda sube con fuerza en valores absolutos:
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  • Aunque es obvio que el efecto del denominador derivado del crecimiento del PIB mitiga el cociente, como vemos, seguirá siendo muy elevado porcentualmente y, lo que es más preocupante, creciente en valores absolutos.
  • Así, si durante el primer año creció la deuda por persona en 828,03 euros, en los más de siete años y medio de mandato de Sánchez la deuda por persona ha aumentado en 11.644 euros (casi catorce veces el incremento del primer año).
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  • De esa forma, seguimos con un incremento exponencial del gasto, siendo los últimos de la UE que conseguimos recuperarnos, pese a la revisión extraordinaria al alza que ha realizado el INE y al impulso que los últimos ocho años le ha dado el gasto público al PIB, en un entorno económico complicado, además de la inflación.
  • Esto impulsa el crecimiento a corto plazo, sobre unos cimientos muy débiles, que perjudican, además, a la estructura económica del medio y largo plazo, debido a la composición insana del crecimiento, donde crece el gasto público en detrimento de la inversión, que no crece como debería, aunque ahora el Gobierno la revise al alza en su cuadro macro y el INE en sus revisiones, dándose un efecto expulsión de la inversión privada por parte del gasto público, con claro ejemplo en la inversión extranjera recibida.
  • Este empobrecimiento se plasma en el retroceso en el PIB per cápita español al ser comparado con la media de la UE. Mientras Irlanda, por ejemplo, crece muchísimo en PIB per cápita respecto al cierre de 2017, España retrocede en ese período, que coincide con el mandato de Sánchez.
  • Los ciudadanos necesitan que el Gobierno les aligere de cargas, como, por ejemplo, la deflactación del IRPF, y la bajada de impuestos, no que los endeuden más.

Es imprescindible, por tanto, reducir el gasto ineficiente, porque es el origen del problema y vuelve insostenible el mantenimiento de la estructura económica con semejante endeudamiento, incrementar la inversión tractora del desarrollo económico y fomentar, especialmente, la inversión productiva privada, eliminando el efecto expulsión que supone el desmedido gasto público estéril, y devolver a los ciudadanos la recaudación extra que el Gobierno está consiguiendo gracias a la inflación, que asfixia a los españoles, les hace perder poder adquisitivo y les impide llegar a fin de mes y poder competir, en el caso de las empresas, en los mercados.

Es decir, se necesita una política económica radicalmente distinta a la de Sánchez, que es confiscatoria e incrementalista de déficit y deuda, en suma, empobrecedora, como se ve con la pérdida de posiciones en la UE en PIB per cápita en paridad del poder de compra. Y se necesita recuperar la confianza y la seguridad jurídica, menoscabadas al no presentar PGE el Gobierno durante los últimos tres ejercicios.

Seguimos como todos los meses, desgraciadamente, con una tendencia acumulada de más gasto, más déficit, más deuda y más impuestos y un daño terrible a la estructura económica española en el medio y largo plazo, que no parece que vaya a corregirse en el año electoral en el que vamos a entrar.

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