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Golpe a la capacidad de compra de los españoles

La inflación se dispara al 4,3% en agosto y agrava el empobrecimiento de los españoles.

La inflación se dispara al 4,3% en agosto y agrava el empobrecimiento de los españoles.
Interior de un supermercado. | AEF

El incremento de precios es fortísimo, como muestra el indicador adelantado del IPC de agosto de 2026. Los precios siguen subiendo sin cesar y muestran una fuerte tendencia alcista. De esa forma, la subida de precios sigue empobreciendo a la población, especialmente a la clase media. Así, la inflación en agosto se sitúa, según el indicador adelantado, en el 4,3% interanual, siete décimas más que en julio, lo que muestra cómo la inflación se extiende por toda la actividad económica, al ser tan elevada la inflación más estructural y menos expuesta a la volatilidad de ciertos componentes.

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Además, la subida intermensual del IPC general es relevante, al subir un 0,7%, lo que prorroga las subidas de marzo, abril, mayo, junio y julio. La subyacente retoma la subida intermensual, con un 0,2%, y mantiene una importante tendencia alcista, de manera que aun eliminando los costes energéticos y de alimentos no elaborados, el incremento inflacionista se está enrocando ya de forma estructural en toda la cadena de valor, como muestra el dato de la subyacente.

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Hay, por tanto, un mantenimiento de la tendencia alcista de manera acelerada, impulsada por el incremento de los precios energéticos desde que estalló la guerra de Irán —cuyo inicial cese de las hostilidades no termina de resolverse, lo que añade incertidumbre y presión a los precios energéticos y, con ello, a toda la cadena de producción— que se acelera en términos interanuales en su parte más estructural, con un IPC armonizado con la UE del 4,5% interanual en agosto, seis décimas más que en julio, que muestra cómo en España nos alejamos cada vez más del objetivo de inflación, de manera que la evolución de los precios en España está 2,5 puntos por encima del objetivo de precios del BCE.

Lo grave, además, es que estos ritmos de crecimiento de inflación se producen sobre niveles de precios muy elevados alcanzados en los meses anteriores, con lo que sigue mermando el poder adquisitivo de los agentes económicos. La acumulación del deterioro de dicho poder adquisitivo es intensa y los agentes económicos han ido gastando sus ahorros y ajustando su cesta de la compra, que se ve perjudicada también por el incremento de impuestos de los últimos ocho años. De hecho, ese empuje en los precios, en los que España tiene una elevada responsabilidad, ha llevado al BCE a subir un cuarto de punto los tipos de interés.

Todo ello hace que desde que gobierna Sánchez la inflación haya subido un 27,70%, mientras que la subyacente, durante su mandato, lo haya hecho un 23,75%.

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Además, la preocupante evolución del crecimiento económico, basado en el gasto público (que ha expulsado a la inversión en gran parte), ha tensado los precios al alza durante mucho tiempo, al seguir habiendo abundante liquidez en el sistema.

Somos más pobres, con una clase media cada vez más empobrecida, con toda una generación que, por primera vez en décadas, va a vivir peor que sus padres. Ese será el triste legado económico de Sánchez: las revisiones hacia arriba del PIB con la metodología de Calviño, confesada por ella en sus memorias, no pagan facturas; la economía real de los ciudadanos ve cómo cada vez puede afrontar sus gastos con menor amplitud, porque su poder de compra ha caído, porque se han empobrecido, y eso no hay nadie que pueda esconderlo; simplemente, basta con observar la vida cotidiana de los ciudadanos en el supermercado, donde es más palpable.

Carestía de la cesta de la compra, impuestos confiscatorios y cotizaciones asfixiantes empobrecen a una clase media que, a este paso, se irá alejando cada vez más de los estándares de nivel de vida que caracterizan a dicha clase media, cosa que sería, de confirmarse, letal para la propia evolución económica española, pues una economía necesita de una potente y próspera clase media para crecer de manera sana y equilibrada, pero la política económica de este Gobierno —y a Dios gracias que no tiene las competencias en política monetaria— intensifica ese empobrecimiento con el desbordante gasto público, los impuestos y las cotizaciones, antes mencionados. Están estrangulando a la economía y a los ciudadanos. El efecto estructural sobre la economía de la política económica bajo el sanchismo, aunque ahora no se perciba, es letal, porque se mantiene a base de subsidios, de expulsar talento, de atraer mano de obra de bajo valor añadido y del impulso del gasto público, que merman las posibilidades de que la economía crezca por sí misma y sea sostenible, no sostenida, como es ahora, al tiempo que los ciudadanos y empresas son asfixiados con impuestos crecientes.

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