
En pleno centro de Madrid, a pocos pasos de la Puerta del Sol, un edificio de apariencia sobria guarda en su interior uno de los conjuntos artísticos vinculados a los Austrias que conserva la capital. El Monasterio de las Descalzas Reales ocupa el antiguo palacio en el que nació Juana de Austria, hija de Carlos I e Isabel de Portugal, y su visita permite recorrer parte de la historia de la familia real española.
Un antiguo palacio convertido en monasterio
El origen del edificio se remonta al antiguo palacio donde residieron Carlos I e Isabel de Portugal y donde nació Juana de Austria en 1535. Años después, ella decidió transformar el inmueble en un monasterio de clarisas y allí instaló sus aposentos tras regresar de Portugal.
Las primeras religiosas llegaron en 1559. El monasterio fue construido por Antonio Sillero y posteriormente por Juan Bautista de Toledo entre 1559 y 1564. Juana no llegó a ver terminada la obra debido a su muerte en 1573.
El conjunto conserva elementos de aquel palacio, entre ellos su fachada plateresca y una escalera renacentista. En los patios aparecen columnas de mármol de Génova, mientras que distintas estancias mantienen decoraciones con azulejos y yeserías de tradición morisca y formas renacentistas.
La sobriedad exterior contrasta con lo que encuentra el visitante en el interior: pinturas murales, cuadros, relicarios, belenes y tapices forman parte de la colección artística del monasterio.
La escalera que conserva escenas de los Austrias
Uno de los espacios más destacados es la Escalera Principal de la antigua casa-palacio. Sus paredes y bóvedas conservan pinturas murales realizadas durante los siglos XVI y XVII, que convierten el recorrido en una de las partes más singulares de la visita.
El monasterio también estuvo estrechamente relacionado con otras mujeres de la familia real. La emperatriz María, hermana de Juana de Austria, vivió allí y murió en el edificio en 1603. Su hija, Isabel Clara Eugenia, también pasó parte de su infancia en el llamado Cuarto Real.
Años después, Isabel Clara Eugenia regaló al convento una de sus piezas más conocidas: una serie de tapices tejidos en Bruselas a partir de cartones de Pedro Pablo Rubens, dedicada a la Apoteosis de la Eucaristía.
El vínculo con la música tampoco es menor. Entre los capellanes de este monasterio estuvo Tomás Luis de Victoria, compositor renacentista que ejerció como maestro de capilla de esta casa y de la emperatriz María.
Una colección que va más allá del palacio
El Monasterio de las Descalzas Reales está catalogado como Bien de Interés Cultural y recibió en 1987 la distinción de Museo Europeo del Año.
Durante la renovación museográfica llevada a cabo en 2020 y 2021 se actuó sobre ocho salas, se restauraron más de 50 obras, se incorporaron piezas procedentes de la clausura y se instaló un nuevo sistema de iluminación con tecnología LED.
Desde el 25 de marzo de 2026, además, cuenta con un nuevo Centro de Recepción de Visitantes. La actuación ha incluido la limpieza y consolidación de la portada plateresca y la restauración y mejora de las puertas históricas de acceso.
Nuevos espacios que se podrán visitar
El recorrido no ha terminado de ampliarse. Patrimonio Nacional prevé incorporar a finales de 2026 varios espacios monumentales que históricamente permanecían reservados a la clausura.
Entre ellos están la Capilla de la Dormición, situada junto al antiguo dormitorio de las religiosas, la Casa de Nazaret y la Capilla del Milagro. Son tres ámbitos de época barroca que permitirán conocer nuevos aspectos de la arquitectura y de la vida contemplativa del conjunto.
La visita actual se realiza exclusivamente mediante visitas guiadas, con una duración aproximada de una hora. El monasterio abre de martes a sábado de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 18:30, y domingos y festivos de 10:00 a 15:00. Los lunes permanece cerrado.
El acceso es gratuito los miércoles y jueves de 16:00 a 18:30, con último acceso a las 17:30. Aunque las entradas por internet estén agotadas, Patrimonio Nacional indica que pueden adquirirse en la taquilla física hasta completar el cupo.
