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El Versalles escondido a tres kilómetros de Madrid que desconocías

Esta joya monumental de la dinastía borbónica destaca por su imponente arquitectura y unos jardines accesibles de manera gratuita.

Esta joya monumental de la dinastía borbónica destaca por su imponente arquitectura y unos jardines accesibles de manera gratuita.
Jardín del Palacio de la Quinta del Duque del Arco en El Pardo, Madrid. | Wikipedia

Hay lugares de Madrid que pasan desapercibidos incluso estando dentro del término municipal. Uno de ellos se encuentra en el monte de El Pardo y guarda un conjunto de jardines que sorprende por su diseño, sus fuentes y la sucesión de terrazas que ascienden por la ladera. Es la Quinta del Duque del Arco, una antigua finca nobiliaria integrada en el Real Sitio de El Pardo cuyos jardines están abiertos al público de forma gratuita.

Una entrada que conduce a otro Madrid

Para llegar hasta la quinta hay que dejar atrás buena parte del Madrid urbano y adentrarse en el entorno de El Pardo. La finca se encuentra a unos 3,5 kilómetros del núcleo de población, en la carretera de Somontes al Palacio de la Real Quinta.

El conjunto conserva un palacete, una antigua casa de labor y los jardines históricos. El edificio principal recuerda en su aspecto al Palacio de la Zarzuela, pero es el jardín el que concentra buena parte del interés de la visita.

La quinta fue declarada Monumento Nacional en 1935 y actualmente tiene la consideración de Bien de Interés Cultural con categoría de jardín histórico.

Cuatro niveles para salvar una gran pendiente

El jardín ocupa más de 10.000 metros cuadrados y tiene una particularidad que condiciona por completo su aspecto: está construido sobre un terreno con una pendiente muy pronunciada.

Para salvarla se construyeron cuatro grandes terrazas, comunicadas mediante rampas y escaleras. Cada nivel cuenta con parterres y elementos ornamentales que crean una perspectiva ascendente.

Hay fuentes, esculturas, jarrones y estanques, además de varios elementos arquitectónicos que llaman la atención durante el recorrido. Entre ellos están una gran cascada decorada con mascarones, una exedra, un muro de hornacinas, un estanque superior y una gruta artificial.

El resultado mezcla distintas tradiciones de la jardinería histórica. La composición tiene una marcada influencia francesa, mientras que algunos elementos decorativos incorporan rasgos italianos y la propia disposición de la finca respecto al jardín presenta características de la tradición española.

Dos árboles que no pasan desapercibidos

Entre todos los elementos del jardín hay dos que destacan por su tamaño. Son dos ejemplares de secuoya roja, una especie conocida por alcanzar grandes dimensiones.

Fueron plantados con posterioridad y, al quedar fuera del eje principal del jardín, rompen parcialmente la composición original. Precisamente por su tamaño se han convertido en uno de los elementos más reconocibles de la quinta.

Las fuentes, además, no funcionan durante todo el día: se ponen en funcionamiento los sábados y domingos por la mañana.

De finca de un duque a propiedad de los reyes

Mucho antes de convertirse en un espacio visitable, la finca tuvo un origen muy distinto.

La actual quinta nació a partir de la antigua Quinta de Valrodrigo, una casa de labor que compró en 1717 Alonso Manrique de Lara y Silva, duque del Arco, cortesano de Felipe V, caballerizo mayor del rey y alcaide de El Pardo.

Después de su muerte, su viuda cedió la propiedad a Felipe V e Isabel de Farnesio en 1745. Los monarcas incorporaron entonces la quinta al Real Sitio de El Pardo.

La finca tenía en aquella época una extensión considerable de terrenos agrícolas, con viñedos, olivares, frutales y naranjos. La residencia y el jardín formaban parte de un espacio mucho más amplio ligado a la explotación de la finca.

El lugar donde estaba Azaña en julio de 1936

La historia de la quinta dio otro giro casi dos siglos después.

Cuando se produjo el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, el presidente de la Segunda República, Manuel Azaña, se encontraba en la Quinta de El Pardo, donde residía. La situación hizo que abandonara la finca por motivos de seguridad y se trasladara al Palacio Nacional, el actual Palacio Real.

Durante la Guerra Civil el palacio sufrió graves daños. El edificio fue reconstruido entre 1940 y 1941 y en octubre de 1942 fue inaugurado como Academia de Mandos Isabel la Católica, destinada a la formación de instructoras de la Sección Femenina.

En las décadas siguientes también tuvo otros usos. En 1974, por ejemplo, acogió audiencias de los entonces príncipes Juan Carlos y Sofía.

Lo que sí puede visitarse gratis

Hoy la situación es muy diferente. El palacio no puede visitarse, ya que Patrimonio Nacional lo alquila para eventos y recepciones privadas.

Los jardines, en cambio, sí están abiertos al público y la entrada es gratuita. En septiembre, hasta el día 30, el horario de apertura es de 8:00 a 20:00. Desde el 1 de octubre y hasta el 31 de marzo, cierran a las 18:00.

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