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José T. Raga

¿Es posible un bienestar endogámico?

Más ministros, más cargos públicos reclamando más impuestos porque no les llega. Tampoco llega a los españoles.

Más ministros, más cargos públicos reclamando más impuestos porque no les llega. Tampoco llega a los españoles.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, da un discurso durante la reunión del Consejo Político Federal del PSOE en Zaragoza | EFE

La cuestión de hoy, reconozco que tiene su complejidad, por ello, voy a ser el primero en lanzar la piedra, para evitar atribuciones erróneas, permitiéndome una precisión de entorno a la cuestión planteada. Vamos a suponer que vivimos en un mundo en libertad, habitado por seres racionales, ante los que se ofrecen diversas alternativas para cada decisión –decisiones dirigidas a la consecución del bienestar–.

A la hora de elegir, parece natural que nadie opte por la alternativa más perjudicial, antes bien, por la más beneficiosa. Adam Smith, es muy claro: "Ninguno… se propone… promover el interés público… Cuando prefiere la industria doméstica a la extranjera, sólo medita su propia seguridad, y cuando dirige la primera de forma que su producto sea del mayor valor posible, sólo piensa en su ganancia propia…". [Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones. (1776)]. Si así fuera, cabría afirmar que el bienestar, al menos, tiende a ser endogámico. Pero –hay un pero–: la sociedad está formada por individuos que interrelacionan, brotando entre ellos, derechos y obligaciones.

Teniendo esto en cuenta, dirá el propio Smith en otro lugar: "El individuo sabio y virtuoso está siempre dispuesto a que su propio interés particular sea sacrificado al interés general de su estamento o grupo. También… a que el interés de ese estamento o grupo sea sacrificado al interés mayor del estado… Debe… estar igualmente dispuesto a que todos estos intereses inferiores sean sacrificados al mayor interés del universo, al interés de la gran sociedad…". [Teoría de los Sentimientos Morales. (1759)].

Observen que, cuando describe al hombre comprometido, lo califica de individuo sabio y virtuoso, en contraposición al anterior endogámico y egoísta. Y, aún hay otro pero: ¿A qué viene hoy este tema?

Fundamentalmente, a que estoy harto de oír al señor Presidente y a su gobierno decir que están con la calle, que lo importante es el bienestar de los individuos, cuando sus intervenciones son tan deslavazadas, tan vacías de contenido, y tan contrarias a los objetivos, que uno sólo puede sentirse víctima de un macro-engaño, atribuible, únicamente, al gobierno de la nación. Cuando, entre decentes, no cabe excusa; ni la cercanía electoral, ni la búsqueda de empleo.

Hacen, dicen, viajan inútilmente, gastan dinero público, sin otro efecto que endeudar a la nación pero, bienestar (?), sólo endogámico; para los muy adictos. Es más, señor Sánchez, el término bienestar quedó en desuso por su estrechez. Aquel viejo bienestar –Wellfare– ha sido sustituido, desde hace lustros, por el de bien-ser –Well Being–; mucho más exigente.

Si la parte positiva le resulta farragosa, analice su dimensión negativa. Pregúntese ¿quién se está sacrificando por la crisis española? Cada día se prolonga la retahíla de sectores productivos, de empresas, de autónomos, de hogares consumidores… ¿Dónde está el parejo sacrificio del gobierno? Más ministros, más cargos públicos… reclamando más impuestos porque no les llega; tampoco llega a los españoles.

¿Para cuándo la reducción de gasto?

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