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EDITORIAL

El Rey y la vigencia actual de un discurso histórico

La intervención del monarca situó taxativamente fuera del orden constitucional y de la democracia a los que trataban de romper la unidad de España.

El discurso de Felipe VI a la Nación cuando las fuerzas separatistas y el gobierno regional catalán perpetraban su intento de golpe de Estado hace ahora cinco años fue el principio del fin de la operación secesionista.

Las palabras del rey a todos los españoles y, muy especialmente, a los catalanes no nacionalistas, despejaron definitivamente la brumosa confusión de intereses, sobreentendidos y vacilaciones que, hasta ese momento, había permitido a las fuerzas separatistas atribuirse una inadmisible legitimidad. La solemne intervención del monarca en un momento tan decisivo situó taxativamente fuera del orden constitucional y de la democracia a los que trataban de romper la unidad de España confiando en su impunidad y supuso también un aldabonazo de enorme proyección internacional.

A este respecto, no podemos olvidar que la intervención del rey en la noche de aquel 3 de octubre tuvo lugar a pesar del Gobierno y del principal partido de la oposición, completamente desbordados por una situación que ellos mismos habían contribuido a crear y dispuestos vergonzosamente a pastelear con los separatistas una salida de la crisis que, por otra parte, la política de hechos consumados de la Generalidad había convertido ya en imposible.

El Rey situó claramente ante sus responsabilidades a las autoridades catalanas que "han menospreciado los afectos y los sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto de los españoles; y con su conducta irresponsable incluso pueden poner en riesgo la estabilidad económica y social de Cataluña y de toda España", lo que supuso "la culminación de un inaceptable intento de apropiación de las instituciones históricas de Cataluña". El monarca definió con firmeza a los dirigentes del gobierno regional catalán que "de una manera clara y rotunda, se han situado totalmente al margen del derecho y de la democracia. Han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional, que es el derecho de todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común".

En ese trascendental discurso, el Rey tuvo también palabras para los catalanes no independentistas a los que recordó que "no están solos, ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad del resto de los españoles, y la garantía absoluta de nuestro Estado de Derecho en la defensa de su libertad y de sus derechos", un mensaje tranquilizador y de apoyo que concitó pocos días después la presencia en las calles de Barcelona de más de un millón de catalanes en contra de la locura secesionista y en defensa de la unidad de España y la Constitución.

A cinco años vista, las palabras del Rey adquieren una trascendencia histórica. La decisión de dirigirse a todos los españoles aquella noche en uso impecable del papel moderador que le asigna la Constitución fue crucial para sostener la legalidad democrática, la legitimidad de sus instituciones y, sobre todo, el ánimo de una Nación que asistía anonadada a un golpe de Estado perpetrado en la misma cara de una clase política desleal y completamente desbordada.

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