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Pablo Planas

El curioso caso del salafista de Reus

La comunidad magrebí es un granero de votos y Badaoui controla a un nada desdeñable porcentaje del electorado. No hay más.

La comunidad magrebí es un granero de votos y Badaoui controla a un nada desdeñable porcentaje del electorado. No hay más.
Mohamed Said Badaoui con Pere Aragonés. | Archivo

Mientras las formaciones políticas españolas miran para otro lado en relación a la revuelta contra los ayatolás del Irán a causa del asesinato de Mahsa Amini por no llevar bien puesto el velo islámico (asesinato cuyas protestas han provocado una oleada de represión con cientos, si no miles de muertos), los partidos de izquierdas y separatistas se vuelcan en favor de Mohamed Said Badaoui, un ciudadano de nacionalidad marroquí de cuarenta años afincado en España desde hace treinta, al que definen como un "activista social" y contra el que el Ministerio de Interior ha emprendido un procedimiento de expulsión.

No hay un solo político catalán del "derecho a decidir" que no disponga de una foto con Badaoiu, quien sale retratado con Iceta, Aragonès, Rufián, Torra y hasta con la consejera de Igualdad y Feminismos de la Generalidad de Cataluña, la republicana Tània Verge. Según el parlamento catalán y el consistorio de Reus, localidad de residencia de esta persona, estamos ante un modelo de civismo e integración, un ciudadano ejemplar que ha sido paseado por escuelas, institutos y universidades y al que las instituciones tienen en gran estima por su papel de mediador con la comunidad musulmana. Todo un cacique, pero en el sentido positivo del término según estos políticos.

La junta de portavoces del Parlament aprobó la semana pasada una moción en contra de la expulsión de Badaoui en la que decía que "se ha implicado en actividades y dinámicas de Reus y ha hecho una importante función de cohesión social, de interacción con la comunidad magrebí y musulmana de la ciudad y de muchos otros municipios del país".

La resolución asegura que estamos ante otro caso de "represión política e islamofobia por parte del Estado español, esta vez mediante la Ley de Extranjería", que a Badaoui se le acusa sin pruebas "de un supuesto extremismo religioso y radicalismo fundamentalista" y que todo son infundios, rumores y sospechas sin fundamento. La moción contó con los votos a favor de ERC, JxCat, la CUP y la versión regional de Unidas Podemos. Vox, Ciudadanos, PP y el PSC votaron en contra. Sí, el PSC. Sin embargo, el PSC firmó en el consistorio de Reus una proclama previa a favor de Badaoui.

La otra versión es que este ciudadano ejemplar ejerce un férreo control sobre la población inmigrante musulmana de la zona, predica el salafismo y presume de radicalismo, que se opone a las iniciativas para prevenir la radicalización islamista de los jóvenes, se distingue por imponer el uso del hiyab a las escolares de familias magrebíes y aboga por que los musulmanes en España dispongan de un estatuto de ciudadanía propio y contrario al ordenamiento jurídico común. Todo un cacique, otra vez, pero en un sentido más aproximado del término.

Los defensores de Badaoui admiten que sostiene una interpretación "conservadora" del islam, que además es la que practica y difunde, pero que esa no es razón para expulsarle, precisamente a él, que es presidente de la Asociación para la Defensa de los Derechos de la Comunidad Musulmana (Adecom) y amigo de tantos políticos. Y menos tras haber solicitado la nacionalidad española tres décadas después de haber llegado a España y dos después de haber alcanzado la mayoría de edad.

Según los datos del Instituto de Estadística de Cataluña, el Idescat, de enero de 2021, los ciudadanos de procedencia marroquí forman la comunidad extranjera más nutrida de la región, con un total de 238.192 personas. Los marroquíes suponen el 19,02% del conjunto de la población extranjera residente en Cataluña, que es del 16,2%, 1.263.135 personas. Un suculento botín electoral.

Que haya más ciudadanos de origen marroquí que de países hispanoamericanos se debe a que Pujol fomentó la inmigración magrebí porque pensaba que los hispanoamericanos serían refractarios a su plan para exterminar el idioma español en Cataluña. La primera "embajada" de la Generalidad fue una "oficina de trabajo" con sedes en Rabat y Casablanca que dirigió Àngel Colom, un expresidente de ERC.

La comunidad magrebí es un granero de votos y Badaoui controla a un nada desdeñable porcentaje del electorado. No hay más. Los derechos, el respeto, la tolerancia, el progreso, la integración y la convivencia no constan en los programas de la izquierda y el catalanismo. Todo por la paz, no hay más dios que Alá.

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