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José T. Raga

Pluriempleo presidencial

Tras cuatro años del señor Sánchez al frente del gobierno, más de la mitad los ha dedicado a una actividad que cabría calificar de comercial.

Tras cuatro años del señor Sánchez al frente del gobierno, más de la mitad los ha dedicado a una actividad que cabría calificar de comercial.
Pedro Sánchez | Cordon Press

Si de algo he tenido ocasión en mi larga existencia ha sido de familiarizarme con dedicaciones, compatibilidades e incompatibilidades de los sujetos varios, en sus relaciones con la Administración o con las entidades privadas.

Por eso, traigo hoy un caso que, pese a todo, me sigue resultando extraño. Vaya por delante que tanto en la Administración como en las actividades privadas, cuando ha habido opciones para la dedicación, ha primado siempre la hoy conocida como dedicación a tiempo completo –inicialmente denominada dedicación exclusiva–.

El optante, naturalmente, el contratado o el funcionario; pero había fórmulas para incentivar tal elección. De hecho, la diferencia remunerativa fue la razón de ser de la diferenciación, pero coexistieron otras tales como que sólo los de tiempo completo/exclusiva podían aspirar a cargos representativos en unos casos, directivos en otros, que inclinaban, sin forcejeos a elegir lo preferente para el empleador, público o privado.

Que conste que esta mención no implica la menor crítica a la discriminación; eran las reglas del juego, que todos conocíamos y que incluso resultaban lógicas. Pero algo quedaba nítido: la Administración y el empresario privado preferían que la dedicación del personal adscrito lo fuera con dedicación a tiempo completo.

En sus fundamentos podían apreciarse diferencias: la dedicación exclusiva primero, y a tiempo completo después, en el Sector Público, ha tenido siempre un carácter prohibitivo per se; es decir, no se puede ejercer otra actividad pública o privada, con independencia de la intensidad laboral en lo público. En el sector privado, la pretensión era que el empleado dedicase todo su tiempo y esfuerzo a pensar en cómo mejorar su trabajo; mérito fundamental para una carrera en la empresa.

Pues bien, ¿qué más dedicación se puede esperar de un funcionario, empleado, o cargo público, que toda la que le permita su aliento, sus fuerzas y su salud, cuando este personaje ostenta la Presidencia del Gobierno? Su inteligencia, aliento y fuerzas, serán pocas para gobernar, que es para lo que ha sido elegido.

Lo extraño está en que tras cuatro años del señor Sánchez al frente del gobierno, más de la mitad los haya dedicado a una actividad que cabría calificarla de comercial, pues comercial es vender su imagen urbi et orbi –dicen que para asegurar su futuro– si no en el mercado interior, sí en ámbitos supranacionales, incluso en la Internacional Socialista, a falta de algo mejor.

Gobernar y hacerlo para el bien de España, probablemente, nunca lo haya hecho. Lo más próximo han sido sus ventas de imagen en Europa –con resultados evidentes de descrédito–; aunque, posteriormente, su presencia ha sido frecuente en Hispanoamérica y, la de Kenya y Sudáfrica, que permanecerá en nuestras mentes avergonzadas. Su confusión entre Kenya y Senegal destrozó cualquier esperanza positiva.

Recomendación: antes de viajar, conviene señalar en un mapa el lugar al que nos dirigimos; así, habría comprobado que Kenya está en la costa Este y Senegal en la costa Oeste del continente africano. ¡Como para confundirlos!

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